La historia de Belén López es la de las mujeres trabajadoras que no tenían pensado liderar nada, pero que han acabado por transformar mucho. Su llegada a la secretaría general de Comisiones Obreras (CCOO) de Catalunya no es un punto de partida, sino el resultado de décadas de luchas, silencios rotos y liderazgos colectivos. Es también la síntesis de un sindicalismo nuevo: feminista, humano, alegre y combativo.
- Orígenes: clase y comunidad
Nacida en una colonia industrial en Les Masies de Voltregà, en la Catalunya interior, López creció en medio de la inmigración gallega, en una fundición de cobre, al final del franquismo, y donde los únicos derechos laborales eran los que concedía el patrón. Esa infancia en un entorno fabril marcó su mirada. Aunque no viniera de una tradición sindical propiamente dicha, el entorno estaba impregnado de una fuerte conciencia social que las mujeres le transmitieron con naturalidad. Allí aprendió que cuidar, resistir y organizarse no eran palabras abstractas, sino una forma de vivir.
Fue la primera universitaria de su familia. Estudió Ciencias Políticas en la UAB gracias a las becas públicas, y pronto combinó los estudios con voluntariados en residencias de personas mayores, colectivos de personas migradas, drogodependientes y mujeres en situación de prostitución. También trabajó como profesora de Formación y Orientación Laboral en el Instituto Vallvera de Salt, donde tuvo un primer contacto directo con la realidad educativa y las inquietudes laborales de muchos jóvenes de distintos contextos. Para Belén López, el compromiso nunca ha sido una opción: forma parte de su identidad. Una vocación que nace desde el contacto humano y directo con las formas de precariedad más invisibles.
- Hija del sindicato: aprender para transformar
En 2002 se afilió a CCOO y empezó a trabajar como asesora laboral, atendiendo a personas trabajadoras sin representación sindical. Con cada caso que escuchaba, iba tejiendo una idea de sindicalismo empático, feminista y vivo. Allí se dio cuenta de que venía a mirar de cara a los abusos laborales y a entender las condiciones de vida de quien no tiene voz. Y esto es exactamente lo que hizo.
Mi primer recuerdo de Belén López es de esos que quedan grabados sin saber muy bien por qué. Una rueda de prensa en Girona, en tiempos de Bartomeu Compte, entonces secretario general de CCOO en las comarcas gerundenses. Ella no intervenía. Estaba cerca de nosotros, los periodistas, con una pose seria, casi distante. Observaba en silencio, con una intensidad que no es fingida y que le he visto otras veces.
Años después he entendido que esa mujer estaba haciendo un intensivo sobre cómo funcionaba el mecanismo. Entonces ya había asumido responsabilidades en el sindicato: responsable de acción joven, de formación sindical, de organización y finanzas, de la mujer o en la federación de educación. Y no tardaría mucho en dar un paso adelante más.
Unos días después de esa rueda de prensa la volví a ver en otro escenario: el 1 de Mayo. En esa ocasión no observaba. Las trabajadoras del sector de la limpieza estaban en huelga. Esa vez abría paso, gritaba consignas, reía. Era ella quien cogía el megáfono también durante un 8 de marzo para hacer vibrar la calle entre risas y ritmos de batucada. López no sólo daba voz a sus compañeras: les daba alegría y las animaba a participar convertida en una más.
- Feminismo obrero: la revolución con megáfono
López no entiende el sindicalismo sin feminismo. Para ella, son las dos caras de una misma lucha por la igualdad. Cuando toma el megáfono, no lo hace sólo para exigir derechos; lo hace para construir comunidad. Para romper con la imagen de un sindicalismo gris, serio y que sólo sabe quejarse. Lo dice claro: el sindicalismo también debe saber ofrecer alternativas, aunque cueste más explicarlas. No se trata sólo de sobrevivir: se trata de vivir mejor.
Este espíritu lo ha demostrado en las calles, en las asambleas, en los medios y, sobre todo, en su forma de liderar. También ha estado implicada en el movimiento feminista en las comarcas gerundenses y contribuyó a la creación de la Plataforma Feminista de Girona, espacio desde el que ha fortalecido alianzas entre colectivos y ha impulsado alguna de las movilizaciones históricas más importantes en torno al 8M.
Cuando asumió la secretaría general de CCOO en las comarcas gerundenses, lo hizo sin aspavientos ni protagonismos personales. Escuchando. Haciendo equipo. Compartiendo liderazgos. Poniendo en el centro la vida de la gente que representa.
- El momento actual: liderar desde la periferia
La semana pasada, López fue elegida secretaria general de CCOO de Catalunya con un 98,1% de apoyo. Un hecho histórico. No sólo por ser la primera mujer al frente del sindicato, sino también por venir de un entorno obrero fuera de Barcelona. Su liderazgo no es carismático en el sentido clásico: es transformador. Porque propone una mirada nueva, construida con empatía, rigor y proximidad.
En su discurso de toma de posesión, en el Palau de Congressos de Barcelona, no habló de tecnicismos ni de grandes cifras. Habló de nuevos pactos sociales, de reorganizar el tiempo, de vidas precarizadas, del peligro que supone seguir invisibilizando el trabajo de los cuidados. Denunció la avaricia de los multimillonarios y la nostalgia de aquellos que añoran las jerarquías de siempre. Y defendió con claridad que «para unos, el tiempo es oro; pero para nosotras [las mujeres], el tiempo es vida».
Su tono fue valiente, irónico y vital. Defendió una batalla ideológica para reducir la jornada laboral sin reducir los salarios. Porque —dijo— hay margen económico. Lo que falta es voluntad política. Y el sindicalismo debe ser motor de ese cambio.
- Objetivos: vivir y luchar con sentido
La historia de López no es una historia individual. Es la historia de tantas mujeres que han sostenido barrios, fábricas, escuelas y hogares sin reconocimiento alguno. Ella representa esa genealogía. Pero también abre una puerta: la de un sindicalismo que no se limita a resistir, sino que propone. Que no sólo se enoja, sino que construye. Que no sólo denuncia, sino que imagina.
López no viene a salvar al sindicalismo. Viene a devolverle el sentido. Viene de lejos, de abajo, comparte mirada con las mujeres que limpiaban casas de otros para que sus hijas pudieran ir a la universidad. Y lo hace con una sonrisa que no esconde la lucha, sino que la sostiene.
Hay quien sueña con cambiar el mundo desde la rabia. López prefiere hacerlo desde la vida vivida. Desde el feminismo, la clase y la alegría.

