A veces son responsables de empresas públicas o privadas, de instituciones diversas, de bibliotecas, de ayuntamientos e incluso de escuelas. Y así nos encontramos con una gran cantidad de concursos destinados a los niños. Los más numerosos son los de dibujo: dibuja tu madre, dibuja tus sueños, dibuja tu mascota, haz una postal de Navidad … Todo esto según la fiesta que se acerca o según los intereses de la entidad organizadora.
También encontramos muchos concursos de escritura para elegir el mejor cuento, el mejor micro-relato o la mejor poesía. También están los concursos de lectura en voz alta, de recitación y declamación. También los destinados a pequeños cocineros donde se les pide hacer un pastel o una ensalada o un bocadillo «divertido».
Además de todo esto están los concursos de pintura, de pintura rápida, de puntos de libro, de fotografía, de teatro, de tocar instrumentos, de canciones, de vídeos, de playback, de carteles, de hacer objetos con material para reciclar…
Quien organiza estos concursos supongo que pone buenas intenciones y ganas de hacer participar a los niños. A veces las exposiciones previas o posteriores a los concursos son bien interesantes porque se pueden ver trabajos bellos y atractivos. Pero, nos hemos parado a pensar que supone para los niños participar en un concurso, para el que gana y para el que no gana? Tanto para unos como para los otros hay consecuencias relativas a la autoestima, a la autoimagen, la valoración del esfuerzo, el sentido de la justicia … que pueden tener un largo recorrido.
Mucha gente piensa que así es la vida y que está bien que los pequeños lo hacen a menudo lo antes posible pero, de verdad que los queremos educar para un mundo competitivo? No sería mejor educar para la colaboración y la cooperación? No sería mejor idear actividades participativas que promuevan el trabajo en equipo y el juego en común?
A una de las escuelas públicas de Mallorca donde he trabajado, el claustro había tomado un acuerdo por unanimidad que decía: «Esta escuela no participa en concursos». Así, cuando llegaba el anuncio de cualquier concurso, se iba directamente a la papelera. Con esta medida tan sencilla crearon una conciencia crítica entre las familias, el ayuntamiento y las asociaciones del pueblo y los concursos dejaron de tener presencia en ese entorno. Fueron ser sustituidos por actividades sin ganadores ni perdedores, para exposiciones sin premios y para juegos no competitivos. Creo que es un ejemplo a imitar.

