La pesca en Cataluña es un sector económico en declive desde hace años. Por ejemplo, según datos del ICAT, las capturas en 2006 fueron de 37.044 toneladas, mientras que en 2023 han alcanzado un mínimo de 16.157 toneladas. Paralelamente, los ingresos también han ido disminuyendo, con un máximo de 130,93 millones de euros (M€) en 2007, mientras que, a partir de 2020, no se han superado los 100 M€. Casi un 60% de los ingresos provienen de la modalidad de arrastre, que es la más afectada por las recientes regulaciones de la Unión Europea.
En poco más de veinte años, el número de embarcaciones dedicadas a la pesca se ha reducido a la mitad, y actualmente no llega a 600 en todo el litoral catalán, organizadas en 15 cofradías. Como consecuencia, el número de personas empleadas en el sector también se ha reducido aproximadamente a la mitad en este período.
Si analizamos las causas, la crisis tiene una explicación científica. El Mediterráneo es un mar pobre; por lo tanto, si hay pocos nutrientes (que son los motores de la red trófica), es evidente que las especies situadas en la cúspide (las más capturadas y de mayor valor económico, como merluza, rape, gamba, cigala, etc.) tienen una clara limitación de biomasa por unidad de superficie.
La pesca es una forma muy primitiva de obtener proteínas, ya que se basa en la producción natural. Es como si, en el caso de la tierra, aún fuéramos recolectores de frutos silvestres (en lugar de cultivarlos) o, en vez de criar gallinas y vacas en granjas, saliéramos cada día al bosque y los prados a capturarlas. Si lo reflexionamos, veremos que la pesca necesariamente debe ser poco productiva y hemos aprendido a crear factorías para el cultivo de algunas especies.
La pesca en Cataluña es una fuente de proteínas de alta calidad, pero de ninguna manera puede representar una contribución significativa a las necesidades alimentarias de un país. Es decir, la pesca en Cataluña no es una solución al problema alimentario del sector; es más bien una fuente de sensaciones especiales por la calidad del producto. Hay que considerar que la inmensa mayoría del pescado que se consume en Cataluña proviene de fuentes de pesca externas, de caladeros lejanos y mucho más productivos.
Otros motivos del agotamiento de los recursos pesqueros (especialmente los capturados por arrastre) están relacionados con la tecnología: barcos cada vez más potentes y sistemas electrónicos para localizar la pesca antes de soltar las redes. Además, hay condicionantes económicos: la subvención del gasóleo necesario para mover toda esta maquinaria y los precios de venta, que hacen más o menos rentable una captura escasa en peso.
El sector y la administración son perfectamente conscientes de esta situación y han trabajado para evitar el agotamiento de los recursos, financiando la reducción de la flota, reduciendo los días y horas de pesca, estableciendo paros biológicos de algunos meses en todo el litoral, regulando las modalidades de pesca, estableciendo áreas de veda… es decir, disminuyendo la presión sobre el ecosistema para permitir la recuperación de los stocks.
Ahora la Unión Europea está decidida a dar el golpe definitivo al sector del arrastre, el más importante. Primero, imponiendo un máximo de veintinueve días de pesca al año, un número que podría incrementarse según la implementación de una serie de medidas que, evidentemente, tendrán un importante coste económico para el sector.
Es cierto que el arrastre es la modalidad de pesca que más impacto tiene en los ecosistemas, por su falta de selectividad y por remover todo el fondo marino. Pero si trasladamos esto al mundo real, es evidente que tanto los coches como la industria de los hidrocarburos liberan grandes cantidades de contaminantes a la atmósfera, responsables no solo del cambio climático sino también de importantes enfermedades. Entonces, ¿hacemos que cada coche solo pueda circular un mes al año o que las fábricas solo estén activas un mes?
En mi opinión, la solución que se plantea sería muy drástica e incompatible con la sostenibilidad económica de los sectores afectados por esta regulación. Pues exactamente eso es lo que ha hecho la Unión Europea, con una clara voluntad de acabar con la pesca de arrastre en el Mediterráneo, probablemente a medio plazo, y de momento está creando condiciones difíciles para la sostenibilidad de esta actividad. No sorprenden las protestas de los pescadores, de las cuales ya hemos tenido un adelanto con una huelga de tres días.
Estamos ante un problema importante, que no amenaza a ningún sector significativo en términos de contribución al PIB, pero sí a una actividad tradicional muy valorada por la sociedad y que debemos defender.
Y si finalmente prohíben la pesca de arrastre (algo que no deseo), tampoco será necesario construir grandes parques eólicos marinos, que algunos dicen que son magníficos para salvar la pesca ya que crean áreas de reserva… ¡ya me entendéis!

