Larisa es una de las 257.602 personas que han pedido la regularización extraordinaria en Cataluña, pero detrás de esta cifra inmensa hay una historia que empieza en un punto muy concreto del mapa: Sant Feliu de Llobregat. Hace dieciséis meses aterrizó allí con su hija, después de un viaje que no solo la llevó lejos de Tumaco, el pueblo colombiano donde creció rodeada de miedo e incertidumbre, sino también de una vida que ya no podía garantizarle seguridad. En Sant Feliu, dice, empezó «una nueva etapa», y lo hizo desde el primer día, con la urgencia de proteger a su hija y con la determinación de construir un futuro que no dependiera del temor.
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Hoy, instalada en la Llar Sant Llorenç gracias al apoyo de Cáritas, Larisa habla desde un lugar diferente: un espacio de calma, de acompañamiento y de esperanza. La regularización extraordinaria es, para ella, mucho más que un trámite: es la posibilidad de vivir sin miedo, de trabajar con derechos, de dar estabilidad a su hija y de contribuir a la ciudad que ya siente suya. «Somos dos vecinas más», dice, «solo que todavía no tenemos las condiciones adecuadas».
¿Cuánto tiempo hace que vives en Cataluña? ¿Y en Sant Feliu?
Desde que llegué a España hace dieciséis meses siempre he vivido aquí. Desde el primer momento que llegué a Sant Feliu he empezado a construir una nueva etapa de mi vida conjuntamente con mi hija. Yo vengo de Colombia, de un pueblo llamado Tumaco, y noto mucho la diferencia. Ha sido un cambio total.
¿Qué es lo que más notas?
La forma de ser de las personas, por ejemplo. Nosotros somos algo más espontáneos y las personas de aquí siento que son algo más reservadas. Y, evidentemente, la seguridad. Aquí me siento mucho más tranquila, mi hija está mucho más tranquila y puede hacer una vida normal para su edad. Puede salir con sus amigas y yo no tener miedo de que le pase algo malo. Ha sido un cambio muy grande pero evidentemente muy bueno.
¿Qué te hizo venir aquí?
Decidí venir hacia aquí pensando en mi hija. Cuando estábamos en Colombia, había cosas que no me gustaban. Yo soy madre soltera y a pesar de que vivíamos a tres minutos de la escuela no me atrevía a dejarla sola. Había muchas noticias de niños desaparecidos, niñas violadas, muchas cosas que me condicionaban. Estuve pensando y decidí que quería un futuro mejor para mi hija y fue cuando empecé este viaje.
¿Cómo fueron la adaptación o las primeras sensaciones?
Me está gustando bastante. Me conformo únicamente con el hecho de que mi hija pueda salir libremente sin miedo. Me recuerdo el primer día de escuela, que la acompañé hasta la puerta. El día siguiente ya vino diciendo que quería ir ella sola. La dejé, a pesar de no estar confiada del todo, pero acabé viendo que no pasaba nada y que era completamente seguro. Incluso con el catalán no estamos teniendo ningún problema. Yo estoy haciendo cursos de catalán, actualmente estoy al nivel básico dos. Mi hija también lo practica en la escuela y no estamos teniendo ningún problema, la integración ha sido muy buena. Nos hemos acoplado muy bien.
¿Cuáles han sido las principales dificultades que has encontrado?
La principal dificultad fue encontrar una vivienda digna. Aquello fue una experiencia dura y más cuando estás a cargo de un menor. También el hecho de encontrar un trabajo estable y que paguen lo que la persona se merece. A pesar de que de primeras se acepta cualquier trabajo, aunque las condiciones no sean las más adecuadas, puesto que lo que queremos es empezar una nueva vida lo mejor posible.
Cuando volvimos a la casa donde estábamos alquiladas, el propietario nos cambió la cerradura de la puerta. No pudimos entrar ni a recoger nuestras cosas
¿Hay algún momento que recuerdes especialmente duro?
El momento más duro está relacionado con esta búsqueda de vivienda digna. A pesar de que tuve suerte y encontré rápidamente una habitación donde poder quedarnos las dos, vivimos una situación muy fuerte y muy dolorosa. Cuando llevábamos poco tiempo viviendo en Sant Feliu decidimos ir a Barcelona a ver la Sagrada Familia y hacer un poco de turismo. Cuando volvimos a la casa donde estábamos alquiladas, el propietario nos cambió la cerradura de la puerta. No pudimos entrar ni a recoger nuestras cosas, las tuvimos que dejar dentro de la casa. Por suerte había cogido los documentos míos y de mi hija y los llevaba en la mochila porque si no se hubieran quedado también dentro de aquella casa.
¿Os dio algún motivo de por qué os dejaba fuera cuando le estabais pagando lo que os pedía?
Nunca nos ha explicado el porqué. Estamos en un proceso de demanda pero no avanza y no se ha podido hacer nada. Yo siento que es por el tema de los okupas y de prejuicios. Al verme con mi hija menor de edad se pensaría que me quedaría dentro sin pagarle. Duramos allá dos meses y siempre tuve la sensación de que él pensaba que por cobrarnos trescientos cincuenta euros y dejar que durmiéramos ya nos estaba haciendo un favor. Y aquello no era ningún favor, puesto que yo le pagaba el precio que acordamos desde el principio y en ningún momento dejé de pagarle. Duramos dos meses en aquel piso, que tampoco estaba en las mejores condiciones que se diga.
¿Qué hicisteis en aquel momento? ¿Dónde fuisteis?
La PAH contactó con nosotros y nos ayudó mucho en aquellos primeros días que no teníamos donde ir. Nos ayudaron a organizarnos. Después de aquella experiencia he aprendido que todo pasa por algo. Gracias a vivir aquello encontramos un nuevo lugar para vivir mucho mejor que el que teníamos. Ahora vivimos en un recurso de Cáritas al hogar Sant Llorenç. Ya hará un año que vivimos allá y estamos mucho más contentas. Compartimos experiencias con personas que han pasado por situaciones similares y nos ayudamos mutuamente unas a otras. Hablar entre nosotros y escucharnos también es una manera de ir avanzando. Hemos creado una red de apoyo muy fuerte. Hagamos piña entre todas.

¿Como os ha ayudado Cáritas en todo este proceso?
Yo siempre he sido madre soltera y sin el apoyo de Cáritas yo estaba completamente sola con mi hija. Todo dependía solo de mí, tanto las cosas buenas como las malas. Ahora podemos integrarnos con las otras mujeres y niñas que viven en la Llar Sant Llorenç y compartimos experiencias diversas. Nos ayudan a integrarnos y a saber todas las condiciones para poder trabajar dignamente. Ha sido un gran apoyo, tanto para mí como para mi hija, como para todas las mujeres que participan.
¿Por qué decidiste presentar la solicitud para pedir la regularización extraordinaria?
Básicamente para poder estar aquí de manera legal. Ya estoy aquí y quiero hacer las cosas bien. Quiero poder trabajar, poder tener todos mis derechos como trabajadora y como residente. También que mi hija se beneficio de todos estos derechos.
¿Qué significa para ti esta oportunidad?
Significa poder avanzar de una manera mucho más segura. Avanzar con más tranquilidad y con más esperanza y sabiendo que estamos haciendo las cosas de la mejor manera posible. Avanzar como cualquier otra persona que sea de aquí. Ahora no estamos haciendo nada mal tampoco, pero sí que nos da la seguridad que con la regularización estaríamos más tranquilas y podríamos contribuir y ayudar a la ciudad mucho más.
¿Has sufrido situaciones de abuso o discriminación por no tener la documentación regularizada?
Afortunadamente no, no he sufrido ninguna discriminación. Lo único es que al no tener documentos, a la hora de buscar un trabajo se aprovechan y te dan mucho menos por un trabajo que tendrías que cobrar más. Pero yo lo acepto porque necesito trabajar.
Con la ayuda de personas como las trabajadoras de Cáritas, todo se hace mucho más sencillo.
¿Crees que es fácil entender los trámites administrativos o hay muchas barreras?
Es un poco difícil porque es en un nuevo país y los trámites pueden ser complicados. Con la ayuda de personas como las trabajadoras de Cáritas, todo se hace mucho más sencillo. También los cursos de primera acogida me han servido mucho y me han facilitado un poco el camino. He intentado apuntarme a todo e ir a todo para poder integrarme de la mejor manera posible, tanto yo como mi hija.
¿Te sientes parte de la ciudad y de la comunidad donde vives?
Sí. A pesar de todo, desde que llegué aquí a mí me gusta mucho Sant Feliu. Yo soy una persona muy tranquila y esta ciudad también lo es. Somos como una misma cosa, nos equilibramos muy bien. Me gusta mucho, tanto a mí como mi hija. Era lo que más me preocupaba, y a día de hoy estoy muy contenta de cómo se ha adaptado y de lo felices que somos.
¿Cuál es el principal objetivo principal o sueño ahora mismo? ¿Cómo imaginas tu vida de aquí a cinco años?
Mi principal objetivo es tener una buena estabilidad laboral. Yo no me cierro a ninguna oportunidad que me llegue porque yo lo que necesito es poder trabajar. Yo tengo formación en telemárketing, soy agente comercial. He trabajado en servicio al cliente tanto presencialmente como telefónicamente. Pero bueno, como he dicho, no me cierro a ninguna oferta laboral. También tener una mejor vivienda. A pesar de que en Cáritas estamos muy bien, quiero tener la oportunidad de poder vivir sola con mi hija. Darle algo más adecuado para ella. También me gustaría poder ser voluntaria, ya sea de Cáritas o de alguna otra organización que ayude a las personas inmigrantes a integrarse. Es una gran ayuda para las personas que llegan nuevas, puesto que yo lo he vivido y estoy muy agradecida. Yo creo que todo esto es muy posible.

¿Por qué crees que es importante la regularización extraordinaria?
Es muy importante porque las personas inmigrantes ya estamos aquí en España. No es que llegamos mañana para pedir esto, no, nosotros ya formamos parte de la sociedad. Somos dos vecinas más de la ciudad, pero con la única diferencia de que no tenemos las condiciones adecuadas. La mayoría de las personas emigrantes trabajan y no cotizan ni tienen pensiones. Ni siquiera podemos aportar a la Seguridad Social, cosa que es muy crucial para el país. Creo que para todo el mundo, tanto para nosotros como para el país, esto será muy bueno y gratificante, puesto que la mayoría estamos en una edad donde podemos trabajar todavía treinta años más y esto beneficia a todo el mundo. Pero sí, lo más importante es que somos personas que ya formamos parte de la vida comunitaria de la ciudad. Compartimos espacio y tiempo con todos los ciudadanos de Sant Feliu desde hace casi dos años.
No llegamos a un nuevo país con la necesidad de estorbar, sino que queremos contribuir al país
¿Crees que la sociedad conoce bastante bien la situación de las personas migrantes?
En parte sí y en parte no. Hay gente que sí y gente que no. Las personas migrantes queremos salir adelante y por eso mismo decidimos salir de nuestros países. Pensamos en el futuro de nuestra familia y en darles mejores oportunidades. En mi caso, fue en el futuro de mi hija. No llegamos a un nuevo país con la necesidad de estorbar, sino que queremos contribuir al país de llegada y, evidentemente, al país donde todavía nos quedan familiares.
¿Qué es lo que más te gustaría que entendiera la gente sobre las personas que estáis esperando regularizar vuestra situación?
Que no piensen que será una cosa que perjudicará el país, sino que lo vean como una esperanza. Somos muchas personas inmigrantes que no podemos contribuir y de este modo lo estaríamos haciendo. Este trámite es un beneficio para todo el mundo, tanto para las personas inmigrantes como para los nacidos aquí. Se tienen que dejar fuera los prejuicios. La gente que decide venir aquí lo hace para buscar una nueva oportunidad. No por nacer en un lugar o en otro tienes que tener peores o mejores condiciones.
Al acabar la entrevista, Larisa quiso agradecer a todas las personas que las han ayudado sin conocerlas y a todas aquellas personas que dan voz a historias como la suya: la de una madre que ha atravesado fronteras para proteger a su hija, pero también la de una santfeliuenca que reivindica el derecho a formar parte, plenamente, de la comunidad donde ha encontrado refugio. Una historia que, como tantas otras, explica qué hay detrás de las 257.602 solicitudes: vidas que buscan seguridad, dignidad y futuro.
Artículo original de Fet a Sant Feliu


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