El tercero de los factores que han marcado hasta ahora las características del gobierno de Collboni en el Ayuntamiento de Barcelona ha sido el decidido escoramiento del PSOE en Madrid, empujado por sus socios de, primero, Unidas Podemos (UP) y, posteriormente, SUMAR, hacia posiciones más o menos de izquierda. Esta marcada línea en un partido socialista tradicionalmente renuente a realizar políticas marcadamente progresistas ha tenido, además de este factor interno, el viento a favor de una economía empujada por el cierto abandono del marco neoliberal de la Unión Europea (UE), los resultados de la política de shock apadrinada durante los años del Partido Popular (PP) de Rajoy o los frutos del turismo masivo, así como a la necesidad de marcar terreno frente a la emergencia de una figura como la de Trump, en Estados Unidos (EEUU), que ha aparecido como gran espejo inverso a las medidas de corte keynesiano tan típicas de la socialdemocracia. De este modo, aunque este segundo mandato está siendo más corto en la aprobación de medidas y leyes que el primero, entre otras cosas por el nuevo reparto de escaños, la intransigencia del PP a apoyar determinadas políticas de Estado o la deriva armamentística del PSOE a la hora de cumplir determinados acuerdos internacionales, el saldo final es el de un ejecutivo que, en los años que lleva al frente de la administración central, ha impulsado reformas y medidas importantes claramente situadas a la izquierda política europea.
Frente a este marco, y acompañado en la inacción aunque también en la bisoñez por el PSC al frente de la Generalitat de Catalunya, la necesidad de impulsar medidas de calado similar a nivel local no se hace necesaria para el equipo municipal de Collboni, pudiendo aprovecharse de los frutos y la inercia madrileña mientras ejerce su tradicional papel de partido socioliberal y business friendly. A lo largo de estos casi dos años de (in)acción política el PSC de Barcelona ha dado algunos ejemplos de ello, aunque en el presente texto nos limitaremos a comentar tres de ellos: la reducción del impuesto que pagan bares y restaurantes por la disposición de terrazas en el espacio público; la aprobación del Pla Endreça y la futura modificación de la Ordenança de Convivència y, finalmente, y dejando de lado la reforma del 30% de Vivienda de Protección Oficial ya comentada en el artículo, una política turística basada en la búsqueda de nuevos mercados de visitantes, escasa intención en la limitación de la oferta y renuencia a la aplicación de nuevas medidas impositivas.
En noviembre de 2023, escasamente cinco meses después de haber llegado al gobierno, el PSC, conjuntamente con Junts, el PP y VOX, aprobaba una modificación de las tasas que deberían pagar los bares y restaurantes de la ciudad por situar sillas y mesas en las calles y plazas a modo de ampliación de su espacio interior dispuesto para la consumición. El incremento del importe que pagan estos era un clamor desde los movimientos sociales de la ciudad que habían visto como el espacio urbano era cada vez más privatizado en beneficio de la hostelería local.
De esta manera, Barcelona en comú (BeC) había aprobado, en 2019, un incremento significativo de los mismos, aunque posteriormente había sufrido unas bonificaciones importantes, del 75% en el momento de ser presentada la nueva norma, debido a las restricciones que vivieron estas empresas durante la pandemia de COVID19. El PSC, apoyándose en el resto de grupos políticos de la derecha del pleno municipal, eliminó el cálculo lineal del impuesto e introdujo uno que se veía incrementado en función del número de mesas, de cinco en cinco. El cálculo final de la recaudación pasaba de ocho millones de euros a la mitad y la reducción del presupuesto municipal del 0,05%. El Gremi de Restauració, dirigido por el regidor del PSC Roger Pallarols, se felicitó del resultado final.
Aunque el PSC había estado gobernando, con ciertas intermitencias, conjuntamente con BeC durante los ocho años de la alcaldía de Colau, sus críticas, sobre todo en el segundo de los términos, hacía la supuesta ausencia de una política de mano dura con respecto a la seguridad y el civismo de sus socios, había sido constante. Los socialistas, que en todo momento habían mantenido la cartera de Seguridad y habían estado al mando de la Guardia Urbana, no habían perdido oportunidad de señalar la aparente degradación que estos aspectos habían sufrido durante los años de los comunes al frente de la casa consistorial.
Entre las primeras decisiones tomadas por Collboni, ya en el verano de su primer año, fue la aprobación del conocido como Pla Endreça, el primero de los muchos Planes que el PSC ha lanzado durante estos dos años. En puridad, el Pla Endreça no es otra cosa que una intensificación de las labores de cuidado y atención a la limpieza de las calles, aunque entendida ésta desde un punto de vista neohigienista, esto es, considerando al mismo nivel problemas típicos de la salubridad vinculada a la suciedad y la producción y gestión de desperdicios con otros de tipo social relacionados con elementos de corte estructural, como los sin techo, la venta ambulante –el top manta– y los efectos del turismo.
El Pla Endreça, que fue presentado inicialmente como una línea de acción estrategia, ha ido cogiendo forma con el paso del tiempo, de forma que a su natural carácter dramatúrgico, tan típico de las políticas neoliberales de gestión de la seguridad, le une algunas de tipo punitivo, como el endurecimiento de las sanciones vinculadas a determinados tipos de comportamiento. Esto último es responsabilidad de la Ordenança de Convivència, conocida popularmente como Ordenança Cívica, que el PSC busca aprobar en próximamente y donde, posiblemente, se vuelva a ver acompañado de Junts, el PP y VOX para ello. Está por ver, eso sí, el papel que Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) juega en todo esto.
Por último, la gestión del turismo por parte del PSC. Lejos de apostar por una línea de trabajo relacionada con el decrecimiento turístico, vinculada principalmente a un endurecimiento del Pla Especial Urbanístic d’Allojatments Turístics (PEUAT), su actuación ha estado relacionada con la gestión del día a día, así como en la búsqueda de nuevos turistas, como los estadounidenses. Para ello, definió, durante el verano de 2024, las famosas EGAs, Espacios de Gran Afluencia, sobre los que se llevarían a cabo acciones como una mayor disposición de agentes cívicos, se apoyaría al comercio de proximidad o se incrementaría la vigilancia del comercio ambulante informal, acompañadas de una serie de inversiones, ya planificadas por BeC, que completarían el modelo.
La idea, por tanto, no sería tanto avanzar hacia la diminución del número total de turistas, sino manejar sus flujos para que causen un menor impacto, al menos en lo relacionado con su presencia en el espacio público. En relación al incremento de la tasa turística, el PSC apoyó una moción de ERC y aprobó conjuntamente con ellos, BeC y Junts, una subida de la misma que supondrá unos 20 millones de euros más para el presupuesto municipal, pero que ha quedado finalmente algo descafeinada, en cuanto a su potencialidad, por un Decreto de la Generalitat que, de haber sido aprobado, hubiera permitido un nuevo incremento así como destinar el presupuesto a cuestiones como la vivienda. Parece haber quedado en el cajón de los proyectos la otra apuesta del PSC para el turismo: la recuperación del patrimonio del centro de la ciudad para la ubicación en el mismo de hoteles singulares o de lujo, algo para lo que sería necesaria la modificación del PEUAT.
En resumen, la minoría del PSC en el Pleno, algo que parece que se prolongará durante toda la legislatura, la entrada en la agenda de la cuestión de la vivienda, y la posibilidad de llevar a cabo políticas neoliberales, descargado las medidas de izquierda en el gobierno central, parecen caracterizar el modo de acción y la aparente parsimonia y falta de liderazgo del PSC de Collboni a los mandos de la ciudad. Su apuesta por una retahíla de proyectos más allá de este mandato –2023-2027– parece significar, además, la continuidad de esta línea de acción y dejar para otro mandato su verdadera acción: el auténtico Pla Collboni.

