Yo no quería ser enfermera, pero después de 35 años de ejercicio profesional puedo decir que no podría haber elegido nada mejor para dedicarme. El mundo visto a través de los ojos de una enfermera es distinto, y esta mirada diferente te posiciona de manera particular en la sociedad, porque formamos parte de la historia de vida de las personas. Todo el mundo tendrá contacto con una enfermera en algún momento a lo largo de su vida.
Cuando hablo de ser enfermera hablo de estar al lado del vulnerable y del sufrimiento, pero sobre todo hablo de reivindicar la alegría como fortaleza de vida. De defenderla como una trinchera, que dice Benedetti.
Hablo de tomar conciencia del poder que tiene cuidar en colectividad, de entender que no estamos solas. Hablo de la solidaridad y del apoyo mutuo entre iguales, pero también entre los diferentes como red que sostiene a las personas cuando los condicionantes sociales no son favorables.
Cuando hablo de ser enfermera hablo de incorporar en el día a día la ternura radical como respuesta transgresora al sistema que castiga la fragilidad, donde la ternura se convierte en un acto de rebeldía. La ternura, que muchas veces menospreciamos dentro de nuestra profesión, pero que, nos guste o no, es uno de los valores que tenemos como enfermeras.
Hablo de los vínculos y de la gratitud de los pacientes como factor de protección de los profesionales y como ejercicio de pedagogía. Cuando os agradezcan vuestro trabajo aprovechad para explicar qué habéis aportado para que se dé este agradecimiento. Quizás son las charlas mantenidas, los consejos de salud que habéis dado o el acompañamiento en la toma de decisiones y el afrontamiento de situaciones complejas.
Hablo de liderar proyectos para construir conocimiento y dotar de evidencia las actividades que desarrollamos como enfermeras. Estos proyectos que deben dar respuesta a necesidades de la población o de la comunidad para y con la que trabajáis y que hay que evaluar para conocer si mejoran la vida de las personas.
Cuando hablo de ser enfermera, hablo de compartir conocimiento, como han hecho durante estos dos años vuestras tutoras y el resto de profesionales que han colaborado en vuestra formación. Esto a veces no es fácil, podemos encontrar contradicciones entre lo que pensamos, lo que hacemos y lo que nos piden que hagamos. Nos puede crear sentimientos muy ambivalentes, pero es sin lugar a dudas parte de la esencia de nuestra profesión, una profesión que debe convertirse en oficio. Un oficio que en muchas ocasiones es invisible pero esencial.
Cuando hablo de ser enfermera hablo de ocupar espacios donde tradicionalmente no había enfermeras sino de otras disciplinas y en los que, afortunadamente, ahora tenéis referentes con los que poder reflejaros.
La participación activa de las enfermeras en procesos en los que se toman decisiones es una necesidad. Y también es necesario ocupar espacios desde la base, porque es importante que expliquéis lo que hacéis cada día en vuestros lugares de trabajo, porque si no lo hacéis vosotros otro lo hará en vuestro lugar. La política juega un papel decisivo en la distribución de los recursos sanitarios, la regulación de las prácticas profesionales y la definición de las prioridades en salud, las enfermeras deben poder tener voz en estos espacios dado que, recordad, formamos parte de la historia de vida de las personas.
¿De qué hablo cuando hablo de ser enfermera especialista en atención familiar y comunitaria? pues hablo de formar y sentirse parte de una comunidad, de un barrio, y el mío es: el Raval.
Hablo del compromiso por detectar personas, grupos o comunidades que están en situación de vulnerabilidad. De la capacidad que tenemos, desde nuestra posición, para abogar por los derechos de estas personas y de defender políticas y prácticas que sean justas y socialmente equitativas para disminuir las desigualdades. Los problemas de las personas pasan por nuestras consultas en forma de insomnio, picos hipertensivos o crisis de ansiedad, y los del barrio los vemos de forma más palpable cuando realizamos los domicilios. Somos el único dispositivo por el que pasan todas las vecinas sin distinción de género, edad ni nacionalidad.
Ser enfermera especialista en atención familiar y comunitaria es luchar por un equipamiento digno, es saber que sólo el barrio salva la primaria, ya que sin él no tenemos sentido, es luchar por la vivienda y hacer informes de vulnerabilidad para poder aplazar un desahucio. Es salir un mediodía en horario de sesión a hacer la paella en el ágora de Juan Andrés, espacio libertario del barrio para escuchar los malestares de las vecinas de primera mano. Es participar en ruedas de prensa para disminuir las desigualdades de la población. En definitiva, es entender que la salud está principalmente en el barrio y que debo posicionarme junto a lo beneficioso para las vecinas, desde la consulta y desde los domicilios, pero sobre todo desde la comunidad. Cuando hablo de lo que es ser enfermera especialista en AFiC hablo de todo esto.
Hoy os despedimos con los mejores deseos para todas vosotras, tenéis el privilegio y el deber de mejorar la vida de las personas y de las comunidades en las que trabajaréis. Cada acción, por pequeña que sea, contribuye a construir una sociedad más justa y equitativa. Sentiros afortunadas por lo que esto representa. ¡Disfrutad!
Agradeced cada momento, cada sonrisa y cada palabra de ánimo que recibáis de vuestros pacientes. Es ese reconocimiento el que nos impulsa a seguir adelante, a superar las dificultades. Y recordad que ser enfermera especialista en AFiC es sentir un compromiso profundo con la comunidad.
Gracias por vuestra dedicación, por vuestra pasión y por ser el pilar fundamental de nuestro sistema de salud. Hoy, os aliento a seguir adelante, orgullosas del trabajo que realizáis y del impacto positivo que generáis en vuestro entorno.

