La socióloga Mariña Couceiro ha coordinado el informe de la Fundación Cipriano García «Los otros catalanes y catalanas del siglo XXI. La población de origen extranjero y su afiliación a Comisiones Obreras». Es un extenso y documentado análisis de la presencia de la comunidad de origen extranjera en Cataluña, especialmente en el ámbito laboral. La comparación con el clásico “Els altres catalans”, donde Paco Candel analizaba la inmigración española en Cataluña de los años cincuenta del siglo pasado es inevitable. Hablamos de este informe con ella y con Liliana Reyes, responsable sindical de Nuevas Realidades del Trabajo, Territorio y Migraciones de CCOO.
¿En qué se parece la inmigración extranjera actual con la que existía cuando Candel hizo su libro?
MC- Es verdad que el perfil es muy diferente, evidentemente por origen y también por otras características sociodemográficas, sobre todo por el nivel educativo, pero creo que existe un elemento común, que es que tanto la inmigración que llegó del resto de España a lo largo del siglo XX, como la inmigración internacional que nos está llegando desde el inicio de este siglo, han constituido un elemento en Cataluña. La inmigración ha constituido, tanto a lo largo del siglo XX como a lo largo de lo que llevamos del siglo XXI, un elemento central del crecimiento demográfico y, por tanto, en el desarrollo económico y social de Cataluña. E incluso diría también en el progreso cultural y en el proceso de constitución nacional de Cataluña.
¿Son muy distintos los problemas que tuvieron los inmigrantes de los años cincuenta que los que tienen ahora los inmigrantes? El mundo ha cambiado mucho
MC- El perfil es muy diferente. El contexto social, político y económico es también muy diverso. Pero sí podemos establecer ciertos paralelismos. Buena parte de nuestro informe trata sobre la inserción laboral de los inmigrantes y cómo se produce en condiciones que son menos favorables que las de la población de origen autóctono. Hablamos de una segregación del mercado de trabajo según origen y éste es un problema que es paralelo al que tenía la inmigración de mediados del siglo XX de la que hablaba Candel. De hecho, nosotros empezamos el informe con una frase suya que decía que el inmigrante no ha venido a comerse el pan de nadie sino el suyo y ningún otro. ¿Qué estaba diciendo? Que el inmigrante no venía a robar los puestos de trabajo de los catalanes, sino que venía a realizar los trabajos que los catalanes no querían hacer. Aquí sí que podemos establecer un paralelismo claro, porque ahora tenemos la misma situación. ¿Qué trabajos, qué puestos de trabajo está desempeñando la inmigración de origen extranjero? Los más precarizados y los menos calificados. Quienes nadie quiere hacer o que son menos deseados por la población autóctona. Son los trabajos en el sector de la hostelería, el comercio, la construcción… Son trabajos que implican salarios más bajos, más temporalidad, más parcialidad involuntaria. Esta inserción en el mercado laboral en condiciones más precarias también está en la raíz de otras problemáticas que también tenía la inmigración de la que hablaba Candel y que se repiten en la inmigración actual, como son la del acceso a la vivienda, la pobreza o la exclusión social. Sí hay ciertos paralelismos.

¿La administración era más dura con los inmigrantes entonces que ahora?
MC- Es muy difícil realizar esta comparativa porque el contexto es muy diferente. Es evidente que la administración franquista no trataba bien a la inmigración. Basta con ver las condiciones en las que vivían los inmigrantes. No existía ningún tipo de sensibilidad hacia el colectivo ni hacia sus necesidades, pero no era porque eran inmigrantes sino por su condición social. Era un reflejo de cómo el régimen trataba a la clase trabajadora. En ese sentido, hemos mejorado. Se reconocen los derechos de los inmigrantes, pero en la práctica estamos lejos de estar en una situación ideal. En el Informe, nos focalizamos mucho en las problemáticas que tiene la inmigración extranjera por culpa del marco legal. Es un marco legal perverso, que dificulta mucho que las personas puedan integrarse. Establece unos criterios muy estrictos a la hora de conseguir un permiso de trabajo o de residencia. Exige unas condiciones para conseguir estos permisos que muchas veces no son realistas y que son muy difíciles de cumplir y, por tanto, están condenando a parte de esta inmigración a establecerse en nuestro país en una situación de irregularidad y de extrema vulnerabilidad. Además existe la falta de recursos. La administración no está poniendo todos los recursos que serían necesarios para manejar esta situación. Todos tenemos en mente los problemas que tienen los inmigrantes cuando deben realizar cualquier tipo de trámite burocrático, los retrasos con los que se encuentran, que les dificulta que puedan regularizar su situación o incluso hace que tengan que continuar en una situación de regularidad por culpa del retraso en la renovación de sus permisos de residencia o de trabajo. Sin embargo, hemos avanzado en la práctica, la situación dista mucho de ser la ideal.
La segregación del mercado de trabajo según origen es un problema paralelo al que tenía la inmigración de la que hablaba Candel
Hemos pasado de 6 a 8 millones de habitantes en Cataluña en unos 25 años. Gran parte de este crecimiento se debe a la población inmigrada. ¿Cómo ha afectado esto a la sociedad catalana?
MC- Siempre que existe un crecimiento repentino de la población hay desafíos. Hay desafíos de cómo gestionar el territorio, a nivel de planteamiento de políticas públicas, pero esto es independiente de si el crecimiento se debe a la inmigración oa la evolución natural de la población. Claro que existen desafíos. Nosotros vinculamos ese crecimiento de la población, de la inmigración, con el crecimiento económico. No podemos separar ambas cosas. La inmigración ha tenido un papel clave en el desarrollo económico que ha vivido Cataluña en las últimas décadas. No puede entenderse la Catalunya de hoy sin la aportación de estos flujos migratorios. De hecho, si nos fijamos en los sectores económicos en los que más ha crecido el PIB, son precisamente aquellos sectores donde ha habido una aportación más clara de los inmigrantes. El balance ha sido positivo desde un punto de vista económico y social. Cuando se habla de las consecuencias que tiene la inmigración y de este repentino crecimiento de la población, también debería considerarse lo ocurrido a la inversa. ¿Cuáles serían las consecuencias de la situación contraria?
¿Si no hubieran venido?
MC- Si no hubieran venido. También lo indicamos en el informe. Si no fuera por los flujos migratorios, desde el 2017 estaríamos en una situación de pérdida de población. El crecimiento natural de la población es negativo desde ese año; es decir, ya tenemos más defunciones que nacimientos. Y esto también tiene consecuencias a nivel económico y social. Deberíamos estar más preocupados por las consecuencias de esto que por el contrario.
¿Ha cambiado mucho el origen de los inmigrantes que han venido en estos últimos veinte o veinticinco años? ¿Ha fluctuado mucho?
MC- Tenemos más diversidad que a principios de siglo. Yo siempre hablo de inicios de siglo, de los años 2000, porque es cuando empezó la gran ola migratoria procedente del extranjero. Es verdad que existe mucha más diversidad, porque ahora ha crecido mucho la inmigración procedente de países que antes no teníamos, de Asia o de la Europa no comunitaria. Sin embargo, a grandes rasgos no ha cambiado tanto, porque, por ejemplo, el país que más inmigración llevaba a inicios de los años 2000, que era Marruecos, sigue siendo el país que más inmigración aporta hoy. Y después existe un protagonismo muy importante de los países procedentes de América Latina. Si hiciéramos un listado de cuáles son los diez países que más inmigración aportan actualmente, más de la mitad serían de América Latina y, concretamente, de Colombia, Argentina y Ecuador. De los europeos, tenemos una aportación muy importante de Rumanía, Francia o Italia, que es la primera comunidad extranjera en Barcelona.

¿Es muy diferente la inmigración que procede de la Europa comunitaria de la que viene de la Europa no comunitaria o de la que viene de fuera de Europa?
MC- Sí. Por un lado, está la diferencia del volumen, porque la inmigración que viene de la Unión Europea, la inmigración de origen comunitario, es minoritaria dentro del conjunto de la población de origen extranjero que tenemos actualmente en Cataluña. Representa en torno al 15% del total. Es un colectivo muy pequeño comparado con el extracomunitario, que es la gran mayoría de la inmigración que tenemos. Ha tenido una integración dentro del mercado laboral que se ha producido en condiciones mucho más favorables que la población de origen extracomunitario. Tiene puestos de trabajo más calificados, menos paro, menos temporalidad, menos parcialidad y salarios más altos. Y su distribución a la estructura ocupacional entre los distintos sectores económicos tiene una estructura muy parecida a la de la población autóctona. Trabajan más o menos en los mismos sectores que la población autóctona, algo que no ocurre con los extracomunitarios. Es un colectivo que tiene un nivel educativo mayor que el de los extracomunitarios, pero también más alto que la población autóctona. En el informe decimos que ésta no es razón suficiente para explicar esta segregación entre comunitarios y extracomunitarios dentro del mercado laboral. Más bien creemos que esta situación se debe al marco legal actual, que establece una segregación, una discriminación entre los comunitarios, que tienen el derecho a la libre circulación para acceder y trabajar donde quieran, que tienen casi los mismos derechos que la comunidad autóctona, y los extracomunitarios que tienen una normativa muy estricta que les dificulta legalizar su situación. Creemos que esta situación de partida, que viene marcada por un marco legal que es distinto por ambos colectivos, marca esta diferenciación.
Cuando se trata del debate sobre la inmigración, siempre aparecen las críticas a la Ley de Extranjería. ¿Tan mala es? ¿Tanto perjudica a los inmigrantes?
LR- Sí. Es un marco legal que en principio determina los derechos y libertades de las personas extranjeras en España pero que limita mucho el acceso a la regularización administrativa a quienes vienen a trabajar. Esta ley tiene como muchas consideraciones respecto a visados, contratación en origen,… cosas que están pensadas para aquellas personas que ya pueden venir por sí , pero para las personas que vienen a trabajar huyendo de sus países por violencia, por guerras, porque su vida corre peligro, porque se están muriendo de hambre, expulsadas, la ley lo que contempla son unos arraigamientos excepcionales. ¿Pero qué ocurre con estos arraigos excepcionales? Que uno de los requisitos es que permanezcan en el país tres años, que puedan demostrar que han estado viviendo aquí tres años. ¿Cómo se demuestra? Estando empadronados. Este marco les obliga a estar tres años sin permiso de trabajo o residencia porque no tienen acceso a ellos. Aunque un empresario les dé trabajo y quiera hacerles un contrato, no puede porque la ley lo impide. Tienen que trabajar tres años en negro. ¿De qué comerá esa persona? ¿De qué vivirá? La Ley de Extranjería crea mecanismos para regularizar o dar permisos de residencia para un tipo de personas extranjeras y pone más condiciones para otros. Por eso decimos que es racista y clasista, porque condiciona la vida de la gente que viene a trabajar.
En los últimos años se han introducido reformas en esta ley
MC- Las reformas que se han hecho han sido insuficientes porque los problemas de base siguen ahí. Mucha de la gente que viene del extranjero no puede cumplir con los criterios para obtener los permisos de residencia y de trabajo. La vía más habitual para solicitar la regularización es el permiso de residencia por arraigo. Ésta es la vía que elige la mayoría de inmigrantes. Pero si tienes que estar tres años en territorio español en situación irregular estás expuesto a todo tipo de abusos y eres totalmente vulnerable. Estás condenado a trabajar en la economía sumergida y aceptar cualquier tipo de condiciones laborales. Se han hecho cambios pero son insuficientes
¿Existen movimientos en marcha para cambiarla? ¿Existe suficiente presión social para conseguirlo?
LR- Sí, sí. Ha habido movimientos desde que se modificó en 2012 y 2022. Es una ley que tiene mucha controversia con la comunidad inmigrante y con sus asociaciones. Nosotros también hemos salido a decir de forma crítica que debe permitirse que las personas que vienen a trabajar accedan a un permiso y una contratación en condiciones dignas. También interesa que coticen. Como organización sindical, decimos que debe promoverse una modificación de la Ley de Extranjería que garantice los derechos de todas las trabajadoras y trabajadores de origen extranjero. Está previsto que en mayo entren en vigor unas modificaciones del reglamento de la ley que contemplan que en vez de exigir tres años por el arraigo se exijan dos. Es una mejora pero si no se ponen los recursos necesarios por parte de la administración pública para agilizar los trámites la gente continuará atascada. Si la ley se mejora pero los mecanismos que deben aplicarla no se dotan de los recursos necesarios para que no se tarde tanto en dar cita para recibir la documentación y en adoptar las resoluciones para dar la tarjeta correspondiente, seguirán pasando cuatro años antes de que se obtengan los permisos. También existen movimientos por parte de las entidades y las organizaciones sociales para reclamar que se haga una regularización extraordinaria de toda la bolsa de personas que se han quedado atrapadas en este cuello de botella. Hay muchas personas que se han encontrado con irregularidad sobrevenida porque la lentitud en la tramitación de los papeles hace que vencen los plazos y vuelvan a caer en la irregularidad. Hay más de 200.000 personas en Cataluña que deben regularizarse porque están trabajando. Se debe dar una solución a estas personas y volver a empezar con mecanismos ágiles.
¿La reforma laboral impulsada por Yolanda Díaz ha beneficiado a las personas inmigrantes?
MC- Es evidente que la reforma laboral ha tenido un impacto positivo sobre todo en las personas más vulnerables dentro del mercado laboral y aquí, efectivamente, están incluidas las personas de origen extranjero. El mayor impacto positivo es el de la temporalidad. En 2021, antes de la reforma laboral, la tasa de temporalidad de las personas de origen extranjero era de más del 30%. Un año después de la reforma laboral pasó a ser del 19%. O sea, estamos hablando de una disminución de más de 10 puntos porcentuales. Por tanto, sí, la reforma ha sido positiva, pero, evidentemente, es insuficiente. Es decir, mientras no se cambie la Ley de Extranjería y el marco legal, la reforma laboral sola no puede solucionar las problemáticas que tiene la inmigración.

LR- De entrada, la reforma laboral ha afectado a las personas extranjeras de forma positiva. La temporalidad y la parcialidad se han reducido. Y también les ha beneficiado el aumento del salario mínimo interprofesional. Las conquistas y mejoras sindicales también llegan a los trabajadores extranjeros. Ahora lo que hace falta es adaptar la Ley de Extranjería a la nueva realidad ya las nuevas necesidades de la sociedad. El gobierno debe sentarse con los agentes sociales para hacerlo. Hace poco estuve en una jornada que organizaba PIMEC y esta patronal estaba interesada en cómo se gestionan los flujos migratorios, porque necesitamos personas que vengan a trabajar, necesitamos personas que equilibren la pirámide demográfica. Por otra parte, como dice el modelo social de Europa que somos, necesitamos una perspectiva de derechos humanos. Cuando le preguntas a alguien de izquierdas y con una mínima perspectiva de derechos humanos si está de acuerdo con que una persona esté tres años en la irregularidad, en la precariedad, sin poder cotizar, sin derechos, te dirá que no. Y que si puede trabajar con un contrato y cotizando a la Seguridad Social te dirá que vale.
¿Y cómo debería conseguirse? MC- Con la reforma de la Ley de Extranjería. El problema de base es la Ley de Extranjería
En el informe se hace referencia a una encuesta que concluye que los ciudadanos creen que la inmigración es la principal preocupación de la sociedad por delante del paro o la sanidad. ¿Es así? Al menos, sorprende
MC- Éste es un dato del CIS de septiembre de 2014 y era la respuesta a la pregunta de cuál pensaban los encuestados que era la problemática más preocupante (percepción general) de la sociedad catalana. Había un porcentaje mayoritario de gente que decía la inmigración. Pero después había otra pregunta sobre cuáles eran las problemáticas que más les afectaban a ellos personalmente, y aquí el porcentaje de la gente que escogía la inmigración era mucho más bajo. Esto demuestra que la inmigración no es una problemática que afecte al día a día de la mayoría de la gente. Esta percepción general de la inmigración como un problema se debe, por un lado, al tratamiento que realizan algunos medios de comunicación de la inmigración, que es demasiado sensacionalista desde mi punto de vista. Basta con ver el tratamiento que se hizo del tema de la crisis migratoria canaria o que se realiza, por ejemplo, del de los menores no acompañados. Estos medios ayudan a crear la alarma social de que tenemos un problema, la amenaza que nos están invadiendo. Y, después, aquí está jugando un papel clave la extrema derecha, a la que le interesa destacar este relato y convierten a la inmigración en el chivo expiatorio de todas las problemáticas que tiene la sociedad. Se trata de problemas estructurales complejos que estos partidos no quieren afrontar.
El problema no es la inmigración, es la desigualdad y la mala gestión de los flujos migratorios
Cuando la extrema derecha habla de sustitución demográfica ¿qué piensa?
MC- Es verdad que la inmigración es el principal factor de crecimiento demográfico. No sólo en Cataluña, en todos los países occidentales está ocurriendo lo mismo porque tenemos una pirámide de población envejecida y lo que está haciendo que haya crecimiento demográfico es la aportación migratoria. Pero de ahí a hablar de sustitución demográfica o de esta teoría del gran reemplazo, que es el término que utiliza la extrema derecha, hay un trecho. No existe esta sustitución demográfica y puede demostrarse con datos. Es un debate muy alejado de la realidad. Nuestras sociedades se han compuesto a lo largo del tiempo con esta mezcla, con la continua llegada de flujos migratorios. No existe una sociedad pura, perfectamente aislada, que no se haya formado a partir de flujos migratorios. Flujos migratorios los ha habido a lo largo de toda la historia. Es un elemento más de este relato, de esa teoría de la conspiración que hace de la inmigración la raíz de todos los problemas sociales que tenemos actualmente.
LR- Se ha situado mediáticamente la inmigración como un problema pero el problema no es la inmigración. El problema es la desigualdad, el problema es la mala gestión de los flujos migratorios, la mala gestión de las políticas de convivencia, la mala gestión o la falta de políticas de acogida. Y esto acaba afectando a las condiciones de vida de la gente en general. La extrema derecha lo aprovecha pero hay que denunciar también a los poderes políticos que no quieren hacer estructuras que tengan que ver con trabajar por la igualdad y por invertir en servicios públicos suficientes. Se alimenta el falso relato, fácil y simple, que quienes nos roban son otras personas más pobres que nosotros, vulnerables e inmigrantes, y no los ricos que siempre nos han robado. Están haciendo que se cambie el foco para que nos peleemos entre nosotros. La riqueza existe en este país, lo demuestran los últimos datos. Hay empleo y crecimiento. La riqueza que se está generando es necesario redistribuirla. Hay que hacer más centros de atención primaria, más hospitales, poner más médicos, más escuelas en municipios como L’Hospitalet donde hay muchos niños inmigrantes que llegan cada día, pero al no hacer nuevas escuelas, ¿qué pasa con los que están aquí? Que se sienten invadidos. Pero esto es por una mala gestión de las políticas de quienes no quieren que haya para todos y alimentan la acusación a los inmigrantes porque nos peleamos entre nosotros mientras ellos siguen haciendo dinero.
La inmigración no es una problemática que afecte al día a día de la mayoría de la gente
¿La palabra ‘integración’ es la adecuada para hablar de la incorporación de los inmigrantes a nuestra sociedad? No a todo el mundo le gusta este término
MC- Yo no tengo ningún tipo de problema al utilizar la palabra ‘integración’. Sé que se preferiría utilizar la palabra ‘inclusión’. Integración lo que significa es incorporación de individuos a una estructura previamente existente, que puede ser nuestra sociedad o puede ser el mercado de trabajo. Yo no tengo ningún tipo de problema al utilizarlo. El problema es cómo se conceptualiza la integración. No debe confundirse integración con asimilación. Muchas veces se dice que «no se quieren integrar», que es una frase que se escucha a menudo. Lo dice gente que quiere que los inmigrantes asimilen al cien por cien nuestra forma de pensar, nuestra forma de vivir. Si identificamos diversidad con falta de integración haremos muy mal. Considero que la integración debe ser bidireccional; es decir, del individuo hacia la sociedad y de la sociedad hacia el individuo y, por tanto, a la sociedad también le corresponde poner los medios necesarios a través de sus instituciones para que estas personas puedan integrarse en la sociedad y vivir de una manera digna. Aquí hay mucho camino por recorrer. Para mí no es un problema pero sí que es verdad que conceptualmente se utiliza más la palabra ‘inclusión’.
¿Es mucho más fácil la inclusión de inmigrantes que vienen de países de América Latina y que hablan castellano que de los que vienen de países con otras lenguas?
LR- Acabo de leer una noticia en un diario de derechas que decía que la comunidad latina está muy preocupada por la exigencia del catalán para obtener los permisos. Yo creo que son muy pocos. Todos queremos aprender el idioma. Para nosotros ( Liliana es mexicana y vive en Cataluña desde 2017 ) es más fácil integrarnos porque el idioma y las costumbres son similares. Nos entendemos en castellano y el catalán nos cuesta aprenderlo, pero queremos hacerlo. No nos supone ningún peligro. Todo lo contrario, las plazas del Consorcio de Normalización Lingüística están llenas. Todos queremos apuntarnos y que abran más plazas, más allá del catalán básico. Necesitamos que las subvencionen, porque cada nivel es un dinero. Lo que incomoda es que exijan un buen nivel de catalán para tener un mejor trabajo pero después ¿cómo lo hago si no hay plazas para los fines de semana o en horarios a los que pueda ir a clase, o me lo he pagado yo? Si hay oferta y políticas suficientes nosotros vamos. Ahora que está saliendo que nos van a exigir el catalán, hay que recordar que en el informe de integración que se pide por el arraigo ya existía en la Ley de Acogida catalana. Y esto es beneficioso. He dado cursos de derechos laborales a mujeres de otros países trabajadoras del hogar y de los cuidados y cuando les hablas de aprender catalán y la cultura catalana no lo ven como un obstáculo sino como una oportunidad. Es necesario poner más recursos para que podamos aprender catalán.
Los inmigrantes no ven aprender catalán y la cultura catalana como un obstáculo sino como una oportunidad
MC- La Federación de Educación de Comisiones Obreras hizo recientemente un comunicado en el que denuncia que había más de 4.000 personas en lista de espera por los cursos del Consorcio para la Normalización. No se está garantizando el derecho a que todo el mundo pueda hablar en catalán, más allá de los cursos básicos. Para integrarte en el mercado laboral debes tener competencias completas en la lengua, más allá del curso básico que te permite acceder a un primer nivel, pero para el resto de niveles es muy difícil acceder a cursos. Y después está la cuestión de los precios. Un curso de suficiencia cuesta casi 300 euros. Es verdad que existen descuentos para desempleados pero una persona en situación irregular no podrá acceder a estos descuentos. Aunque sólo sean cien euros, ¿es que alguien piensa que una persona en situación de vulnerabilidad podrá afrontar ese pago? Si queremos que la gente aprenda catalán, garantizamos el derecho a que la gente pueda hablar y aprender el idioma y no lo utilicemos como una barrera de acceso para determinado tipo de sectores y de trabajos.
La práctica del islam en una sociedad donde la iglesia católica tiene mucho peso, el uso del velo por parte de las mujeres ¿suponen un problema para la integración de la inmigración musulmana?
L.R.- Por eso reclamamos políticas de convivencia que hagan frente al desconocimiento. Hay muchos rumores e ideas falsas, mucho desconocimiento de la historia, por ambas partes, y esto hace que se segregue a la sociedad. Nosotros, en las negociaciones sindicales, proponemos que los convenios colectivos contemplen las cuestiones culturales y religiosas de los trabajadores. Nos parece importante. Ellos tienen el Ramadán; nosotros, Navidad. El miedo viene del desconocimiento y nos falta mucho por avanzar en el conocimiento de la nueva sociedad, de cómo estamos compuestos.
Vox o Silvia Orriols dicen que acabaremos todos musulmanes
En este sentido existe un problema de percepción. Existe una visión totalmente distorsionada de cuál es la realidad de la inmigración. La mayoría de la gente piensa que tenemos una inmigración que es analfabeta, y lo que dicen los datos de nuestro informe es que tiene un nivel educativo muy similar al de la población española. Un estudio del Centre d’Estudis d’Opinió decía que más de la mitad de la gente pensaba que la población extranjera en Catalunya era un tercio del total, cuando, según los datos del padrón de habitantes de 2023, era un 17%. Y un 16% de los encuestados pensaba que la población extranjera en Catalunya era el 50%. Existe un desconocimiento absoluto. Y por parte de la extrema derecha se alimenta este tipo de discursos de “nos están invadiendo”, “son muchos”, “nos cambiarán la forma de pensar, la forma de ser”, “nuestra cultura está en peligro”… Y es totalmente falso. No hay ningún tipo de invasión, podemos convivir todos sin problemas. No hay un reemplazo, ni las cifras exageradas de población de origen inmigrante. Estas cuestiones se combatirían mejor si hubiese más conocimiento por parte de la gente de cuál es la realidad de la inmigración que tenemos hoy en día.
No hay ningún tipo de invasión, no existe un reemplazo, como dice la extrema derecha. Podemos convivir todos sin problemas
Los inmigrantes se sindican poco. Porque?
L.R.- Muchos venimos de países del sur global donde el sindicalismo tiene una mala reputación y, por tanto, desconfiamos al principio. Sindicato nos suena a algo corrupto. Es un desconocimiento de lo que significa aquí. Yo recuerdo que cuando conocí a CCOO me sorprendió muchísimo, porque no era la idea que yo tenía del sindicalismo. Nosotros también tenemos como reto acercarnos más a los trabajadores y trabajadoras extranjeras. Se están afiliando cada vez más porque ven que es una herramienta útil para sus intereses laborales, pero debemos representarles mejor, y ahora, en los próximos años, lo haremos. Les explicaremos la Ley de Extranjería, cómo les afecta, cómo afecta a sus familias, cómo reagruparlas, qué derechos tienen, qué deben hacer para votar y participar políticamente. Tenemos ese reto, ser útiles, acercarles el sindicato. Tienen el derecho al idioma, a participar en oposiciones, a que se agilice la convalidación de sus estudios… Tenemos que representar estos intereses. Cuando descubren la utilidad de la herramienta se implican, se juntan a las candidaturas, se hacen delegados y delegadas… Nos queda mucho camino por recorrer en este trabajo.
Los inmigrantes se están afiliando cada vez más porque encuentran que el sindicato es una herramienta útil para sus intereses pero debemos representarlos mejor
El informe acaba diciendo que es necesario reforzar la idea de Catalunya como un solo pueblo. ¿Cómo se hace un solo pueblo?
M.C.- En el capítulo de las propuestas sindicales hablamos de ello. Quiere decir, por ejemplo, reforzar los servicios públicos o, garantizar el conocimiento de la lengua, que todo el mundo tenga derecho a hablar y a vivir en catalán.
L.R.- Yo trabajo y vivo en Catalunya. Soy catalana. Soy catalana al igual que Mariña, que es gallega. Somos el mismo pueblo, estamos aquí, luchamos por la misma gente, las mismas cosas…

¿No somos un solo pueblo, ya?
L.R.- Sí, pero nosotros también hemos de integrarlo. Yo ya lo tengo claro pero la gente que viene y elige estar en Catalunya, tener aquí su casa, su puesto de trabajo para los próximos años, para su vida futura, debe sentirse también parte de un solo pueblo, como todos los demás.
M.C.-Y por eso debemos acabar con la desigualdad. No podemos tener una Catalunya en la que haya dos categorías en el mercado de trabajo, en la que haya esa segregación. Mientras no garanticemos los mismos derechos para todos y especialmente para la inmigración de origen extracomunitario, es muy difícil conseguir esta unidad.
L.R.- Has de sentirte de aquí
M.C.- Exacto. Se debe trabajar para garantizar que todo el mundo tenga los mismos derechos y oportunidades. Ésta es la manera. Es una carrera de fondo, pero se logró con la inmigración de los años 60. La obra de Candel va en esa dirección. Es una lección que tenemos del pasado, de cómo se logró integrar la inmigración que llegó del resto del estado español. Me dirás que era en otro contexto, que los inmigrantes tenían un perfil más parecido a los catalanes, pero en ese momento parecía imposible y hoy en día ¿diferenciamos entre la gente nacida en el resto del estado español y la que ha nacido en Catalunya? Yo no veo esta diferenciación, y por tanto se puede conseguir. Los hijos de los que vinieron en los años 60, 70, que viven ahora en Catalunya, son catalanes y catalanas de pleno derecho.
L.R.- Tienes razón. Lo digo por experiencia. Es verdad que el sentido de ser catalán va ligado a los derechos, a sentirte en condiciones de igualdad con los demás. Me acuerdo de que, al principio, cuando me preguntaban de dónde era yo, siempre decía que de México. Ahora digo que soy de Rubí.
M.C.- Lo mismo que se logró con los hijos de los inmigrantes de los años 60, 70, que se sienten catalanes, debemos conseguirlo con las segundas y las terceras generaciones y con los hijos de los inmigrantes que están llegando del exterior. Si no, fracasaremos. Estamos viendo que el ascensor social, ya para nuestras jóvenes, está estropeado, pero es que para esa gente, lo está más aún. Si no conseguimos la integración de estas segundas y terceras generaciones, que se están incorporando ahora al mercado laboral -estoy hablando de los hijos de quienes llegaron a inicios de siglo- sufriremos mucho. Tendremos problemas muy graves.
¡Final de entrevista preocupante!
Por eso debemos trabajar en esta dirección y se puede conseguir.
Para más información: la Universitat Progresissta d’Estiu de Catalunya (UPEC) celebra este sábado 6 de abril, la jornada Un sol poble Els altres catalans i la Catalunya que no s’acaba

