El nomenclador es una suerte de genoma urbano de la ciudad. En los nombres de sus calles, plazas, avenidas o paseos, así como en los cambios que éstos experimentan a lo largo del tiempo, queda plasmada información sobre los valores sociales, los eventos políticos y los fenómenos culturales que contiene un enorme poder simbólico. Es así como el análisis de la odonímia urbana (los nombres de las calles) nos permite aproximarnos a las relaciones de poder de tiempos pretéritos (y contemporáneos) y la forma selectiva en que esas relaciones producen y reproducen la hegemonía de ciertas ideologías e identidades por encima de otras. Y es que, en última instancia, los nombres de las calles nos permiten identificar qué grupos sociales han tenido mayor poder y autoridad para nombrar y ser nombrados, cuáles y en qué condiciones han sido conmemorados, cuáles no, y cuáles han sido minorizados, invisibilizados o directamente olvidados.
Hace menos de un año, el Ayuntamiento de Barcelona asignó nombres de mujeres a cinco nuevas plazas y calles de la ciudad: la Plaza de Conxa Pérez Collado, luchadora antifascista encerrada en la prisión de Reina Amália, en el Distrito de Sant Anotni; el Mirador de Consol Casls i Genover, feminista antimilitarista y cofundador ade Dones x Dones, en el Parque Güell; la Calle de Teresa Boronat i Fabra, primera bailarina del Liceo y estudiosa de la danza clásica y tradicional, en Sant Andreu; los Jardines de Isabel Domínguez Paniagua, activista política y sindical, en el Bon Pastor; la Calle de Irena Sendler, enfermera que salvó miles de ninos y niñas en el sitio de Varsóvia, en Sant Martí. Del mismo modo, se cambió también el nombre de una calle, la del Almirall Aixada, por el de la històrica luchadora vecinal y contra la especulación, Emília Llorca Martín, en la Barceloneta, acción que se repetió no hace ni dos mesos al sustituir el nombre de la Calle Ramiro de Maeztu por el de la escritora Ana Maria Matute Ausejo, en el Distrito de Horta-Guinardó.
El consistorio potencia así feminización del nomenclátor de la ciudad. Pero, ¿está justificada esta intención política de dar mayor visibilidad a las mujeres en el callejero urbano? ¿Qué nos dice el nomenclátor de Barcelona si lo analizamos desde una perspectiva de género? Antes de responder a estas preguntas, señalamos una realidad demográfica que sirve para contextualizar las respuestas. De acuerdo con los datos facilitados por el mismo Ayuntamiento, en el año 2021 vivían en la ciudad 1.6 millones de personas, de las cuales más de la mitad (52.4%) eran mujeres. Como en tantas otras urbes catalanas, españolas y/o del resto de Europa, las mujeres son mayoría en Barcelona. En términos generales, esto se explica por el alargamiento de la esperanza de vida y la mayor supervivencia de ellas en las edades avanzadas. Entonces, ¿queda reflejada esa preeminencia demográfica femenina en el nomenclátor de nuestra ciudad? La respuesta es obvia (de otro modo no escribiríamos este artículo): no, ni de cerca.
En la ciudad de Barcelona existen unos 4500 viales (entre avenidas, calles, plazas, pasajes, torrentes, ramblas, etc.). De ellos, poco más de la mitad (54%), evocan lugares de Catalunya (Calle de Agramunt), España (Calle de Andalusia) o el resto del mundo (Calle de Buenos Aires), elementos de reino vegetal o micológico como árboles (Calle de la Olivera), plantas (Calle de la Menta), flores (Carrer del Lliri), o setas (Torrente del Rovelló), animales (Calle del Tigre) e insectos (Calle de las Mosques) o hace referencia a un conjunto de elementos diversos en el que se incluyen calles con nombres de ensueño como Calle dels Enamorats, Calle dels Petons o Calle del Descans, nombres de familias sin mención explícita a una persona, nombres populares (Plaza de la Mainada), polígonos industriales (Carrer Número 1), metales (Carrer del Bonze), agrupaciones gremiales (Calle de Escudellers), batallas (Calle de Trafalgar) y elementos geográficos como macizos (Calle del Moixeró), picos (Calle del Matagalls), montañas (Calle del Pedraforca) o cordilleras (Calle dels Agudells), entre otros pequeños subgrupos.
Esto significa, por lo tanto, que la otra mitad (46%) hacen referencia a personas. Y es aquí donde queríamos llegar. El análisis del nomenclátor de la ciudad muestra que, mientras las calles con nombres de un hombre o de una personalidad masculina representan casi 4 de cada 10 (38%) de todos los viales de la ciudad, los que tienen nombre de mujer o de una personalidad femenina representan 8 de cada 100 (8%). Y, por si no fuera poco, se reducen a 5 de cada 100 (5,5%) si excluimos aquellos de carácter religioso (Calle Mare de Déu de Montserrat, Santa Eulàlia, etc.) o los que referencian a miembros de la nobleza (Calle de la Infanta Isabel). Por decirlo de otra manera, en la ciudad de Barcelona hay 4,5 viales con nombres de hombre por cada 1 con nombre de mujer. A nuestro modo de ver, esta constatación justificaría por si misma avanzar en la feminización del nomenclátor. Pero es que la cosa no acaba aquí…
Si camináramos a lo largo de todas y cada una de las calles de la ciudad, recorreríamos unos 1.377km, de los cuales 480km (38,6%) lo haríamos sobre viales con nombres de hombres y tan solo unos 62,6km (6.3%) sobre viales con nombre de mujeres. La diferencia entre el peso relativo de los nombres en femenino (8,4%) y la cantidad de km (6,3%) que efectivamente se pueden recorrer andando sobre aquellos que referencian a una mujer se explica porque las calles con nombre de hombre, además de ser abrumadoramente más numerosas, son también más largas. La longitud media de un vial con nombre de hombre es de 310 metros, mientras que la de uno con nombre de mujer es de 248 metros. Esto quiere decir que los viales con nombre de mujer son, de media, 62 metros más cortos que aquellos con nombre de hombre. ¡Efectivamente, aunque usualmente se diga que no parece que, en este caso, el tamaño (o la longitud) sí importa!
También podemos abordar el tema de las diferencias de género en el nomenclátor de la ciudad desde la perspectiva de la jerarquía vial, puesto que no es lo mismo que le pongan tu nombre a un camino que a un pasaje, a un pasaje que a una calle, ni a una calle que a una avenida. Estamos de acuerdo en esto, ¿verdad? Actualmente, Barcelona cuenta con 79 avenidas de las cuales 30 tienen un nombre que hace referencia a una personalidad masculina. ¿Cuántas hay que evoquen a una mujer? ¡Tan solo tres! Pero alerta, de estas, dos son de carácter religioso (Av. Mare de Déu de Lorda y Av Mare de Déu de Montserrat) y la tercera nobiliaria (Av. Reina María Cristina). Resumiendo, a día de hoy Barcelona no cuenta con una sola avenida cuyo nombre conmemore a una mujer de carácter popular. Eso sí, ellas están sobrerrepresentadas en aquellos tipos de vía que, por así decirlo, no molestan porque no se ven mucho como pueden ser jardines, pasajes o placetas. ¡Si esta no es una actitud de señoro total, entonces que alguien nos explique qué quiere decir este jocoso y acertado neologismo!
Una vez, un representante de la ciudadanía dijo que el cambio del nomenclátor es un mal negocio en términos políticos puesto que conlleva un enorme desgaste para quien intenta ejecutarlo mientras que tiene una afectación “real mínima” sobre la vida de las personas. En nuestra opinión, esta calificación de la afectación como “real” y “mínima” depende de la importancia que se le dé a los símbolos que reflejan y perpetúan el mundo de mezquindades e injusticias materiales en el que vivimos. Por eso los nomenclátores cambian con mayor facilidad durante periodos revolucionarios. Como en la mayoría de cosas importantes en este mundo, en esto también vamos tarde. Es por este motivo que aplaudimos cualquier avance en la feminización del nomenclátor. Cuando la Barcelona del qui paga mana nos imponga un alquiler que no podamos pagar y nos obligue a marcharnos de la ciudad a la que nacimos o que hemos hecho nuestra, nos encantaría hacerlo caminando por menos calles con nombres de propietarios de terratenientes, clérigos, conquistadores y demás pelafustanes y por más calles que, como las de la Conxa, la Consol, la Teresa, la Isabel, la Irena, la Emilia o la Ana María, evoquen a las tantísimas mujeres dignas de reconocimiento y admiración que nos precedieron. Ojalá algún día, caminando por la Calle de Ja-hi-som cercano a la carretera de les Aigües, podamos constatar que realmente “ja hi som” en una ciudad con nombre de mujer.


