
El psicólogo Marc Masip, fundador del Institut Psicològic Desconect@, asegura que antes de los 16 años ningún adolescente debería tener un teléfono inteligente. La realidad, sin embargo, es que la mayoría de nuestros hijos e hijas ya disponen de un teléfono en el instituto, a los 11 o 12 años, si no antes.
En estas edades los niños no tienen el cerebro bastante desarrollado, y es más sencillo que desarrollen adicciones y malos hábitos. Ya empezamos a ver en demasiadas familias las consecuencias demoledoras de lo que se inició como un inocente entretenimiento. La tecnología nos abre un mundo de posibilidades, pero también de peligros.

