Sin duda alguna, Catalunya padece de barcelonacentrismo. La potencia de la capital, a nivel político, económico, social o cultural, hace olvidar, en gran cantidad de ocasiones, que su realidad urbana es inextricable de su propia periferia metropolitana, así como de su contexto natural. Los investigadores Álex Govers-López y Tomás Rojas Valenzuela, junto a mí mismo, hemos publicado recientemente en la Revista Migraciones, el artículo ‘Ordenando la ciudad: dispositivos territoriales e intervenciones comunitarias en L’Hospitalet de Llobregat‘, un intento de remarcar la similitudes y diferencias en la gestión pública de elementos como el espacio público, la seguridad y la convivencia que mantiene esta ciudad con respecto a otras, y sin olvidar elementos significativos, como su proximidad a Barcelona.
L’Hospitalet de Llobregat es la segunda ciudad más poblada de Catalunya y cuenta con espacios urbanos entre los más densos de Europa. Su carácter de hogar de acogida de las diferentes oleadas de migración llegadas a Barcelona durante décadas, muchas provenientes de Andalucía o Aragón, pero también de África, Latinoamérica o Asia, siempre me ha llamado la atención, pero ¿qué os lleva a vosotros a interesaros por L’Hospitalet como objeto de estudio?
Álex Govers-López (AGL): Me interesé en L’Hospitalet de Llobregat (LH) a raíz de la elaboración de mi tesis doctoral. Mi investigación se centra en la existencia de una red de ciudades europeas que intercambian políticas públicas sobre seguridad ciudadana y prevención de extremismos. Descubro el caso de LH como un caso que destaca en el contexto del estado español, ya que no es una ciudad que haya vivido episodios históricos problemáticos que suelan dar paso a la aplicación de este tipo de medidas, pero aun así tiene una larga trayectoria en relación a la gestión de la convivencia.
Tomás Rojas Valenzuela (TRV): Como sociólogo chileno especializado en temas urbanos, me llamó mucho la atención las características de las periferias de Barcelona la primera vez que vine a Catalunya hace seis años. Me refiero a esta forma urbana compacta, tensa y ordenada, tan extraña para los parámetros de un latinoamericano, a la vez que un espacio de concentración de población de origen extranjero. Mi primer contacto con LH fue en Bellvitge y El Gornal y, posteriormente, comencé mi proyecto doctoral vinculado a los espacios públicos urbanos y las estrategias de control securitario en estas zonas. Allí encontré elementos muy interesantes vinculados con la historia de la ciudad, su evolución y su situación dentro del contexto metropolitano.
En cierta medida, podríamos decir que las periferias comparten gran cantidad de elementos comunes, debido, principalmente, a su carácter satelital de grandes poblaciones. Sin embargo, también comparten singularidades ¿Cuál pensáis que serían, a nivel urbanístico, los principales elementos significativos de L’Hospitalet como ciudad?
AGL: Aunque el urbanismo en sí no es mi ámbito específico de estudio, sí que, durante la investigación que ha dado lugar al artículo que hemos publicado, me he dado cuenta que LH lo que quiere es desmarcarse de su carácter periférico de Barcelona, diferenciarse, y para ello crea su propia Marca, la Marca LH, para atraer inversiones privadas vinculadas a su espacio urbano. Ejemplos de ello serían la Plaza Europa o, en estos días vemos también, el Polo Biomédico (BioPol) o el Districte Cultural, que lleva varios años en desarrollo y no parece acabar de despegar, pero que persigue situar al LH como el Brooklyn catalán.
TRV: Desde mi punto de vista, tres cosas principalmente. LH como ciudad de una centralidad metropolitana muy importante, a nivel de infraestructuras, como la vía del tren que parte la localidad, etc., y precisamente por eso por su interconexión comarcal y, por otro lado, grandes proyectos, como mencionaba Álex, como Plaza Europa o la reforma de Gran Vía que supondrá también BioPol, o el Espai Barça; proyectos que responden a una agenda neoliberal muy clara. En segundo lugar, el desarrollo urbano de sus barrios, los cuales durante el tardofranquismo, y bajo dinámicas especulativas potentes, llegaron a conformar áreas de alta concentración poblacional sin servicios o equipamientos de ciudad, lo que dio lugar a una serie de luchas vecinales que consiguieron conquistar ciertos derechos, configurando la propia urbe. Y, en tercer y último lugar, el tema de la vivienda. Es un fenómeno generalizado, pero que en LH tiene características interesantes, ya que por un lado se está construyendo con destino a aquellas clases sociales de rentas medias-altas y altas, alta gama, aprovechando el mercado que existe pare ello y, por otro, LH cuenta con barrios sumergidos en la marea general de los desahucios, el hacinamiento, la expulsión de los vecinos y vecinas.
Está claro que, al igual que entre países y regiones, entre ciudades también se dan específicas relaciones centro/periferia. ¿Cómo de importante es su cercanía a Barcelona en lo anterior?
AGL: Es una relación extraña. Porque, por un lado, como he comentado antes, LH quiere distinguirse como ciudad independiente, dejar de ser conocida por ser la periferia de la capital de Catalunya pero, por otro lado, con el paso del tiempo se ha ido apropiando de cosas que la propia Barcelona no ha querido. Las licencias de pisos turísticos, que Barcelona ha congelado e, incluso, perseguido como oferta irregular, han ido creciendo paralelamente en LH, sobre todo en los barrios cercanos a los límites de la ciudad. Esto sería un buen ejemplo de este tipo de relación.
TRV: A mí, en relación a esto, lo que más me preocupa es el tema de la vivienda. Como señala mi compañero, que LH acepta todo aquello, o en gran parte, que Barcelona no quiere. LH y otras ciudades del área metropolitana. El tema de los pisos turísticos es un gran ejemplo. Gente que se hospeda en LH pensando que está en Barcelona y no lo está. Pero es que el Modelo Barcelona, tan comentado y discutido, desborda sus propios límites administrativos y necesita de expansión territorial; los flujos de grandes capitales que se sienten atraídos por una ciudad como Barcelona saltan a otras cercanas, lo que abre la posibilidad de que las administraciones públicas, como el Ajuntament local, aproveche las circunstancias para transformar su espacio urbano a través de grandes proyectos urbanísticos. Por ejemplo, el actual alcalde (David Quirós, del Partit dels Socialistes de Catalunya – PSC) habla de la creación de un Corredor Económico vinculado a la nueva sede del Hospital Clínic, en Barcelona, y la zona de BioPol.
Barcelona siempre se ha considerado como un gran experimento urbano, ¿sigue L’Hospitalet estrategias diferenciadas en cuanto a su gestión el espacio público urbano o se enmarcaría dentro de una corriente general?
AGL: Una cosa que me sorprende e LH en cuanto a la gestión de su espacio público es que pese a ser, desde hace décadas, probablemente desde los 90 o así, una ciudad muy diversa, con grupos de población proveniente de América Latina, Asia y Norte de África, durante los años 2000 la situación comienza a observarse, por parte de la administración local, como problemática. La diversidad empieza a ser analizada desde el punto de vista de un supuesto riesgo de generación de conflictos en torno a la convivencia. En 2005, de hecho, desde el Ajuntament se hizo un diagnóstico de la situación en la que vivían las diferentes comunidades que componían la ciudad pero, además, se añadieron posibles problemas de convivencia. Es a partir de este diagnóstico que elaboran el Pla d’Integració a la Nova Ciutadania, en 2005, justo el mismo año que se escribe la Ordenança de Civisme i Convivència, reglamento que regula lo que se puede y no se puede hacer en el espacio público. Ambas se publican el mismo año, lo cual es bastante sorprendente, porque por un lado se actúa en aras de prevenir los potenciales conflictos vinculados a la diversidad en la ciudad y, por otro, y teóricamente sin ningún tipo de vinculación, se determina qué tipos de comportamientos no están permitidos en el espacio público.
TRV: LH se sumerge, o quiere sumergirse, en la lógica de la producción neoliberal del espacio urbano. Esto obedece a una aceptación o consolidación de una determinada forma de entender cómo se gobierna, o gestiona más bien, una ciudad. Algo que los políticos de LH han abrazado, e incluso profundizado. Por ejemplo, en su declaración como laboratorio urbano de la gestión del espacio público en relación con la nueva población de origen extranjero, llegados a finales de los 90 y principios de los 2000. Ahí se ponen en marcha políticas de garrote y zanahoria, donde van de la mano dispositivos de fomento de la convivencia y gestión de la diversidad, conjuntamente con otros relacionados con la seguridad. Yo relaciono esto, además, con ciertos proyectos de interés privado que veían necesario el establecimiento de este tipo de políticas de pacificación y control social. Es aquí donde las regulaciones, las ordenanzas, van proponiendo objetivos, criterios, estableciendo conceptos sobre qué se puede y no se puede hacer en la calle.
¿Cuáles serían estas estrategias, principalmente?
AGL: En LH hay dos tipos de políticas, por un lado, aquellas que se aplican sobre la totalidad de la población de LH, como podría ser la Ordenança de Civisme i Convivència y, por otro, otras que son específicas de colectivos y áreas concretas de la ciudad, los denominados Plans Integrals. Estos Plans, contextualizados, emergen a principios de los años 2000 vinculados a los dispositivos de gestión de la convivencia, y son frutos de demandas de colectivos vecinales de las zonas más empobrecidas, como La Florida o Collblanc, que presionan al Ajuntament ante la falta de espacios y servicios públicos, por ejemplo, en relación con la vivienda, donde algunas familias o individuos no se hacían cargo de los gastos de la comunidad de los edificios donde vivían, y también, por formas específicas de ocupación de las calles y las plazas, cuando jóvenes y no tan jóvenes se quedaban hasta las tantas escuchando música, haciendo ruido o, simplemente, pasando el tiempo. Los Plans Integrals persiguen renovar y revitalizar el espacio urbano a través de mejoras urbanísticas, así como de la puesta en marcha de servicios comunitarios. Lo que pasa es que esos planes, después de analizarlos, tienen una lógica cuyo objetivo es mitigar los posibles conflictos a través de la organización de actividades que fomenten la mezcla entre las comunidades que habitan esos espacios, todo a través de una lógica de diálogo cultural o intergeneracional, pero que no tienen en cuenta las características estructurales, socioeconómicas, de las personas a las que van dirigidos. Así, no tiene mucho sentido actuar sobre las familias o personas que no pueden hacerse cargo de los gastos de la comunidad de vecinos mediante estrategias de diálogo cultural, sin actuar sobre su contexto material, algo que les impide esa participación en los gastos de una forma regular.
TRV: En relación a esto, opino, como Álex, que estas estrategias estarían basadas en planes de acción social, planes de intervención integral en determinadas zonas, como la Norte, etc., que serían, más bien, directrices etéreas que proponen la necesidad de una convivencia y una corresponsabilidad. Éstas se darían, simultáneamente, con ordenamientos específicos del espacio urbano, como la Ordenança de Civismo, ya comentada, en un proceso que comenzaría en los años 2000 y que continua, hoy día, con políticas como el Pla TETRA, que pone el acento en una mayor necesidad de control securitario de áreas concretas de LH.
L’Hospitalet es, así, una periferia en busca de su propia identidad en el marco de una serie de políticas neoliberales ¿Por qué pensáis que se habla tan poco de las poblaciones de las periferias en Catalunya?
AGL: No creo que en este sentido aquí seamos diferentes. Según mi opinión, esto refleja una tendencia generalizada en los estudios urbanos, focalizados mucho más en ciudades globales, como Barcelona, o París, Roma, etc., y no tanto sobre la periferia que rodean dichas urbes. Sin embargo, pienso que es todo un campo por abrir, por valorizar, sobre todo desde el punto de vista de que éstas ciudades globales dependen de su periferia, la producen, son productoras de periferia. No se puede entender Barcelona sin entender LH, o LH sin entender Barcelona. Hay que poner el acento en esta relación y comprenderla.
TRV: Yo creo que es posible que desde fuera de ciudades como LH no se hable mucho de las periferias, pero esto no es así en la periferia misma. El Centre d’Estudis de L’Hospitalet lleva años, décadas, produciendo literatura, generando discusión y planteando debates que, entre otras cosas, hablan sobre la producción del espacio urbano. Y luego hay periodistas como Montse Santolino, activista, que permanentemente está denunciando la segregación, la estigmatización y todo lo que comporta la vida en una ciudad como LH. Por otro lado, las periferias son presentadas, frecuentemente, como esta amalgama de municipios de difícil administración, problemáticos, inseguros, hogar de la inmigración, que hace que la lectura que se hace de ellos sea simple, cuando son realmente complejos, con trayectorias históricas muy diferentes. Es ahí donde se pierde la discusión. En Catalunya hay muchas LH, no solo en Barcelona, también en Girona, Tarragona o Lleida donde se plantea esta subalternidad de la ciudad y tienen cosas que aportar en muchos sentidos: regulación del espacio público, vivienda, convivencia, que deberían también ser tomadas en cuenta.

