La obispa de Washington, Marian Edgar Budde, se ha convertido en el rostro de la dignidad frente a Donald Trump. Y también en el objetivo de las amenazas de sus partidarios. ¿Por qué? Por la homilía que pronunció en la Catedral Nacional, en el servicio religioso inmediato a la toma de posesión del nuevo presidente. Y porque quien lo pronunciaba era una mujer en ejercicio pastoral eclesial e institucional de una denominación importante del protestantismo en Estados Unidos.
Algunos de los acentos destacados de su discurso ante Donald Trump y su vicepresidente J. D. Vance, familias, y demás asistentes, fueron los que siguen:
El corazón de la homilía: la compasión; de Dios, de Trump (¿?).
El trasfondo de la homilía: “la acción de Dios” salvando a Trump del intento de asesinato.
El contexto de la homilía: el miedo de tantos.
El contenido de la homilía: unidad, más allá de la diversidad y la división, basada en el servicio al bien común, en la honestidad y en la humildad; la libertad; la dignidad y derechos de toda persona, sean inmigrantes con o sin documentos, LGTBI , parias, pobres, desprotegidos, de diferentes religiones y confesiones, trabajadores de servicios que pocos quieren.
La teología de la homilía: El Dios misericordioso y amoroso del Antiguo Testamento; Jesús el Señor y su mensaje y acción compasiva; el Espíritu Santo divino; la Fe y fidelidad en Dios y a Dios y su mensaje de amor a todos los seres humanos.
El reto ético de la homilía: llevar a cabo las acciones más que las palabras, actos más que ritos, piedad, compasión, acogida, misericordia, amor práctico, buscar el bien y la dignidad de todas las personas, que se desprenden del mensaje de la Biblia.
La esperanza de la homilía: trascender de una realidad negativa, y aspirar y soñar en una nueva realidad con valores cristianos y humanos, y que el magnate reconsiderara sus posicionamientos.
Las reacciones a estas palabras de la obispa Budde desataron filias y fobias. El mismo Trump expresó de inmediato su disgusto por el sermón descalificando a Budde, su mensaje, su persona y el “servicio”. También Vance, mediante su comunicación gestual. Y, cómo no, su aliado Elon Mask, tratando todo lo anterior de discurso infectado por el virus “wok” (progre). Por cierto, acabo de recibir una petición de recogida de firmas en solidaridad con la Obispa porque está recibiendo amenazas de muerte.
Las reacciones al discurso de la Obispa desde el ámbito religioso también están polarizadas, como es normal en estos tiempos. Pastores, iglesias e instituciones eclesiásticas progresistas están a favor; incluso han lanzado un lema: “I’m whith her” (“Yo estoy con ella”).
Apoyo acrítico a Trump
Otros sectores, más numerosos, pastores, iglesias e instituciones eclesiásticas han criticado con dureza el discurso, sermón, de la Obispa. Entre ellas, personas vinculadas a la Asociación Billy Graham -que tanta influencia han tenido en los Evangélicos en España en los últimos años con sus campañas evangelísticas o de evangelización. Y no es de extrañar. No puede olvidarse que las iglesias “evangelicales” –fundamentalistas-, pastores de estas, y de varias denominaciones evangélicas también fundamentalistas (e.g Bautistas del Sur, y otras), han apoyado acríticamente a Trump, su mesianismo pontificio y dogmático del dios trinitario del poder, prestigio y dinero (poder, pestrigi i peculi), y a sus apóstoles Musk, Zuckenberg Bezos y otros.
Su ética es la ética del NO. En la práctica real, no al cambio climático, no a la ciencia, no al ministerio de la mujer, no a los derechos de nueva generación, no a las familias diversas, no a las democracias plenas, no a la diversidad, no -en general- a los cambios, no a los temas bioéticos, no a la justicia social (comunismo), no a…
¿Y qué pasa en Catalunya y España?
¿Y el protestantismo en España y en Catalunya? Desde mi perspectiva personal está sumido, por lo general en esa ola conservadora, centrada en el Culto -que no misa-, en el Pastor -que no Cura-, en el Consejo de Ancianos -que no necesariamente abuelos-, con una hermenéutica literalista, con cierta esquizofrenia espiritual y secular, poseedora de la verdad absoluta, renuente al diálogo ecuménico e interreligioso, orientada -eso sí- a la evangelización y lo social, normalmente anclada al “más de lo mismo”, y lejos de una integración en el tejido político social. Instalada en la dicotomía “mundo/iglesia”, “creyente/no-creyente”, “bueno/malo”, “virtud/pecado”, y tantas otras. No es espacio ni lugar para ahondar en ello.
El protestantismo español y catalán actual procede de la llamada “Segunda Reforma” que, para algunos nace en el s. XIX puesto que la Reforma en España fue ahogada por la Contra-Reforma y la Inquisición de los siglos XVI y XVII. Las misiones protestantes y evangélicas trajeron las buenas noticias del Evangelio de nuevo a España y Catalunya. Misioneros venidos –principalmente- de Inglaterra, Suecia, Alemania, y de Estados Unidos, establecieron Iglesias y denominaciones a lo largo y ancho de la geografía estatal. Claro que, con esa aportación y misión evangelística, social, educativa, cultural e, incluso, política tan positiva, más tarde se fue introduciendo el “ropaje anglosajón” de los diferentes misioneros y denominaciones (las “familias” del protestantismo), con sus formas, costumbres, ideologías, y otros. Por ello, y según su origen, el protestantismo español llega a ser y estar dividido (IERE, UEBE-UEBC, FIEIDE, IEE-EEC, AAHH, y otras como las iglesias pentecostales, carismáticas), divisivo (dichas denominaciones han estado confrontadas durante años), y fisípedo (instituciones con ministerios homónimos pero distanciadas entre sí). Todo lo anterior, típico de nuestro talante.
A lo anterior, se le unió una Teología de dudoso rigor teológico. Y es que, como alguien dijo: “la teología protestante surgió en Alemania, fue a Inglaterra, se trasladó a Estados Unidos, y se corrompió allí…”. A lo que un servidor añadió: “Y de EEUU se exportó a España e Hispanoamérica…”.
De ahí las posiciones tan conservadoras e -incluso- fundamentalistas, por lo general, de las Iglesias, los líderes de las mismas y de las diferentes Instituciones en la actualidad de nuestro mundo evangélico y protestante. Sin olvidarse de la influencia de tantos nuevos misioneros procedentes de América Latina que, a día de hoy, están copando iglesias y liderazgos de las mismas influenciados claramente por eso que se ha dado en llamar “evangelicalismo” de marcada ideología religiosa y conceptual de derechas en el más amplio sentido de la misma.
Por supuesto, un servidor, desde hace mucho tiempo -y junto con no muchos otros- está muy lejos de los anteriores posicionamientos. Tanto teológicos, como bíblicos, como hermenéuticos, como éticos, como sociales, como políticos.
El reto: recuperar los orígenes
No quisiera perder la esperanza a pesar de las dificultades internas -eclesiales-, y externas -seculares-. Todo lo contrario, quisiera esbozar algunas propuestas ante los retos del protestantismo catalán y español (no se olvide que todavía somos un pequeño grupo, resultando en un 3% de la población en el Estado) en el día de hoy, recuperando la tradición e historia democrática y progresista que les caracterizó. Y no sólo para gozar de credibilidad social. Tampoco para salir de la irrelevancia social o cultural. Sino para anunciar el mensaje de la buena noticia (evangelio) de Jesús de Nazaret, seguir la persona y mensaje de Jesús el Cristo, e intentar actuar a su luz.
Ante los retos actuales de la globalización, la tecnología, la política, la verdad, la desesperanza la resiliencia (Yubal Noah), la Iglesia Protestante en Catalunya necesita recuperar su política (“…manera de conducir un asunto para alcanzar un fin…”, RAE) para ponerla en el puesto de mando. Esto incluye –utilizando un esquema aplicado a un partido político por José Mª Mendiluce- reinterpretar la realidad que vivimos hoy, para entenderla; renovar la democracia interna para reforzarla; redefinir los conceptos y propuestas a realizar para que se entiendan y respondan a las expectativas; regenerar incluso nuestras organizaciones para que sean instrumentos eficaces; y recomponer el espacio para ampliarlo.
Y para no perder dicha relevancia, tanto como Iglesia local como Institución Protestante, ello será así en la medida de ser iglesias neotestamentarias que sean reflejo de la Iglesia que Jesús quiso fundar, Iglesias Reformadas, Iglesias con Principios Identitarios y Misioneros, Iglesias e Instituciones Protestantes comprometidas con la realidad actual. Tanto ad intra (comunidad cristiana de creyentes seguidores de Jesús y su mensaje y acción), como ad extra (una comunidad en diálogo ético, político, científico, social, ecuménico, interreligioso, y -especialmente- crítico).
No es la primera vez que digo y escribo esto, pero… Como la Obispa Budde, “Voz que clama en el desierto…”.
Pero… “Yo, también, estoy con ella…”. Tal vez, “ella esté conmigo…”

