
El otro día publicaba en mis redes sociales el hecho de cómo cuando estaba en época de exámenes automáticamente mi Salud Mental decaía sin poder (ni saber) gestionarla. Me sorprendió ver que no era la única que vivía esa situación, al contrario, ví cómo éramos muchas las personas jóvenes en el que, la época de exámenes, nos derivaba a situaciones de ansiedad, descontrol emocional o inseguridades.
Reflexionando y leyendo los miles de comentarios que he recibido sobre este tema he llegado a un conclusión sencilla pero extrema: el mayor fracaso que tenemos en nuestro país es el sistema educativo; y sí, sé que estoy haciendo una reflexión muy extremista pero, parémonos a pensar y a reflexionar:
El sistema educativo actual crea a robots que no quieren ni pueden pensar porque las guías docentes o planes de estudio están, en su gran mayoría, compuestas por materias que ni tan solo sirven para la vida real y que desmotivan a la gente jóven haciendo que, tengamos un sistema educativo que es un auténtico fracaso colectivo porque no potencia la valía y el pensamiento crítico que es, ni más ni menos, esencial para poder seguir avanzando como colectivo.
Un sistema de enseñanza que no está basado en la vocación de aprender de la gente joven y que, por contrapartida, se centra en la voluntad única de ir aprobando como máquinas para seguir pasando de curso porque “es lo que toca” es el sinónimo de que jamás tendremos unas generaciones suficientemente preparadas para que puedan hacer cambios relevantes a nivel social, críticos y que supongan una mejora en nuestras vidas o, lo que es peor, creamos generaciones que siempre estarán frustradas con el desarrollo de su vida laboral y personal porque no se les habrá dado las herramientas, cuando tocaba, de un aprendizaje digno y satisfactorio en el que su pensamiento prime por encima de una marca numérica.
Que el profesorado tenga que imponer exámenes para valorar la capacidad de cada estudiante es un parche totalmente superficial que no se focaliza en el caso concreto y que, por lo tanto, obvia razones de peso detrás de un exámen fallido o que, simplemente, obvia que el memorizar y vomitar no es sinónimo de aprendizaje por no decir que, cuando un o una docente quiere innovar en las maneras de examinar hacia un modelo en el que prime más el pensamiento crítico que el memorizar, se le tacha dentro del propio sistema educativo de “querer regalar la asignatura a los más vagos”.
En el momento en el que se tiene que poner una cifra para determinar la valía de cada estudiante es el momento en el que se ve, claramente, que la enseñanza no está calando y que la juventud no está aprendiendo en absoluto con las clases que, en muchos casos, son: magistrales, con asistencia obligatoria (porque saben que si no no llenan el quórum), con una ratio exagerada, con discursos repetitivos, con power points interminables y prehistóricos que reciclan año tras año demostrando que, incluso ellos, no tienen ni la vocación para enseñar esa materia.
Que la docencia se ciña en un cuadrado en el que si te sales de él eres un fracaso para la sociedad (sin tener en cuenta, evidentemente, lo que te hace feliz) hace que generaciones que tienen un talento espectacular no puedan desarrollar su vocación fuera de lo “normativamente establecido” por tu rama profesional sin desmarcarse de las ciencias o de las letras.
Determinar la valía, el talento o el aprendizaje de una persona en función de si pasa o no del cinco solo hace que generar frustraciones, ansiedad y otros problemas de Salud Mental que, además de estar totalmente normalizados e invisibilizados, pone en relieve que el sistema educativo actual es incapaz de descubrir y potenciar el talento que tiene de forma inherente cada persona porque sí, todas las personas tenemos un talento; el problema es que el sistema no lo quiere enseñar, trabajar ni potenciar.
Cuando el sistema educativo de nuestro país se base en primar la voluntad académica de cada estudiante, en enseñar materias necesarias en nuestro día a día y sin necesidad de someter a la gente joven a tener que llegar a una marca concreta será el día que: tendremos las aulas llenas sin necesidad de hacer la asistencia obligatoria, será el día que tendremos estudiantes motivados y concentrados con ser mejores que el día anterior, será el día que la gente joven quiera seguir estudiando para mejorar en su vocación y será el día que, ni más ni menos, tendremos unas generaciones felices y dispuestas a querer tener un pensamiento crítico que sí cambiará nuestro panorama social destruyendo, de una vez por todas, el pensamiento único que nos quiere convertir en robots.


1 comentari
Totalmente de acuerdo. Es una verdad en todos los países. Los sistemas educativos han fracasado. No corresponde al tiempo histórico ni están humanizados y menos no responden al desarrollo de las personas y a su vida pensamiento y mentalidad y desarrollo emocional.