Las enfermeras de Catalunya acaban de estrenar el vídeo ‘Vacunar no es sólo pinchar’, en el que dan a conocer el papel primordial que han tenido y están teniendo en la campaña de vacunación contra la Covid-19. Pero en la promoción de la salud social, ellas y ellos siempre han estado ahí, son un pilar fundamental procurando la prevención de enfermedades. Las vacunas de nuestra vida, no sólo las más protagonistas ahora por la pandemia actual, todas, la enfermera las sabe. Y no sólo las prepara y administra, las enfermeras y enfermeros son el primer escalón y el último en la inmunización de la población.
Llevan el riguroso control de la administración de las barreras inmunológicas que hace que podamos hablar de una pandemia de tifus en Barcelona ubicándola tan atrás como es el año 1914. Las enfermedades como el sarampión, difteria, hepatitis, rubéola, varicela aula, difteria, poliomielitis, tosferina… enfermeras y enfermeros nos las alejan. Sus manos nos acompañan en la llegada a este mundo. Cuentan todos nuestros dedos, miran si respiramos bien y si todo nos funciona para empezar a vivir, y son también las que estrechan la mano de quien se va en el último momento, a su casa, en los equipos de los Centros de Atención Primaria (CAP), de PADES, o aplicando los cuidados paliativos en la habitación de un hospital o residencia geriátrica.
La enfermería está en todas partes. Enfermeras y enfermeros estudian, planifican, actúan e investigan. Y no puede prescindirse. En los CAP, en los hospitales, Centros de Salud Mental, prisiones, escuelas, unidades móviles de emergencia, misiones de ayuda internacional… Su dedicación diaria las va haciendo expertas en ciertas materias.
Roser Crivillé estudió enfermería en la escuela del hospital Josep Trueta de Girona. Y ya se quedó. Trabajó como enfermera en el servicio de Oftalmología durante más de 20 años. Siempre había echado de menos un reconocimiento de especialidades como la suya, atribuidas a las enfermeras que prestaban su servicio con su experiencia enfocada en aquel departamento, como cualquiera de los licenciados en Medicina especializados en Oftalmología. A nadie se le ocurriría enviar a un médico o médica experto en salud de los ojos a trabajar con el equipo de podólogos, pero en el caso de la enfermería sí podría suceder que el personal se envíe de un departamento a otro.
Sólo las comadronas tienen blindadas sus competencias y lugar específicos. De hecho, nacieron como profesionales en solitario, sin más profesionales al lado. La Historia de la profesión de matrona, obra de varios autores publicada por el Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Lleida, lo explica muy bien. Y tal y como expone Cristina Bonhomme, comadrona en el hospital de Manacor, en Mallorca, “históricamente, las comadronas hemos ido aparte de las enfermeras. En otros países, como Gran Bretaña, incluso son titulaciones distintas. Pero aquí en un momento de la historia se unificó en el propio colegio profesional, con la pérdida de personalidad laboral. Laboral y legalmente podemos trabajar independientemente de los médicos”.
En Catalunya, las comadronas, además de llevar los controles de embarazo, citologías, asesoramiento de métodos anticonceptivos y otros cribados sobre enfermedades de transmisión sexual, hacen charlas de preparación al parto y después al puerperio, de consejos posnatales. Pero también realizan visitas posparto domiciliarias, charlas sobre la menopausia, a alumnos de ESO, escuelas y áreas básicas de salud (ABS), sobre sexualidad.
“El parto ha estado durante muchos años bajo el poder de los ginecólogos. En ciertos foros se hace referencia a ellos ya como ginecosaurios, porque les cuesta mucho reconocer que nosotros somos las especialistas del parto normal y que ellos sólo tienen que participar si los llamamos porque el parto es distocia (procede de manera anormal o difícil) y debe acabar con un instrumentado o una cesárea”, detalla Bonhomme. Puntualiza, sin embargo, que “nuestro hospital de Manacor es único, un pequeño oasis en este sentido, por tantas cosas como hacemos en exclusiva las comadronas, pero en general los paritorios siguen siendo de los ginecólogos”. Por tanto, esto y un reflejo en el sueldo que ganan en función de este reconocimiento a su especialidad, todavía son tramos de lucha para el colectivo.
Especialidades en el limbo
Las especialidades en enfermería se consiguen realizando el EIR (Enfermero Interno Residente, que es el sistema para conseguir la formación en una determinada especialización una vez terminado el grado de enfermería que forma como enfermeros generalistas. El EIR son dos años de formación en prácticas que paga el Estado, y según la nota que se saca se elige el lugar de la especialidad, al igual que obtienen sus especialidades los médicos, incluidos cirujanos y psiquiatras, a través del MIR, y los psicólogos con el PIR. De no hacerlo, unos y otros no podrían trabajar en una especialidad concreta.
Hoy en día hay 7 especialidades reconocidas: Comadronas y Salud Mental fueron las dos primeras y un Real Decreto de 2005 reconoció las otras cinco: laboral, pediatría, geriatría, familiar y comunitaria y médico-quirúrgica. Una vez aprobadas por el ministerio de Sanidad, se pasan al ministerio de Educación, que crea una comisión de expertos para definir las competencias y el plan formativo de las futuras especialidades que se diferenciarán de la enfermería generalista. El plan de enfermería familiar y comunitaria no fue creado hasta el 2011 y, por ahora, la especialidad médico-quirúrgica todavía no está ni siquiera definida. El tiempo de espera de las aprobaciones de todo hace que muchas enfermeras hayan ido acumulando experiencia en una especialidad. Es el caso de miles de enfermeras y enfermeros.
Para reparar esta situación, se pensó en convocar exámenes extraordinarios, pruebas excepcionales para certificar los conocimientos teóricos de la especialidad con la experiencia acreditada y otorgar las especialidades. Pero desde 2011 que se creó el plan para familiar y comunitaria hasta 2021, por ejemplo, sólo se ha convocado uno. Se realizó en Barcelona el pasado 11 de diciembre y se presentaron todas las enfermeras que reunían los requisitos y los años de experiencia en CAP. En la prueba no se pudieron inscribir muchísimas enfermeras, porque los requisitos necesarios para presentarse debían cumplirse antes del 2011.
En defensa del reconocimiento de todas las demás especialidades, se creó la asociación Enfermeros Especialistas Sin Título Oficial (EESTO), conformada por profesionales de la enfermería de diferentes comunidades del Estado que se pusieron en contacto porque las especialidades en las que se han ido convirtiendo en expertos, fruto de su trabajo diario, por un motivo u otro, han quedado fuera de la vía oficial para obtener su calificación. Marta Aceña, miembro de la asociación, es una. “Acabé la carrera en 2001 y desde entonces trabajo en el ámbito de la Salud Mental. No tengo la especialidad reconocida, porque la prueba extraordinaria coincidió con mi baja maternal, pero llevo años trabajando en Salud Mental y, por tanto, trabajo trabajando las competencias propias de una especialista, aunque mi plaza no está categorizada como especialista”, comenta. “Se están creando especialistas con cuentagotas, que no tienen un lugar donde aterrizar coherentemente según la especialidad porque las plazas no están creadas”, dice.
Como ella, hay miles de afectadas que reivindican el reconocimiento de sus especialidades, de su experiencia durante años en un mismo ámbito de trabajo, como tienen las comadronas, que fueron la primera especialidad reconocida oficialmente. Ninguna enfermera que no sea matrona puede realizar las tareas que desarrollan ellas. En cambio, las comadronas también pueden ejercer como enfermeras generalistas. Comadrona es la única especialidad en enfermería que cuenta con su identidad propia, definición y concreción de las competencias que desarrolla, una categoría profesional sin confusión a la hora de ofrecer plazas en cualquier hospital o CAP. En Catalunya, a pesar de la empresa pública, el Instituto Catalán de la Salud (ICS), tiene reconocidos como perfiles profesionales la enfermera del trabajo y la enfermera en salud mental, no están reconocidas como categorías profesionales por parte del Govern catalán.
Las vocalías de la Junta de Gobierno del COIB han reivindicado permanentemente el reconocimiento tanto de las diferentes categorías profesionales por los especialistas como la definición de puestos de trabajo específicos. Según declara la responsable de Atención Colegial del COIB, Isabel Quintana, «el Govern debería hacer el reconocimiento de las categorías profesionales porque si no las empresas no van a crear las plazas de estas especialidades». También lamenta que sólo las especialidades de matrona y laboral cuenten con directiva legal europea, la de trabajo, en concreto, por la ley de riesgos laborales que especifica que los profesionales que se dedican a este ámbito deben tener la especialidad requerida. Son las dos únicas con requisito del título. “Nosotros llevamos años reivindicando el reconocimiento de las categorías y una buena planificación de las especialidades que se necesitan para tener más plazas de residentes, al igual que para las generalistas. Si no, las empresas no van a crear puestos de trabajo y los convenios de trabajo no las van a recoger”.
Hacer valer un trabajo muy específico
“Nuestra razón de ser es cuidar para mantener la salud de las personas y familias, cuando se está enfermo y cuando se está sano, porque tenemos la promoción y la prevención comocentro”, dice Glòria Jodar, doctora en Enfermería, responsable del Área de Conocimiento y Desarrollo Profesional del Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Barcelona y consejera en el Consell de Col·legis d’Infermeres i Infermers de Catalunya. “Toda persona en Catalunya tiene una enfermera referente a la que puede pedir día y hora para ser visitada de forma presencial, telefónicamente o por e-consulta. Las enfermeras valoran motivos de consulta, resuelven problemas de salud, gestionan y realizan el seguimiento oportuno en cada caso y cada situación, desde pedir analíticas de control, hasta recomendar o cambiar la dieta, o revisar un tratamiento y valorar su adecuación y adherencia. Todo esto con absoluta autonomía del médico”, explica Jodar.
“La patología centra la labor de los médicos. Nosotros nos centramos en la respuesta de las personas para mantener la salud incluso en situación de enfermedad para mantener la máxima autonomía y control de la situación, en definitiva cuidar para maximizar la autonomía, o continuar una vida con normalidad todo y sufrir una situación de cronicidad, ayudamos a la persona a buscar recursos propios para mantener su máximo potencial de salud”, dice. “Pero el mundo valora más el tratamiento de una dolencia. El cardiólogo puede ponerte un stent y curarte un infarto, pero sales de allí y no tienes quien te cuide, no vela nadie por la medicación, no tienes calefacción en casa y puedes tener que volver al hospital. Por tanto, es tan importante mantener la situación de salud, que el diagnóstico y tratamiento”, sentencia Glòria Jodar.
Aún así, la enfermería no se visibiliza, a pesar de estar presente 24 horas en los hospitales, por ejemplo, y pese a la importancia de todas sus funciones. “Si después de una intervención no hay quien vigile si se infecta la herida, si el abdomen está blando, o si se disparan las constantes, todo esto no lo hace la enfermera porque toque pasar un informe por escrito, sino porque hay un proceso que debe mantenerte bien o alertar de que no va bien que parte de un método científico, absolutamente enmarcado en la mejor evidencia”. Pero a todo esto no se le suele dar valor, a veces por pura inconsciencia y reflexión. “El paciente da importancia al cirujano que le ha puesto el stent, pero lo cierto es que si te envían a casa después, puedes morirte si nadie vela por que todo funcione, desde el nacimiento hasta la muerte. Éste es nuestro paradigma, cuidar.
Los cinco sentidos de enfermeras y enfermeros tienen en cuenta a la persona como un todo global, pero esto no está reñido con el gran dominio que llegan a adquirir trabajando en un servicio concreto año tras año. De ahí que Glòria Jodar también hace mención a la necesidad de reconocer las especialidades y crear las plazas necesarias de cada una. “Hay gente con el título de Salud Mental, pero su silla es de enfermera generalista. En el ámbito académico todo funciona, la especialidad la haces para entrar en el mundo laboral donde a nadie se le ocurre hacerle un contrato de médico generalista a un traumatólogo, pero a una enfermera sí”.
Desde su jubilación, Roser Crivillé todavía piensa que las especialidades en enfermería deberían funcionar exactamente igual que en el caso de los médicos y médicas. Ella, en un momento dado, y con afán de primar todo lo que ya dominaba, pero sin ningún reconocimiento oficial, se inscribió en un cursillo en el Hospital Clínic de Barcelona para obtener, al menos, un título, que sólo tuvo sentido para ella.
En el mundo anglosajón, “enfermeras de práctica avanzada” es como llaman a las profesionales que hacen mucho más que cuidar a la persona, están en una unidad muy específica, como puede ser cardiología o hemodinámica.
“Aquí siempre nos han querido como personal polivalente, en la carrera nos forman para serlo”, precisa Teresa Salvador, enfermera de la promoción del 95. “Entré de correturnos haciendo suplencias en el Hospital de Sant Pau. Entonces no había especialidades, más allá de la de matrona”, concreta. Iba haciendo suplencias e hizo una en el servicio de Psiquiatría. La salud mental en la carrera le había tocado muy de paso sólo, pero ella de allí ya no quiso moverse. “Me impactó mucho, y me sentí muy identificada porque los debuts de las enfermedades están en los 17, 18, 20 años y yo tenía unos 20 o 21. Y eso me tocó mucho. Y ver tanto sufrimiento, me llevaba a preguntarme: ¿Cómo se cura esto dónde se puede poner una tirita? ¿Cómo aprendo más yo?”.
Teresa se impregnó como una esponja, hizo el posgrado de salud mental, después de toxicomanías, mediación y resolución de conflictos, terapia de grupo… Quería aprender. “Tengo la suerte de haberme encontrado muy buenos psiquiatras, enfermeros y psicólogos. Me gustaba mucho la urgencia prehospitalaria, pero en salud mental quedé atrapada, y me encanta lo que hago”, confiesa. Y pudo convalidar todo su aprendizaje y práctica, pasando un examen en Madrid que le reconoció su especialidad como Enfermera especialista de Salud Mental. Ahora, desde el CSMA Sant Martí Nord, trabaja con pacientes y sus familias, tranquilizándolos y valorando el nivel de riesgo en el que están.

