Los ojos, la voluntad y la actitud en la investigación consiguen encontrar lo que hace la diferencia entre salud y enfermedad. Una anomalía cromosómica, alteraciones en el núcleo celular que bloquean el correcto funcionamiento de un órgano y tantas otras pistas que hoy en día ya permiten ver claramente los caminos de infinitas patologías y, con ellas, las formas de prevenirlas y curar, están en manos de la investigación. Y en los efectos colaterales, el cuidado de los síntomas, las secuelas de las enfermedades y la previsión de complicaciones existe, también, cada vez más evidencia científica de protocolos de actuación. Y es la enfermería quien lidera la mirada, la voluntad y la actitud en esta investigación, la que hace mejorar el cuidado y los cuidados de los pacientes.

El pasado mes de junio, la Cátedra UB-COIB premió al enfermero Jordi Adamuz por una publicación, en BMJ Open, sobre el impacto del trabajo de las enfermeras en el sistema sanitario. Él es el primero que firma un estudio realizado por un equipo de diez enfermeras y un médico que midió hasta qué punto la detección y la prevención de complicaciones evitables a partir de la atención a las constantes vitales de una persona hospitalizada pueden salvarle la vida.

Algoritmos que avisan

El mástil de esta investigación fue la utilización de una herramienta, el sistema VIDA (Vigilancia e Identificación del Deterioro Agudo), impulsado por el Institut Català de la Salut (ICS) y desarrollado conjuntamente por el ICS y IDIBELL, que es capaz de detectar y prevenir las complicaciones evitables, los traslados a la UCI y la mortalidad intrahospitalaria. Lo hace mediante un algoritmo adaptado de forma local en cada uno de los ocho hospitales del ICS. Funciona con monitores portátiles multiparamétricos, que miden las constantes vitales del paciente, como la tensión, y se abocan en un sistema informático en el que unos algoritmos los clasifican, por lo que las enfermeras lo leen traducido a una escala de colores que diferencian los niveles de riesgo.

Este proyecto, de ámbito internacional, fue desarrollado y liderado en Cataluña por Maria Eulàlia Juvé, jefe del grupo de IDIBELL y adjunta de hospitales en la Dirección de Cuidados del ICS. Es un sistema que identifica de forma precoz el riesgo de deterioro agudo mediante un sistema de puntuación y un algoritmo de decisión resultantes de la monitorización del paciente. Este sistema se implementó por primera vez en 2013 y, actualmente, se utiliza a diario para ayudar a la toma de decisiones clínicas en los pacientes ingresados ​​en los hospitales del ICS.

En 2021, Jordi Adamuz, con el Grupo de Investigación Enfermera (GRIN) del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), publicó este trabajo que ahora ha sido premiado y que demostró, no sólo que el sistema VIDA es capaz de detectar pacientes con mayores complicaciones evitables, sino que también contribuye a disminuir la mortalidad intrahospitalaria. Concretamente, la reduce hasta un 11%, según explica el enfermero e investigador.

El estudio pudo realizarse gracias a la pandemia de Covid-19, porque, desgraciadamente, el sobrecúmulo de pacientes afectados por el virus hacía imposible disponer de la monitorización mediante el sistema VIDA a todos. Por tanto, la contrariedad se aprovechó para comparar las mismas situaciones de gravedad con o sin alertas precoces de empeoramiento, una comparativa que, por cuestiones éticas, nunca se hubiera podido llevar a cabo en condiciones no excepcionales.

Adamuz es profesor asociado de la UB y responsable de Soporte a la investigación en Cuidados del Area de Calidad, Conocimiento y Metodología.

Tal y como explica Jordi Adamuz, “después de un mes de observación de unos y otros pacientes, constatamos que sí se asociaba un mayor nivel de alerta en más complicaciones. Esto no era nuevo. Pero la reducción de un 11% de la mortalidad en los casos en los que se contaba con unidades VIDA fue una sorpresa, y es un resultado muy significativo”. Demostrada así la eficiencia de la herramienta, ahora saben que, en condiciones normales, disponen de esa gran ayuda de vigilancia de complicaciones tan importantes como la muerte.
La investigación de este equipo consistió en mirar si el sistema VIDA se asocia a hechos como: el traslado a la UCI, las infecciones nosocomiales, las complicaciones evitables y la mortalidad intrahospitalaria. Estudiaron esto con una muestra de aproximadamente unos 2000 pacientes de hospitales del ICS, durante el mes de abril de 2020. En ese primer mes de pandemia, ya constataron que el 40% de los pacientes ingresados ​​por Covid tenían una complicación que, si se hubiera detectado de forma precoz, hubiera podido evitarse.

A partir de ahora, explica Jordi Adamuz, después de este premio que representa un reconocimiento de este impacto de la enfermería en la salud –dice– “seguiremos desarrollando el sistema VIDA añadiendo otros parámetros analíticos, por ejemplo, los hematócritos o la creatinina. Los tendremos en cuenta porque se ha demostrado que también son factores de prevención de complicaciones.

La imprescindible enfermería

Es una vigilancia en manos de las enfermeras que se guían por escaleras validadas. Hasta entonces –dicen los autores del estudio– sólo un artículo publicado, realizado en otro país, había mostrado el impacto de este ‘alertador’ de complicaciones, a partir de las constantes vitales de una persona hospitalizada.

Esto también demuestra que “mejorar la calidad en la asistencia al enfermo garantizando la seguridad de los cuidados tiene que ver con qué cuidados damos las enfermeras y con qué investigación hacemos para mejorarlas”, precisa Adamuz. «Trabajamos en el registro y seguimiento que hacemos de los cuidados, y esta es la manera de garantizar que todo lo que ofrecemos a los enfermos contribuye a su mejora, porque hay una evidencia científica detrás», añade el enfermero del Hospital de Bellvitge.

Adamuz es profesor asociado de la UB y responsable de Apoyo a la Investigación en Cuidados del Área de Calidad, Conocimiento y Metodología. La enfermera adjunta de esta área es Maribel González-Samartino, que es igualmente profesora asociada de la UB y también participó en el trabajo, presentado como: Risk of acute deterioration and care complexity individual factors associated with health outcomes in hospitalised patients with COVID-19: a multicentre cohort study.

Adamuz es el enfermero referente del Grupo de investigación enfermera GRIN IDIBELL, uno de los primeros equipos acreditados por la Agencia de Gestión de Ayudas Universitarias y de Investigación (AGAUR), y uno de los primeros grupos de investigación de enfermería de todo el Estado. Lo componen ahora mismo 43 enfermeras vinculadas a los Hospitales de Bellvitge, Viladecans, el ICO de L’Hospitalet de Llobregat y la UB. Su investigación plantea proyectos de mejora en todos los ámbitos.

«Cada cuánto conviene mirar la tensión o, en caso de detectar fiebre, poder empezar a realizar el tratamiento que corresponda, todo esto sale de la investigación, porque otras enfermeras, y también médicos han investigado», explican los investigadores de enfermería. “Y buscas fuentes de dónde nutrirte, porque los cuidados integrales no sólo quiere decir la intervención sanitaria en el hospital, sino también saber cómo afronta la persona enferma esa nueva situación de salud, un nuevo dispositivo. No sólo nos abastecemos de la ciencia médica y enfermera, sino que cogemos también de la psicología, la sociología, la antropología, porque hablamos de cuidados globales, cuidados en salud”, puntualiza Jordi Adamuz.

La investigación de las enfermeras

Como enfermero referente en investigación, apoya a cualquier profesional que quiere realizar investigación, al personal adscrito a la dirección de enfermería, también al investigador que ya tiene datos o a quien necesita escribir un artículo científico. Reconoce que como estudiante de enfermería, «me veía en la primaria, porque me gusta mucho la educación en la salud». Al empezar a trabajar en la unidad de enfermedades infecciosas con Jordi Carratalà, hubo una vacante de investigación Y, aunque él venía de la diplomatura, empezó a recoger datos de pacientes con neumonía y a ayudar a escribir artículos científicos. Alternaba el trabajo de enfermero de investigación entre semana y el fin de semana trabajaba con su función enfermera asistencial, también en infecciosos. «Me di cuenta de que las enfermeras teníamos un amplio campo para investigar», expresa. Tiene muy presente que los pacientes tienen un gran desconocimiento de la misma patología, y contribuir a educar a pacientes para poder llevar mejor su recuperación después de una alta hospitalaria, siempre le ha interesado.

“La importancia de vigilar las constantes vitales para identificar el riesgo de deterioramento agudo y poder así prevenir complicaciones de los enfermos, responsabilidad de las enfermeras”. | Pol Rius

De hecho, se dijo a sí mismo que lo que quería era realizar un proyecto de educación sanitaria para ver que los pacientes que están más informados se cuidan mejor, tienen menos ingresos y menos mortalidad. Y para ello, tuvo que formarse con un máster oficial de doctorado. Sabe que un tema así, de educación sanitaria a los pacientes, no existe otro profesional que lo explique.

Es justamente la investigación de las enfermeras la que pone de relieve el papel primordial de esta profesión y la necesidad de combatir el problema crónico de la falta de enfermeras. Y el estudio por el que Jordi Adamuz ha sido premiado es un ejemplo de la relevancia de la intervención de la enfermería en la atención a paciente. La importancia de vigilar las constantes vitales para identificar el riesgo de deterioro agudo y poder así prevenir complicaciones de los enfermos, responsabilidad de las enfermeras, lo pone de manifiesto.

La cátedra del Colegio de Enfermeras y la UB creó el premio que ahora ha recibido Adamuz por hacer difusión de las mejores investigaciones realizadas por enfermeras. “Como colectivo, nuestro objetivo es que la sociedad tenga conciencia de la investigación que hacemos y de las responsabilidades que tenemos definidas, las competencias que de forma autónoma tenemos, sin necesidad de que nos prescriban otros profesionales”, puntualiza la enfermera Maribel González-Samartino. “Nosotros, las enfermeras, trabajamos en equipo, pero tenemos competencias en las que somos responsables del resultado de salud en el paciente. La educación sanitaria, el manejo de procesos como una traqueotomía, los cuidados en casa. Cómo el enfermo maneja un dispositivo en casa, no hay ningún profesional de la salud que se lo enseñe más que el enfermero. Somos quienes hacemos la educación sanitaria.

Tanto Adamuz como González están de acuerdo en que las actuales generaciones de enfermeras ya no ven a la enfermera como ayudante del médico, aunque todavía hay muy pocos puestos de responsabilidad ocupados por enfermeras, y por mujeres, en general.

Ratios de enfermeras

Otra línea de investigación que desean desarrollar, según explican, es cómo “a través de la inteligencia artificial poder crear un mapa para las enfermeras gestoras que recomiende las ratios y la distribución de las enfermeras en función de cada contexto hospitalario. Que sea fácil, muy visual, para poder orientar de forma rápida cómo distribuir las tres enfermeras de las que dispongo –pongamos por caso– con el panorama que tengo”, expone Jordi Adamuz.

El enfermero Jordi Adamuz y la enfermera Maribel González-Samartino, parte del equipo de trabajo premiado sobre el impacto del trabajo de las infermeras en el sistema sanitario.

Por ahora, ambos consideran muy positivo que la sociedad vea a la enfermería como una buena salida profesional y creen que estas nuevas promociones están ayudando a cambiar la imagen de la profesión, que todavía –piensan– irá cambiando más.

En una sociedad cada vez más demandante de profesionales sanitarios, la enfermería será también una de las profesiones con mayor reclamo en el futuro, porque ahora ya lo es. Tal y como explica Jordi Adamuz, «en la UB ya se han abierto nuevas líneas de estudio de enfermería». Está claro que, entre cubrir las bajas por jubilaciones, las que se marchan al extranjero por los sueldos más altos fuera y las que abandonan por las condiciones que encuentran en el mundo laboral, no hay suficientes enfermeras.

“Ahora que se hacen diálisis hasta el final de la vida, trasplantes de corazón y renales a pacientes cada vez más mayores y el grueso de gente que envejece, la demanda social de enfermeras es cada vez mayor”, expone Maribel González-Samartino. Un contexto complejo y creciente que debe concienciarnos más sobre la necesidad de fortalecer y valorar la profesión que tiene nuestros cuidados en sus manos.

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1 comentario

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