Entrevista a Xiana do Teixeiro, cineasta, productora e investigadora. Coguionista y productora de Salvaxe, premio al mejor documental en el Festival de Málaga 2024. Su primer largometraje fue Tódalas mulleres que coñezo (2018). Crías, el film que abrió la Mostra Internacional de Films de Dones el pasado mes de mayo, lleva al cine el diario íntimo femenino adolescente.

Aquí la versió en catalá


Has participado activamente en espacios como la Mostra Internacional de Films de Dones. ¿Cómo valoras la salud actual de los circuitos de distribución alternativa y no comercial para propuestas tan radicales y ensayísticas como las tuyas?

Es uno de los temas que hablamos más con mis amigas y colegas productoras y cineastas de estos otros cines, sobre todo documental y ensayístico. Nos faltan lugares donde hablar y hacer. Para una cineasta es uno de los momentos que vivimos de manera más desempoderadora, porque se escapa prácticamente totalmente de nuestro control. Yo trabajo en un cine que es muy artesanal, como cineasta. Cuidamos mucho la escritura, el montaje, llegar a una etapa donde tu trabajo será mirado en un contexto donde la predisposición que se ve cada vez más, sobre todo por parte de las programadoras y programadores de festivales, es más comercial. Su mirada, después de la cantidad ingente de films que tienen que ver en las secciones competitivas, también es jerarquismo, capitalismo competitivo, cultura jerarquizada.

Se ha inaugurado la muestra con tu film Crías. Es el resultado de un proceso de investigación artístico de más de diez años. ¿Cómo ha evolucionado tu propia mirada como cineasta a lo largo de esta década trabajando con un material tan sensible?

Es material sensible. Decidí hacer una recogida de diarios y recoger memoria oral y objetos. Yo no tenía casi referentes. no había escritores sobre diarios y de adolescencia, no los encontraba. Creé mi propia colección, con donaciones, mujeres que me dejaban leer generosamente, de todas las edades y sin darme cuenta que estaba a sucumbiendo al archivo, que me estaba centrando en el archivo. Para la película el archivo era un problema, lo que llega nuevo me lleva a revisar todos los anteriores y a querer recoger más y ver más. Y es un terreno ignoto, prácticamente. Y la película había que cerrarla. El proceso de montaje de cine es muy destructivo. Hay una secuencia de la película donde se reflexiona sobre esto, en mi línea de tiempo de montaje digital, a medida que el trabajo progresa, va borrando esto. Ha sido un proceso largo de investigación que me costó cerrar. Personalmente creo que afecta cuando los proyectos se alargan demasiado y se hacen demasiado en soledad. Cuando trabajas tú sola, cuando estás mal personalmente… Esto también fue un aprendizaje, es una cosa evidente, pero yo no lo había vivido.

Defines la película como un film-zine construido de manera colectiva con diarios reales de adolescentes. ¿Cómo gestionaste el equilibrio entre respetar la intimidad cruda de estos escritos y darles una dimensión cinematográfica y pública?

Me guié sobre todo por dos normas. Todas las aportaciones tendrían que ser voluntarias y siempre de mujeres y adultas. Esto me posibilitaba cierta legitimidad y, por otro lado, mi voluntad no ha sido nunca desvelar, sino quizás señalar un secreto. O sea, lo desvelas y lo desactivas. A mí no me interesa revelar, sino señalar y sobre todo señalar prácticas comunes.

Tu primer largometraje, Tódalas mulleres que coñezo, abordaba directamente la violencia estructural, el miedo y la resistencia de las mujeres en el espacio público. ¿Crees que el cine de carácter «hablado» y directo es la herramienta más eficaz para agrietar el mito de la igualdad?

Tódalas mulleres que coñezo habla, se acerca a una de las emociones, creo que, en la jerarquía de nuestra sociedad, más bajas, más vergonzantes, una vergüenza que también es de género, que es el miedo; y del que tampoco hablamos mucho, obviamente, porque no es agradable, porque hay algo de volver a vivir los hechos cuando los volvemos a explicar. Hablar de cómo nos sentimos cada día de nuestra vida en el espacio público en relación con las violencias machistas que sufrimos, especialmente el terror sexual. Hablar de esto, de repente poner palabras, puede resultar transformador, como un espacio fundacional. La conversación, simplemente, la conversación entre iguales, entre personas que tengan experiencia o que formen un espacio de este tipo.

Has trabajado en la descentralización del ser humano respecto a la natura. ¿Cómo se traduce visualmente esta mirada ecofeminista?

Yo siempre trabajo con perspectiva ecofeminista. El feminismo también tiene que tener en cuenta en el centro las condiciones materiales, el impacto material que estamos teniendo. Qué tipo de representaciones en imagen se han hecho de las realidades más que humanas, de las otras especies no humanas. La historia del audiovisual, la televisión mucho y también el cine, es una historia bastante terrible. La proliferación de imágenes y de representaciones ha contribuido al empeoramiento de las condiciones de vida. Lo más importante es aplicar como principio la renuncia, aplicar principios de economía, de decrecimiento, no ir a grabar. Quizás es renunciar a la imagen o, por supuesto, a imágenes de altísima calidad y, de hecho, proponer a las personas espectadoras que cuando vemos una imagen de cierto tipo, por ejemplo, imágenes de hiper alta definición de un animal, de unos animales que los humanos sabemos que están asediados, hay que desconfiar de esta imagen. Hay una impronta icónica en la imagen y, por ejemplo, imágenes que tienen mucho ruido, que son de mala calidad, las imágenes de cámaras trampa, de cámaras automáticas que se disparan solas por la noche, que son como las cámaras de vigilancia, este tipo de imágenes nos llevan a otra visión que también nos incluye algo más a nosotros. Estoy haciendo experimentos de diferentes tipos, de diferentes técnicas de grabar determinadas plantas, de cómo yo las miro, me van enseñando a mí como yo estoy mirando. Y hay una pulsión en que yo quiero conseguir una imagen que nos saque de la ceguera vegetal, de ese no darnos cuenta de que están vivas, las plantas. Quizás esto no lo consiga. Es posible que no, no depende solo de mí, depende de la mirada también, porque también se construye desde la mirada.

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Carme Porta

Jefa de comunicación de la Fundació SURT y miembro de la Xarxa Renda Bàsica

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