La idea de «obsolescencia ideológica» en partidos políticos, hace referencia esencialmente a la desconexión entre las propuestas políticas y las realidades o demandas sociales del momento, de lo que se deriva la incapacidad para resolver las demandas de la ciudadanía. En un artículo anterior he analizado a nivel español, las causas principales de esa obsolescencia y sus consecuencias. Hoy voy a hacer un análisis referido específicamente a Cataluña, cuyo el panorama político tiene como característica específica la cuestión identitaria que a su vez influye en el nivel de obsolescencia ideológica de los partidos. La cuestión identitaria (independentismo versus unionismo) domina gran parte del debate y es una cuestión que sigue siendo relevante, pero ya no ocupa el mismo nivel de urgencia para muchos votantes como en 2017. La obsolescencia de esos planteamientos radica en que desplaza otros temas esenciales y urgentes como la sostenibilidad, la economía, la igualdad social o la gestión de servicios públicos.
Tras las elecciones de mayo de 2024, el Parlament de Cataluña cuenta con la representación de los siguientes partidos políticos: Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC): 42 escaños. Junts per Catalunya (Junts): 35 escaños. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC): 20 escaños. Partido Popular (PP): 15 escaños. Vox: 11 escaños. Comuns-Sumar: 6 escaños. Candidatura d’Unitat Popular (CUP): 4 escaños y Aliança Catalana: 2 escaños. Esos 135 diputados reflejan una diversidad ideológica más amplia que la del Parlamento español y que la de las demás Comunidades Autónomas.
En cuanto a los partidos tradicionalmente catalanistas, ERC ha intentado modernizarse, posicionándose como un partido de izquierda progresista y feminista, además de su tradicional defensa del independentismo. Sin embargo, recientemente ha apostado por un discurso más pragmático, promoviendo el diálogo con el Estado español frente a la vía unilateral. Parte de su electorado independentista considera que este giro pragmático es una traición a la causa, lo que ha generado tensiones internas y críticas desde sectores más radicales. Otro problema que tiene ERC es que su énfasis en la cuestión nacionalista a veces eclipsa su capacidad para abordar temas sociales, económicos y climáticos (algunos urgentes) con propuestas concretas. En cuanto a Junts per Catalunya representa una derecha independentista, con énfasis en la unilateralidad y la confrontación con el Estado español. Esa posición es lo que le permite conectar con los sectores más radicales del movimiento independentista y captar votos que podrían ir a ERC. Su obsolescencia se debe a su discurso centrado casi exclusivamente en el independentismo y su dependencia de figuras simbólicas como Carles Puigdemont, lo que sin lugar a dudas limita su capacidad para resolver los problemas sociales del día a día. No es menos cierto que carece de un programa económico y social claro que conecte con las preocupaciones de un electorado amplio.
En cuanto a los partidos unionistas, el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) tiene una fortaleza ideológica relevante debida a que se ha presentado como una opción moderada y de diálogo, especialmente bajo el liderazgo de Salvador Illa. Ha tratado de abordar problemas sociales como la vivienda, el empleo y la sanidad, más allá de la cuestión territorial. Ha tenido éxito a la hora de captar votos moderados. Aunque intenta posicionarse como una fuerza renovadora, sigue cargando con la percepción de ser demasiado dependiente del PSOE a nivel nacional, lo que le resta autonomía frente al electorado catalán.
La fortaleza ideológica del Partido Popular de Catalunya (PPC) es el mantenerse como un partido claramente unionista, lo que le aporta una base de votantes pequeña pero leal. Sin embargo, su mensaje tiene poca resonancia en Cataluña y se percibe como una fuerza marginal y desconectada de la realidad social y cultural de la región. Soy de los que piensa que su discurso simplista de oposición frontal al independentismo ha quedado desfasado frente a un electorado que busca propuestas más matizadas
En cuanto a Vox, es indudable que gracias a su mensaje polarizador y su rechazo frontal al independentismo ha captado a votantes unionistas descontentos, provenientes del residual Ciudadanos y del PPC. Sin embargo, es obvio que su discurso ultraconservador y su énfasis casi exclusivo en temas identitarios no parece conectar con la mayoría del electorado catalán, que prioriza otros temas.
En Comú Podem, ha intentado situarse como una alternativa progresista centrada en la justicia social, el ecologismo y los derechos civiles, evitando posicionarse claramente en el eje independentismo-unionismo. Pero precisamente esa ambigüedad en la cuestión territorial puede ser percibida como una falta de definición, lo que les resta apoyo tanto entre independentistas como unionistas.
Candidatura d’Unitat Popular (CUP), basa su fortaleza ideológica en el presentarse como una fuerza anticapitalista, feminista y ecologista, además de independentista, lo que la hace atractiva para el segmento joven y radical del electorado. Sin embargo, su insistencia en la vía unilateral y, sobre todo, su rechazo frontal a las instituciones estatales y autonómicas, limitan su capacidad de influir políticamente de manera efectiva. En este sentido, puede ser un partido obsoleto desde el punto de vista socio-político. Su falta de propuestas concretas en temas más allá del independentismo es una crítica recurrente que consolida su obsolescencia. Su acusado discurso anticapitalista y rupturista, es anacrónico en un contexto donde amplios sectores demandan soluciones pragmáticas más que cambios estructurales amplios.
Finalmente, el partido emergente Aliança Catalana, sorprendió en las últimas elecciones catalanas al obtener 2 escaños. Es un partido pequeño, proveniente de un pueblo pequeño, pero con una dinámica e identidad muy definida en su región. Su éxito en Ripoll, conocido como el «breçol de Cataluña» (cuna de Cataluña), se convirtió en un símbolo para AC tras obtener la alcaldía en 2023. Esto refuerza su imagen de defensores de los «valores tradicionales» catalanes. Aboga por la ruptura total e inmediata con España, sin esperar negociaciones ni consensos amplios. Una de las posturas más controvertidas de AC es su discurso crítico hacia la inmigración, que relacionan con la pérdida de identidad catalana y los problemas de convivencia. Han promovido medidas para «controlar» la inmigración, especialmente de comunidades musulmanas, lo que ha generado acusaciones de xenofobia. Tiene su bastión principal en municipios pequeños y zonas rurales de Cataluña, donde su mensaje encuentra eco en un electorado cansado de los partidos mayoritarios y preocupado por cuestiones locales como la convivencia y el mantenimiento de tradiciones. Su éxito podría interpretarse como un síntoma de descontento hacia las formaciones tradicionales, pero su enfoque ultraconservador creo que carece de viabilidad política a largo plazo. Su retórica, especialmente en temas de inmigración, genera divisiones profundas. Por un lado, movilizan a un núcleo de votantes que viven la multiculturalidad como una «imposición». Por otro lado, son ampliamente criticados por sectores progresistas y partidos de izquierda, que los tachan de extremistas
En resumen, podemos concluir que a fecha de hoy el nivel de obsolescencia ideológica en Cataluña es consecuencia de la excesiva centralidad del debate identitario. Tanto los partidos independentistas como los unionistas tienden a estructurar sus propuestas alrededor del eje territorial, dejando en segundo plano cuestiones sociales, económicas o climáticas que no solo preocupan a la ciudadanía, si no que son verdaderamente graves e inminentes para el futuro de la sociedad catalana. A este elemento se le debe sumar la falta de renovación tanto ideológica como de dirigentes en algunos partidos. Concretamente Junts o el PP muestran dificultades para adaptarse a nuevas demandas sociales, mientras que otros, como ERC o PSC, intentan modernizarse con un éxito relativo. A todo ello debe sumarse la fragmentación del voto y polarización, que complican la capacidad de los partidos para presentar visiones ideológicas coherentes y amplias, especialmente cuando deben competir en un ecosistema político muy dividido. Aunque todos los partidos hacen esfuerzos por renovarse, tanto los partidos tradicionales como los emergentes se enfrentan a retos significativos para evitar la obsolescencia ideológica, especialmente en un contexto político y social cada vez más complejo.

