Cataluña hace años que arrastra un déficit crónico de profesionales de enfermería, y con la pandemia de la Covid-19 se ha hecho más evidente que nunca la necesidad de aumentar las ratios de enfermeras por paciente. En el territorio catalán hay una ratio de 6,2 enfermeras por cada mil habitantes y en el conjunto de España la ratio es de 5,9 -según un informe del 2018-, mientras que la media de los países de la OCDE se sitúa en torno a 8,8. España únicamente supera las ratios de Turquía, Polonia, México, Letonia, Israel, Grecia y Chile.
«Históricamente, España no ha sido un país que apostara por la promoción y el empoderamiento de la enfermera dentro del sistema sanitario. Hemos tenido un concepto de salud muy vinculado al médico como centro de la atención del paciente, con el resto de profesionales a su entorno. Pero realmente el centro de la asistencia debería ser el paciente y el resto de profesionales, en igualdad de condiciones, estamos para mejorar su salud y promocionar la prevención de enfermedades crónicas», destaca Esther Rodríguez, vicepresidenta del sindicato Infermeres de Catalunya. «Al final, quien más sufre las consecuencias de tener ratios bajas de enfermeras es la población», añade.
Y es que la evidencia científica demuestra que la falta de enfermeras tiene un impacto directo en los pacientes y la atención que se les da. Según un informe publicado recientemente en The Lancet, aquellos sistemas sanitarios con un mayor número de personal de enfermería tienen una menor tasa de mortalidad por coronavirus. El estudio muestra que las muertes por coronavirus en los sistemas sanitarios que tienen más de 6.000 enfermeras por millón de habitantes es cuatro veces inferior a los que tienen entre 3.000 y 6.000. Según los datos del Ministerio de Sanidad, España cuenta con un total de 182.000 enfermeros y enfermeras, lo que da una relación de 3.845 facultativos por millón de habitantes.
«Si una enfermera lleva más de 10 pacientes al mismo tiempo, esto tiene un impacto directo en la salud del paciente. No puedes vigilar bien a todos los pacientes. Muchas veces el paciente no percibe que está empeorando, por lo tanto, es muy necesaria la observación del enfermo. Si en lugar de entrar tres veces en la habitación de un paciente sólo tienes tiempo de entrar una vez, el riesgo de mortalidad y comorbilidad aumenta», señala la vicepresidenta de Infermeres de Catalunya. Y el riesgo es mayor, dice, en fines de semana y festivos, donde todavía hay menos enfermeras trabajando.
La pandemia: un punto de inflexión
Aparte del impacto directo que tiene la falta de enfermeras en la salud de los pacientes, el déficit de personal de enfermería se traduce en una mayor sobrecarga y más estrés laboral para las profesionales. Y en situaciones donde se produce un aumento de la demanda asistencial, como es el caso de la pandemia de la Covid-19, la situación se agrava.
«Con la pandemia la situación ha empeorado muchísimo. Si ya estaba al límite la capacidad asistencial de las enfermeras, esto nos ha llevado a una situación insostenible», destaca Esther Rodríguez. «El virus ha demostrado que el sistema tiene unas carencias brutales», añade.
Según la presidenta del Col·legi Oficial d’Infermeres i Infermers de Catalunya (COIB), Paola Galbany, la pandemia ha acelerado una situación que se arrastraba desde hacía tiempo. «Hace años que decimos que faltan enfermeras en el sistema; esta llamada no se había atendido y, de repente, nos ha venido la pandemia encima y no tenemos las enfermeras que faltan. La Covid ha acelerado una situación que se podría haber producido en unos tres o quatro años». Por Galbany, quien asegura la calidad del sistema son sus profesionales, que están trabajando en unas condiciones muy complejas y con una gran carga de trabajo debido a las ineficiencias del sistema.
La vicepresidenta de Infermeres de Catalunya destaca que es especialmente preocupante la situación que está sufriendo la atención primaria durante la segunda ola de la Covid-19. «La primaria está absorbiendo la mayor parte de los pacientes de coronavirus, además de llevar a cabo todas las funciones habituales, como el control de los pacientes con enfermedad crónica. Los profesionales están intentando mantener la actividad habitual, pero la Covid-19 acapara el 90% de sus esfuerzos», afirma. «En dos o tres años veremos los efectos de la pandemia en los pacientes crónicos, que serán devastadores», apunta.
Esta segunda ola de la pandemia está teniendo un gran impacto en la salud mental de los profesionales. «Estamos muy cansadas, no hemos podido desconectar en ningún momento, porque sabíamos lo que vendría este otoño. El verano tampoco fue una pausa en absoluto, al contrario», explica Rodríguez.

Emigrar para encontrar unas mejores condiciones laborales
La sobrecarga de trabajo de las enfermeras se suma a unos contratos precarios y e inestables. «Las enfermeras se encuentran en un mercado laboral que las contrata de mes en mes, por días o, incluso, por horas, en servicios y con rotaciones diversas. Esto provoca un desgaste personal de las profesionales y se encuentran en la tesitura de decidir si se quedan trabajando con estas condiciones o deciden cambiar de institución o emigrar al extranjero, donde pueden tener unas mejores condiciones laborales», explica Galbany.
El segundo es el caso de Núria Mora, una enfermera catalana que trabaja en Londres desde hace casi ocho años. Ella decidió irse a trabajar al extranjero porque no veía oportunidades de futuro en Cataluña. «La enfermería es una profesión muy vocacional, cuando sales de la carrera estás motivada, con muchísimas ganas de ayudar y de trabajar. Pero entonces te encuentras con contratos muy precarios. Te ofrecen contratos de sustituciones, por días, por semanas y, si tienes suerte, por pocos meses», relata. Después de un tiempo trabajando en Barcelona con contratos inestables se quedó sin trabajo y volvió a Lleida, a casa de sus padres. «Allí trabajé en una tienda de ropa interior donde me ofrecieron un mejor contrato que trabajando de enfermera», explica.
En 2012 decidió hacer las maletas e irse a trabajar en Londres, donde llovían las ofertas para enfermeras catalanas. Después de hacer una entrevista, la cogieron en un hospital ofreciéndole un contrato indefinido, un mejor salario y, por tanto, una mayor estabilidad. «En Cataluña nos forman muy bien, pero con las condiciones que nos ofrecen nos echan. Al final, es una mala inversión del Estado», dice.
El año 2019 se fueron 425 enfermeras de España a trabajar en el extranjero. Y hace pocos años, las cifras eran aún más preocupantes. En el año 2012 se fueron 1.132 enfermeras, en 2013, 2.792, y en 2014, 2.786. «El talento que se pierde es muy difícil de recuperar. A menudo no se recupera hasta que te encuentras con la necesidad imperiosa de tener más personal, que es lo que está pasando ahora», señala Galbany. «Las enfermeras que se quedan lo hacen trabajando con unas condiciones muy complejas, porque son menos y asumen las funciones de las que se han ido. Unas funciones que las van sobrecargando con el tiempo. Por ello, muchas acaban abandonando la profesión, porque la carga de trabajo es elevadísima», destaca.
Según explica Esther Rodríguez, a las enfermeras catalanas «se las rifan» en el extranjero. «Tienen muchísimas ofertas, porque la formación en Cataluña es muy buena. Y encima te dan continuidad laboral, unas condiciones laborales y salariales mejores… te lo facilitan todo para que puedas irte», señala.
Aparte de unas mejoras condiciones laborales, Núria explica que en Londres cuenta con una formación continuada y tiene la oportunidad de crecer profesionalmente. «Me siento muy valorada aquí. Te hacen tener ganas de progresar, de estudiar, de ser mejor profesional. Y eso te motiva, porque valoran tu trabajo y te ofrecen un contacto de acuerdo con su formación», explica.
Pero a pesar de todas las ventajas que ofrece trabajar en el extranjero, los profesionales que emigran echan de menos su casa, la familia y los amigos. «Todos los españoles que vivimos aquí tenemos la sensación de que Londres es transitorio, que estamos de paso». Con la pandemia, dice, esta añoranza se ha intensificado. «En momentos como este te das cuenta que quieres estar más cerca de tu familia».
Volver, sin embargo, supone asumir la realidad. «Si vuelvo lo haré sabiendo que las condiciones laborales que tendré serán malas. Sé que no se me valorará ni por mi formación, ni por mi currículum ni por mis conocimientos», dice. «Y con el sueldo que ofrecen en Cataluña y la inestabilidad laboral, ¿como podré tener una casa o comprarme un coche?», se pregunta. Según ella, la Covid-19 ha señalado las consecuencias de los recortes en el sistema sanitario, unas consecuencias que nunca se han reparado.
Mayor estabilidad para favorecer el retorno
Para Esther Rodríguez, la principal solución para revertir el déficit de enfermeras, además de ampliar el volumen de oferta formativa en las universidades, es mejorar las condiciones laborales de las profesionales. «La estabilidad laboral es vital. Si tú estás ofreciendo contratos de semanas y días, las enfermeras que han salido del país no volverán. Si las profesionales se van es porque tienen unas necesidades que aquí no están cubiertas», explica. En este sentido, remarca la vocación de las enfermeras y el hecho de querer hacer el trabajo bien. «Si no puedes hacer tu trabajo bien tienes una contradicción interna, porque sabes que lo puedes hacer mejor, pero no tienes tiempo para hacerlo. Por lo tanto, para hacer atractivo el retorno de las enfermeras que se van hay que mejorar las condiciones laborales y tener sueldos dignos al nivel de la responsabilidad y formación que tenemos las enfermeras», dice.
Recientemente, el Gobierno español ha aprobado un decreto que permite a las comunidades autónomas contratar personal sanitario extracomunitario. Una medida que pretende suplir la falta de personal, pero que ha generado ciertas disconformidades entre la comunidad sanitaria. Para la vicepresidenta de Infermeres de Catalunya, Esther Rodríguez, esta medida es «peligrosa», porque los contenidos universitarios que enseñan aquí no son comparables con los de otros países. «Evidentemente que se deben tomar medidas excepcionales, pero con cabeza y cordura, y nos preocupa cómo puede afectar esto a la seguridad del paciente», expresa.
Otra de las reivindicaciones que se hace desde el colectivo de enfermeras para mejorar la profesión y el servicio que da a la sociedad es reconocer las especialidades. «Las especialidades están legisladas, pero no se implementan. El reconocimiento se debe realizar a través de una convocatoria de plazas y que sólo accedan a aquellas plazas las personas que tienen la especialidad que se pide», destaca Esther Rodríguez. En la misma línea se expresa Paola Galbany, quien apunta que «hay enfermeras especialistas trabajando de generalistas con contratos precarios». «La contratación de enfermeras debería ser adecuada a sus estudios. De este modo, mejoraríamos la calidad del servicio, para que las enfermeras estarían trabajando en su ámbito de experiencia», señala.
«Al final, todo se resume en una mayor inversión», destaca Rodríguez. «Vemos que el gobierno hace inversiones millonarias en la construcción de nuevos hospitales cuando lo que falta es personal para trabajar en estos hospitales. Por muchos hospitales y UCI que hayan, si no tienes enfermeras capacitadas para hacer una manipulación de los respiraderos, no sirve de nada». A su juicio, pues, no se está resolviendo el problema y se están haciendo unas inversiones económicas que no corresponden a las necesidades actuales. «Estamos indignadas, cansadas, desmotivadas y exhaustas», concluye.

