Su recordatorio dice: «Aunque nada nos devuelva el tiempo del esplendor en la hierba y la gloria en las flores, no nos quedemos en la tristeza: encontremos fuerza en aquello que aún nos acompaña». William Wordsworth. La imagen es la fotografía de un hombre a lomos de su caballo a contraluz del crepúsculo, que ilumina el camino de cipreses que conduce a su masía del Empordà. Es la silueta de Enric Canals i Cussó (Tiana, 26/04/1962 – Barcelona, 18/10/2025). Durante su funeral, Canals se despide con otra fotografía en una pantalla. El jinete saluda con su sombrero en la mano y cabalga hacia el horizonte. Con música de far west de fondo, fue un final idéntico al del cowboy que, terminada la tarea y cumplido su deber, parte solitario hacia algún otro lugar. Es el viaje que redactó él mismo y que llegó por WhatsApp: «Enric ha comenzado un largo viaje. En el momento de partir, ha tenido un recuerdo para todos sus amigos, entre los cuales tú ocupas un lugar preferente». Firmaban su mujer Imma, su hijo Enric y su hija Sara.
Y de nuevo, vuelve a la memoria el poema que dice: «Mi vida es un transcurrir de muertes amigas». Ahora se ha ido Canals, el periodista que más trabajo escrito y televisado ha hecho para recuperar y conservar la memoria de este país, cuando todavía no se hablaba de memoria histórica ni de memoria democrática. Los títulos de algunas de sus series documentales de TV3 y Catalunya Ràdio lo sugieren: ¿Te acuerdas?, Los días que cambiaron nuestra vida, Aquel tiempo, aquel país, Los olvidados de la Línea Maginot… Y también libros como Tarradellas, el guardián de la memoria, Delatores: la justicia de Franco, Bajo Control: actividades contra el Régimen, Pujol Catalunya. El consejo de guerra a Jordi Pujol… Canals también fue encarcelado por luchar contra la dictadura franquista.
Hijo de exiliado y presidio, de casa humilde, fue un chico para todo como pescadero, para ayudar a la familia. Con certificado oficial de pobreza, pudo estudiar Medicina en Barcelona, hasta que alguna idea fija lo llevó al periodismo. Empezó en el Diario de Barcelona y en Ràdio Barcelona, pasó a la primera redacción de El País en Cataluña y fue fundador y director de TV3. Allí, aquel joven tan alto se convertirá en un grande de la historia de las televisiones de Cataluña, Andorra y Baleares, que algún día será estudiado con profundidad en las universidades de periodismo y comunicación. También fue profesor de audiovisuales en la Universidad Ramon Llull. E hizo la televisión más moderna y creativa de Cataluña y España. Primera lección sobre las audiencias: «Mira, chaval, si ponemos una caca, vienen moscas. Si ponemos más caca vendrán más moscas. Nosotros no queremos ni cacas ni moscas».
Se trataba de informar, formar y entretener. El lema de la BBC cuando TV3 fue como la BBC. Moderna, ágil y con sabor norteamericano. Sentimentalmente ligada a la audiencia, consiguió que los catalanes la llamáramos «La nuestra». Como los documentales de su productora Mercury. «Trabajo, trabajo y trabajo, chaval.» Contra las dificultades y las penas, «más trabajo». Su capacidad para formar equipos bien cohesionados era una de sus mejores virtudes. Hacía como el admirado presidente Kennedy: «No me importa con quién van a la cama, ni qué piensen ni qué voten. Solo quiero a los mejores». Solo hay que mirar la nómina de aquellos tiempos y los nombres de los profesionales que salieron de su cuadra. Sea dicho en el sentido más digno de cuadra, porque su gran pasión fueron los caballos. «Chaval, haz las maletas que nos vamos a la Feria Mipcom de Cannes, el mercado audiovisual más grande del mundo.» Después, semanas en Madrid revisando los archivos del NO-DO para hacer más documentals.
Para relajarse, «la semana que viene toca vendimiar y paella». Los vendimiadores, amigos urbanitas del mundo televisivo que no sabían ni qué es una cepa. La paella, casi al atardecer. Con su mujer regentaron una casa pionera del turismo rural. Estudiando y trabajando en y para Andorra, le concedieron la nacionalidad andorrana. Su labor como cargo de confianza política fue la de director general de difusión de la Generalitat y director del área audiovisual del Instituto Ramon Llull. Ningún problema, ningún escándalo, casi ninguna crítica negativa. Su inteligencia seducía. Su sentido del humor era omnipresente. Coleccionaba chistes. Se despidió de la familia y del equipo médico haciendo bromas y con buen humor. Entre sus últimas palabras: «He vivido feliz y hasta aquí hemos llegado».
