Es un edificio enorme, con unas instalaciones grandes y espaciosas que esconden mucha historia detrás de sus muros y con una clara función social en el barrio del Raval de Barcelona. Ha marcado la vida de muchos de los alumnos que han pasado su infancia y adolescencia en este centro educativo.
El alumnado de la Escola Pia Sant Antoni es más o menos lo mismo que hay en las escuelas del mismo barrio, como Rubén Darío y Collaso y Gil, o los institutos Milà i Fontanals y Miquel Tarradell. La diferencia es que la Pía de Sant Antoni es concertada y el resto, públicas. Los cuatro centros públicos están clasificados de alta y máxima complejidad por el elevado porcentaje de alumnado vulnerable, el mismo que acoge el Sant Antoni, que tiene escolarizado a más de un 61% de alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo por razones socioeconómicas o culturales, lo que se conoce como NESE B.
La función social de la escuela Pia Sant Antoni es una razón de ser de este centro educativo, ya desde sus inicios como institución hace cerca de dos siglos atrás, señala el director, Eduard Maza. Una función que también hacen otras concertadas religiosas del barrio, como la Vedruna Àngels o la Salle Comtal, todas pertenecientes a la Federación de Escuelas Cristianas de Cataluña (FECC). O en otros puntos del país, como las Dominicas Vic, Madre del Divino Pastor de Igualada, Virgen de la Salud de Badalona, el Sagrado Corazón de Jesús (Vic), Lestonnac (Badalona), Sagrada Familia (Girona), FEDAC-Puente Mayor (Girona) y FEDAC-Lleida. Todos estos centros cuentan con más de un 60% de alumnado NESE B.
Maza remarca que los centros concertados no reciben ninguna calificación de complejidad (máxima, alta, baja o estándar según el porcentaje de alumnado escolarizado), que va asociada a la asignación de recursos adicionales, como disponer de la sexta hora, técnicos de integración social (TIS), técnicos de educación infantil (TEI), educadores sociales o más dotación de profesor. «Todas las escuelas del barrio tenemos el mismo tipo de alumnado. De hecho, tenemos hermanos repartidos en varias escuelas. Yo puedo tener uno y Ruben Darío otro», relata el director para ilustrar la realidad de un barrio con mucha migración y con un alto porcentaje de vulnerabilidad. Mismo alumnado pero distinta consideración.

El director subraya que la Ley de Educación de Cataluña (LEC) define al Servicio de Educación de Cataluña (SEC) como el conjunto de todos los centros educativos sostenidos con fondos públicos, tanto de gestión gubernamental como de gestión de iniciativa social. Por eso, cuestiona que en los casos de zonas con una alta complejidad los centros concertados puedan ser clasificados también de alta complejidad. Porque, al fin y al cabo, dentro de la escuela «tenemos el futuro de Catalunya», defiende. «Vienen aquí, quieren seguir estudiando hasta dónde puedan, quieren trabajar y vivir aquí. No los tenemos aquí unos días. La Cataluña dentro de 25 años la tenemos en las escuelas. Tenemos que pensar. Es necesaria una reflexión a largo plazo sobre cuál es la Cataluña que queremos», reivindica, para cuestionar que la negativa a poner más recursos tanto en la complejidad hay más en lo que hay en pero en consideración aún en la zona. perjudica al alumnado. «Toda esta gente se integrará en nuestra sociedad y serán los catalanes dentro de 15 o 20 años. Debemos ayudarles porque, si no, tendremos gente con pocos recursos para trabajar y tendremos una sociedad dividida», insiste. Y recuerda la consideración de «la escuela como ascensor social», remarcando que «hay escuelas donde este ascensor no va tan bien como en otras».
Lenguaje
En la Escola Pia de Sant Antoni hay cerca de 1.400 alumnos de 37 nacionalidades diferentes. Muchos ya han nacido en Catalunya, aunque, según Maza, con padres y madres de 50 nacionalidades. «Aunque no lo parezca esto tiene una afectación en el alumnado», que mayoritariamente nunca ha salido del Raval y se ha relacionado con gente del mismo país de origen. “El barrio entero está en otro mundo, es como si vivieran en Bangladesh, Pakistán, Filipinas o India, se han guetizado con los suyos y eso hace que cuando los niños y niñas entran en infantil no hayan oído nunca hablar catalán ni castellano”. Esto comporta un «decalaje importante» con la adquisición y aprendizaje del lenguaje en comparación con los que Maza llama «nacionales, los de aquí». «La nivelación requiere años». “Si antes la lectoescritura estaba en 1º y 2º de primaria, ahora está en 3º y 4º”, remarca.
Al lenguaje también hay que sumarle la diferencia cultural y de folclore. La diferencia cultural según el país de origen es también muy importante, sobre todo se nota con la nula corresponsabilidad que tienen con la educación de los niños. Según explica el director de la Escola Pia Sant Antoni, las familias del centro no entienden que se les pida asistir a la reunión de familias o en reuniones personales. No se vinculan a la escuela y esto hace que la integración sea aún más difícil. Cuando hay una familia que ayuda a sus hijos, les acompaña, les lee cuentos, les ayuda a hacer sus deberes, el aprendizaje del niño tiene una buena evolución.
Recursos para atender a la diversidad
Por todo ello, Maza reclama más recursos, pero sobre todo, «más manos». Más docentes para reducir ratios y hacer coeducación para atender a esta gran diversidad de alumnado, de ayudar a los recién llegados, acompañarles en su adaptación a la escuela y al barrio. Son un centro muy grande y, por eso, también acogen a un elevado número de niños vulnerables y también durante el curso, los que se llaman de matrícula viva, los que acaban de llegar del extranjero.
«Somos la escuela concertada que recibe más dinero de alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo porque tenemos muchos. Una escuela muy grande en un barrio complejo», puntualiza Maza. Además, recuerda que las mochilas económicas y el plan de choque, es decir, el dinero que recibe el centro por cada niño NESE B es inferior al coste real. dan 90 euros, hay una diferencia importante de financiación sin recursos añadidos». «Por cada niño y niña que viene del plan de choque, yo pierdo dinero, y ¿quién lo pone? La institución Escola Pia», asegura.
Zonas de complejidad máxima
El director hace referencia a la aplicación que se hace del Plan contra la Segregación Escolar que hace unos años “esparce la vulnerabilidad” para que el alumnado con necesidades socioeconómicas no se concentre en un mismo centro o zona. El inconveniente, dice, es que si se envían a los niños a una escuela de otro barrio o distrito, la familia acaba renunciando porque lo que quieren es un centro cercano al que viven y que esté en el mismo Raval.

Por este motivo, los directores de las escuelas e institutos del barrio del Raval y del distrito de Ciutat Vella quieren pedir a Educación que en vez de clasificar a los centros educativos, se determinen zonas de complejidad máxima donde todos los centros, públicos y concertados, tengan la misma consideración. Como ejemplo, señala que se necesitan recursos para atender la complejidad de un barrio que entra en las escuelas e institutos. Porque no es lo mismo una escuela pública del Raval que una del Eixample, al igual que no lo es una concertada de Ciutat Vella y una de Sarrià.
Buenos resultados en las pruebas de competencias básicas
Pese a las dificultades que comporta toda esta diversidad de alumnado, Maza destaca el buen funcionamiento de la escuela y la evolución de los resultados de los alumnos en las pruebas de competencias básicas de 6º de primaria y 4º de ESO que confirman que se mantienen por encima de la media de Cataluña, un nivel similar al de hace 15 años, cuando empezó a aumentar la inmigración. «No hemos empeorado». Además, asegura orgulloso que el 98% del alumnado acaba con la titulación de la ESO, aunque después, como ocurre en otros muchos centros, sólo unos sesenta de los 120 alumnos que acaban secundaria sigue a bachillerato (que también está concertado), ya sea porque entran a trabajar o van a la FP. «Les perdemos la pista».
Maza atribuye los buenos resultados a la estabilidad de la plantilla, que permite desarrollar el proyecto educativo, ya la vocación del profesorado, además de todo el trabajo que se realiza de adaptaciones curriculares y refuerzo. Asegura que la diferencia entre el alumnado que recibe un acompañamiento familiar y lo que no -porque provienen de un entorno más desfavorecido y culturalmente más distante- es de entre un 10 y un 15%. Una segunda aula de acogida también ha facilitado el aprendizaje de la lengua de aquellos alumnos que la desconocen, sobre todo los que llegan a Barcelona desde otros países con el curso ya empezado.
«Los recursos que pedimos no son para que yo tenga un mejor sueldo ni para hacer obras. Necesitamos manos», reitera Maza, quien insiste en que esta demanda «es para el beneficio del alumnado que son el futuro de Catalunya», y hace un llamamiento para romper prejuicios como que «la escuela concertada esté donde esté es elitista» o que «hagamos misa y tenemos cruces en las aves. Rememora que la escuela nació para atender a los hijos que vinieron a construir el Eixample, inmigración del resto de España. «Ahora vienen de muy lejos porque llegan en avión, pero antes venían de Albacete, de Almería o Galicia», dice, recordando que su apellido es Maza, «un apellido que no es catalán». Y todo esto lo dice con conocimiento de causa, ya que es exalumno y hace muchos años que es su director. «Llevo aquí desde los tres años». Y se nota. Por la pasión que transmite y la dedicación que le pone. «Las luchas son lentas», reconoce, pero mientras no consigue los recursos que reclama, continuará -aunque no está lejos de jubilarse- esta función social desde la Ronda de Sant Pau número 72, en el Raval de Barcelona.

