Llegar a la hora a los sitios se ha convertido en un reto para muchas personas que utilizan la Renfe. Cientos de ciudadanos y ciudadanas, tanto de Sant Feliu como de alrededor, deben desplazarse a diario con el servicio de Cercanías : para ir al trabajo, para ir a estudiar, para hacer visitas… Lo que debería ser un trayecto minutado desde el momento en que se sale de casa se convierte en un viaje lleno de adversidades y de interrogantes.
Hoy, ¿pasará el tren? ¿Cuántas incidencias habrá? ¿Afectarán al R4? ¿El tren se parará antes de llegar a plaza Catalunya? Son algunas de las preguntas que rondan por la cabeza de los usuarios de Cercanías cada vez que deben utilizar el servicio. Por muchos de ellos, es su medio de transporte diario. Ahora bien, han optado por buscar alternativas, como la bici o el TramBaix. Una situación propiciada por unos retrasos y cancelaciones de trenes en el marco de huelgas convocadas por sindicatos minoritarios en contra del traspaso de Cercanías. También, del anuncio de la creación de una empresa mixta que gestionará el servicio a partir de 2026.
Ahora bien, las consecuencias van más allá de la llegada tarde a los sitios. La inquietud, la ansiedad, y el estrés son algunas de las patologías que ponen en alerta a los expertos. De hecho, el Departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili ha iniciado un estudio para analizar el impacto que tiene en las personas la acumulación de retrasos, cancelaciones, falta de información e incertidumbre. Los primeros resultados llegarán en junio.
Montserrat Garcia, David Mayor, Laia Junquera y Laia Solsona son cuatro personas usuarias de Renfe que han visto sus traslados afectados por las incidencias. Algunas de ellas han tenido que repensar la forma de desplazarse, pero otras deben continuar utilizando el servicio ante la imposibilidad de encontrar una alternativa. Los cuatro coinciden en que ir y volver del trabajo o de la universidad es un trayecto que implica malestar y frustración .
«Tuve ansiedad y no era por el trabajo en sí, sino por llegar a tiempo. Valoré quedarme a dormir en Terrassa»

«Recuerdo un día que nos quedamos tirados en L’Hospitalet y tuvieron que venir a buscarnos los Bomberos». Es una de las experiencias de Montserrat Garcia con Renfe. Seguramente una memoria que comparte con muchas más personas. El tren ha sido su medio de transporte habitual durante tres décadas para acudir a ciudades como Barcelona, Sabadell y Terrassa. Ahora bien, desde hace un año ha cambiado las vías por la carretera, el tren por la bicicleta. Y, esporádicamente, por el tranvía. Los motivos: los retrasos, las cancelaciones y la falta de accesibilidad a raíz de unos vagones que van a rebosar.
«He percibido un deterioro en la calidad del servicio», afirma. Sufre una enfermedad degenerativa que afecta a la movilidad y, por ella, unos vagones accesibles son los ingredientes principales para poder desplazarse. Un elemento que, a pesar de la creación de los espacios adaptados dentro de los trenes, no se cumple: «Van llenos y no puedes entrar». Es una problemática que apela a un colectivo importante de gente y que acaba vulnerando el derecho a la movilidad. Es necesario, pues, «cambiar la mirada» e incluir la diversidad cuando se crean los proyectos de transporte público: «Se hacen con un perfil de persona que se considera la media, pero que realmente no existe».
La situación le afecta a escala psicológica. Le genera ansiedad. Y lo ejemplifica con un compromiso laboral en el que la citaban en Terrassa a las 9:30 h de la mañana: «Tuve ansiedad y no era por el trabajo en sí, sino por llegar a tiempo. Valoré quedarme a dormir allí». Finalmente, fue en coche. Unos efectos para la salud que le han llevado a desestimar Cercanías como medio de transporte prioritario y apostar por otros, como la bicicleta y el tranvía. Aunque el trayecto sea más largo, el tiempo que le destina es el mismo o menor.
Las mejoras que ha habido en Cataluña en términos de transporte público han sido porque la ciudadanía se ha movilizado
Aunque utilice otro medio de transporte, considera primordial velar por el buen funcionamiento de Cercanías y para que sea un servicio para todos. Lo ha luchado a través de entidades como ECOM (federación que agrupa a las entidades de discapacidad física y/u orgánica en Cataluña), de la que formó parte de la junta directiva entre 2008 y 2023. «Las mejoras que ha habido en Cataluña en términos de transporte público han sido porque la ciudadanía se ha movilizado «, Desde esta fundación, han logrado aspectos como el aviso previo a las estaciones cuando llega un tren adaptado.
Un derecho a la movilidad que tiembla cuando, además, se le suman los retrasos, cancelaciones y el colapso de los vagones por la gran cantidad de gente que entra. Y que dificulta “optar a trabajos, oferta formativa o relaciones sociales”. El uso del transporte público y de la Renfe va más allá de los desplazamientos; da la posibilidad a la ciudadanía para desarrollarse académicamente, laboralmente y en términos de ocio, explica.
Sin embargo, de momento descarta seguir utilizando el servicio ferroviario estatal. La apuesta de Montse por desplazarse pasa por el uso de la bici eléctrica o del tranvía. Ahora bien, siempre de la mano de las reivindicaciones «defiende al derecho a la movilidad y la calidad del servicio«.
«Me perjudica porque pierdo mucho temario y tengo clases importantes»

David Mayor es sanfeliuense y estudiante del grado en Náutica y Transporte Marítimo. Para él, lo más cómodo debería ser ir en tren hasta Arc de Triomf, un trayecto de una media hora. Pero la realidad es que ha llegado a ir con Taxi. Asistir a las clases se convierte en un reto a diario, al igual que lo hace el logro del contenido lectivo y del rendimiento académico.
«Los trenes, aparte de llegar tarde, muchas veces no pasan o se quedan parados mucho tiempo en una estación y no dicen nada por megafonía». Éstas son las situaciones más recurrentes con las que se encuentra Mayor en sus viajes a la universidad. De hecho, «lo esporádico es que vayan bien», dice. Ante esta situación, muchas veces no puede ir a clase o llega tarde porque se encuentra con incidencias una vez está en la estación o dentro de los vagones. Una cuestión que repercute en su rendimiento: «Me perjudica porque pierdo mucho temario y tengo clases importantes». Otras veces, ha tenido que realizar cambios a última hora y coger la bicicleta. En su caso, el AMBicio. O, incluso, un Taxi : «Si he tenido alguno un examen o una presentación, he tenido que buscar un transporte alternativo». Una solución que se acompaña de un gasto económico y que ha tenido que realizar hasta tres veces.
Una chica se mareó y otra vomitó. Saber que estaba dentro de un túnel me dio ansiedad y estrés
La situación le genera ansiedad. A modo de ejemplo, recuerda una de las experiencias vividas: “El tren que iba delante quedó parado en plaza Catalunya, por lo que el mío se detuvo durante media hora en el túnel de Sants”. Relata que se encontró sin cobertura, sin ningún tipo de justificación por megafonía y en un vagón lleno de gente: «Una chica se mareó y otra vomitó. Saber que estaba dentro de un túnel me dio ansiedad y estrés «. Del año que lleva el servicio de Cercanías, apunta que estos escenarios se los encuentra desde enero.
Mayor compagina sus estudios con el trabajo; da clases de inglés en una escuela de idiomas. Por los retrasos de Cercanías, ha tenido que cancelar algunas de las sesiones. Y aunque tal y como afirma no es lo que más le preocupa, también ha tenido que recortar momentos de vida social. Así pues, para poder llegar a todo, ha decidido optar por la bici: de Sant Feliu a L’Hospitalet en bicicleta o, en su defecto, directamente hasta Palacio Real. Tiene claro que sus opciones para desplazarse a la universidad son dos: bici o Taxi. Ahora bien, «no es sólo por el dinero, sino también por la conciencia ambiental; no puedo ir cada día en coche».
Las incidencias en el servicio le conllevan malestar y lamenta que hay personas en situaciones más críticas: «He hablado con señores mayores en la estación mientras esperaba el tren. Es gente que debe ir al médico por necesidad y, además, se le añade el problema de la movilidad». Por tanto, una problemática que va más allá de llegar tarde a la universidad, al trabajo oa otros lugares. De momento, él sigue considerando que «el tren es el mejor transporte porque hay muchos puntos de conexión con Barcelona». Sin embargo, afirma que es necesario que la frecuencia mejore. Si no, seguirá buscando alternativas: bicicleta o, en casos extremos, coche.
«Google Maps indica que tardo 1 hora y 15 minutos, pero acabo perdiendo entre dos y dos horas y media»

La sostenibilidad es un hecho que también preocupa a Laia Junquera. Ella vive en Vic, pero trabaja en Sant Feliu y un par o tres de días a la semana debe realizar el viaje hasta la capital del Baix Llobregat. Un trayecto que a menudo tarda el doble de tiempo de lo que debería tardar: “Google Maps indica que tardo 1 hora y 15 minutos y termino, pero termino perdiendo entre dos y dos horas y media”. A consecuencia de esta situación, y aunque confronta sus valores, Laia se ha comprado un coche ya partir de la próxima semana lo utilizará para venir a Sant Feliu.
Consciente de que vive lejos de Sant Feliu, se levanta cada día a las cinco de la mañana para poder coger un autobús a las seis que la deje en Barcelona, en Arc de Triomf. «Este autobús, si no ha habido ningún accidente en la carretera, funciona religiosamente y antes de las siete ya estoy en Barcelona», declara Junquera. Una vez tiene que coger el R4 para venir a Sant Feliu, es cuando todo se complica y comienza la inquietud.
“Nunca me pongo reuniones antes de las diez de la mañana”. Ésta es una de las medidas que Laia ha tenido que adoptar para no sumar más nervios durante sus trayectos. De hecho, da las gracias por la comprensión de la empresa por la que trabaja: “En el momento que les envío un mensaje mencionando a Renfe, ya entienden que ese día llegaré tarde”. Sin embargo, Laia trabaja para una empresa de producción audiovisual ya menudo llegar tarde no es una opción. “Cuando tenemos rodajes, soy la encargada de abrirlos y entonces opto por quedarme a dormir en Sant Feliu por miedo a que Renfe al día siguiente no funcione bien”.
Yo escojo levantarme temprano para ir al trabajo, pero no escojo tardar el doble en hacer el trayecto
De hecho, se ha llegado a planear la opción de venir a vivir a Sant Feliu para estar más cerca del trabajo, pero el acceso a la vivienda es un gran problema en la capital del Baix Llobregat: «Las condiciones de vivienda que tengo en Vic no las encontraría en Sant Feliu; por el precio que pago allí, aquí no encuentro ni una habitación». Además, considera que cambiar de trabajo o lugar donde vivir por culpa de un transporte público es una solución injusta. «Yo escojo levantarme temprano para ir al trabajo, pero no escojo tardar el doble en hacer el trayecto», asegura.
«Estoy agotada» , lamenta. Para Laia, la precariedad del servicio no se debe sólo por la cancelación de trenes, por los retrasos o por la falta de información, sino también por las condiciones en las que se realiza el trayecto. “Son vagones que muchos días van totalmente llenos y no puedes ni encontrar un sitio para sentarte”. «Es tiempo que no puedes hacer nada, es tiempo perdido», añade.
Después de 3 años cogiendo a Renfe, y en contra de sus principios de sostenibilidad, Laia se ha comprado un coche ya partir de este mes empezará a ir al trabajo en vehículo privado. “No puedo más, tengo muchas ganas de terminar mi relación con Renfe” [ríe]. Laia es un ejemplo claro de cómo a menudo, a pesar de los costes de la gasolina y también los medioambientales, el coche acaba siendo la opción más efectiva para realizar los desplazamientos.
«Lo que no entiendo es cómo no tenemos alternativas desde la ciudad; no tengo ningún autobús que pare en el centro de Barcelona»

En el caso de Laia Solsona, ella no tiene alternativa posible. Trabaja en una clínica dental en medio de Passeig de Gràcia y, por la ubicación de la consulta, el coche no es una opción. Lamenta, además, que no tiene alternativas de transporte público que le vayan bien.
Cuando aparco la bici, en función de cómo lleno veo el andén, puedo intuir cómo irá el trayecto de ese día
Laia cada mañana corre para gestionar la conciliación familiar y poder tomar el tren a las 8:18 h, “entre comillas”, específica. Va desde casa a la estación de Sant Feliu en bici para poder llegar a tiempo: “Cuando aparco la bici, en función de cómo lleno veo el andén, puedo intuir cómo irá el trayecto de ese día”. Además, si los trenes anteriores no han pasado, le espera un trayecto con los vagones muy llenos donde la gente «se llega a pelear porque va muy quemada». En estos casos donde los vagones van tan llenos, Laia a menudo ha optado por dejar pasar el tren.
En un trayecto de 5 paradas que debería hacerse en 21 minutos, Laia rara vez llega antes de las nueve al trabajo. «A las nueve debería estar cambiada y lista para recibir a los pacientes, pero me encuentro muchas veces que esa hora estoy entrando por la puerta de la consulta». Esto deja en manos de la ciudadanía la responsabilidad de organizarse cada uno su vida en función de las afectaciones de Renfe. «Dejo a las ocho de la mañana a mi hijo en la escuela para poder llegar al tren de las 8:18 h; dejarlo antes supondría que deberíamos pagar más dinero», lamenta.
Laia, incluso, fruto de la desesperación, se ha hecho sus propias hipótesis. Detecta que a partir de las ocho el servicio empeora: trenes cortos, retrasos, cancelaciones y vagones muy llenos. Asegura que «hay muchas huelgas encubiertas».
Con este escenario, muchas personas usuarias optan por buscar alternativas de transporte para poder realizar el trayecto sin nervios ni inquietudes. Sin embargo, su caso no tiene una manera de hacer el trayecto más efectiva. En situaciones en las que el servicio de Renfe ha sido inactivo, como en el caso de algún robo de cobre que ha habido en los últimos años, Laia ha tenido que ir en coche hasta Cornellà para tomar allí el metro. El volumen de coches por las carreteras a hora punta de la mañana y la dificultad para encontrar aparcamiento hacen que ésta tampoco sea una alternativa cómoda para ella.
«Lo que no entiendo es cómo no tenemos alternativas desde la ciudad; no tengo ningún autobús que pare en el centro de Barcelona». Laia lamenta que una ciudad como Sant Feliu de Llobregat, capital de la comarca, debería tener otro transporte que conectara a la ciudad santfeliuense con el centro de la ciudad condal.
Renfe; una problemática estructural
Montserrat García, David Mayor, Laia Junquera y Laia Solsona son sólo cuatro ejemplos de una situación que afecta a diario a miles de personas usuarias de Renfe. Cada uno de ellos ha tenido que tomar decisiones personales, profesionales o económicas a causa de un servicio ferroviario que no ofrece garantías mínimas de puntualidad, frecuencia ni confort. Algunos han optado por alternativas como la bicicleta, el tranvía o el coche, mientras que otros no tienen otra opción y se ven obligados a convivir con el malestar y la incertidumbre. Sus experiencias ponen de manifiesto que los problemas del sistema de Cercanías no son hechos puntuales, sino una problemática estructural que genera frustración, ansiedad y graves consecuencias para la conciliación, la salud mental y el acceso a oportunidades laborales y formativas.
El servicio ferroviario ha dejado de ser una herramienta útil para muchas personas y se ha convertido en un obstáculo en su rutina diaria. Y mientras se discuten modelos de gestión, traspasos y empresas mixtas, la realidad cotidiana sigue siendo la misma: trenes que no pasan, retrasos sin explicaciones y andenes llenos de indignación.

