¿En qué se parecen un nacionalista catalán y un nacionalista español? Parece un enunciado de chiste. Pero más allá de respuestas ocurrentes que se le puedan acudir a quien sea, hay algo que les une: ERC, Junts, PP y Vox rechazan considerar a Loles León merecedora de la Medalla de Oro de Barcelona, como se hizo evidente en el último Consejo Plenario de la ciudad, el pasado viernes, cuando tumbaron la propuesta de concederle su galardón más alto.
En el teatro catalán, cuando se habla de “La Loles”, todo el mundo sabe que se habla de Loles León. Con la llegada de la democracia, se hicieron visibles una serie de movimientos organizados, de nueva creación o herederos de la clandestinidad, también en el mundo del teatro. Loles León era del grupo de los psuqueros. Supongo que llegó más por el lado de los cabareteros que acabaron fundando la Cúpula Venus que por los de la entonces todopoderosa Escuela de Arte Dramático Adrià Gual que lideraba Ricard Salvat –profesor suyo– y que uno de los primeros papeles de Loles fuera en un Brecht que se hizo en Villarroel. Para confirmar su profesión de fe brechtiana, basta con saber que su hijo se llama Bertoldo.
Si se repasa la fototeca, se la puede ver en primera fila entre los actores que impulsaron en 1976 la “temporada popular” del primer Grec de la era actual, después de que la profesión teatral de Barcelona hubiera ido a la huelga en solidaridad con sus compañeros de Madrid. Se la puede reconocer en el Zeleste, en sesión cabaretera orquestada por Oriol Tramvia, o en la Cúpula Venus con sus amigos del grupo Roba Estesa o en el Romea, en La desaparición de Wendy, de Josep Maria Benet i Jornet.
Loles combinaba, por tanto, el teatro “serio” de la dramaturgia más vanguardista y el de “broma” de los cabarets izquierdistas. De la mano de la gente de la Cúpula Venus fueron a participar en un festival cabaretero a Madrid artistas como Pavlosky, Rubianes y la propia Loles, que presentó la versión en castellano de su espectáculo “Lola, espill fosc”. Hizo fortuna. Lo que viene después, lo sabe todo el mundo: “chica Almodóvar”, series y cine, reconocimientos y premios, casi siempre con base en Madrid, y no por su voluntad, ya que siempre que ha podido ha vuelto a trabajar en Barcelona.
A pesar del impecable catalán que siempre había utilizado sobre el escenario, esta hija de la Barceloneta hablaba castellano con “soltura”, lo que resulta práctico para hacer cine y televisión en castellano. En algunos círculos, en una determinada época, algunos quizás encontraron que no era suficiente de la ceba (de los suyos, vaya), algo que Loles no se abstuvo de hacer notar cuando se le preguntaba por qué no trabajaba más en Barcelona.
No sé si Loles León es la mejor o la peor candidata a la Medalla de Oro de Barcelona. Ella siempre ha reivindicado su pedigrí barcelonés allá donde ha ido y siempre que ha podido. Seguramente esto ha sido muy útil para evidenciar, dentro y fuera de Cataluña, que todos los catalanes no estamos cortados exactamente por el mismo patrón, lo que es una evidencia de aquellas que de vez en cuando conviene hacer evidente. Sobre todo teniendo en cuenta que los catalanes de ERC, los de Junts, los del PP y los de Vox son iguales cuando se trata de reprobar a una barcelonesa izquierdista. Eso solo ya merece un premio.

