Ante la gravedad de los hechos que se han conocido estos días relacionados con la explotación y la violencia sexual ejercida contra una menor de edad bajo la tutela de la DGAIA en un centro de protección, desde el CEESC queremos expresar con firmeza nuestra indignación, nuestro apoyo a las víctimas y nuestro compromiso con la defensa de los derechos de la infancia y la adolescencia y con la calidad de la intervención socioeducativa.
Valoramos positivamente que la Conselleria de Derechos Sociales e Inclusión haya anunciado una comparecencia parlamentaria y la apertura de un expediente informativo para revisar la actuación de los servicios de protección. Pero hay que decirlo con claridad: este caso no es una excepción. Desde hace demasiado tiempo, desde diversos espacios profesionales se viene alertando de deficiencias estructurales en el sistema de protección a la infancia y de una falta de recursos y reconocimiento hacia los equipos profesionales que trabajan en él.
Es necesario reconocer la labor de las educadoras y los educadores sociales que supieron detectar indicios de abuso y activaron los protocolos pertinentes. Como Colegio, queremos recordar que el ejercicio profesional se rige por un código deontológico que protege la confidencialidad y la intimidad de las personas atendidas.
Queremos también expresar nuestra preocupación por cómo se está trasladando este caso a la opinión pública. El relato mediático no puede volver a situar a la víctima en el foco, sino que debe señalar con claridad la responsabilidad de los agresores. Informar de la situación de la niña puede contribuir, si no se hace con cuidado, a una revictimización injusta, desviando el centro de la cuestión: la violencia ejercida por parte de un adulto y la responsabilidad del sistema a la hora de prevenirla y actuar con contundencia.
Informar de la situación de la niña puede contribuir, si no se hace con cuidado, a una revictimización injusta.
El caso que ha salido a la luz pone en evidencia, una vez más, que necesitamos un cambio profundo en las políticas de infancia y adolescencia, tal como ha señalado el CEESC a en diversas ocasiones desde hace años. Es necesario pasar de un enfoque de protección reactiva a una mirada comunitaria, de trabajo preventivo y centrada en los derechos. Hay que garantizar una presencia estructural de las educadoras y los educadores sociales en espacios clave donde se construyen vínculos y se detectan a tiempo las vulnerabilidades: servicios sociales, servicios de intervención socioeducativa, centros educativos, proyectos de ocio educativo, actividades deportivas o espacios de participación infantil y juvenil, entre otros. Sin olvidar los servicios especializados, como el modelo Barnahus, en cuyos equipos profesionales, la Generalitat de Catalunya ha obviado la tarea esencial de las educadoras y los educadores sociales.
Este trabajo de prevención no puede depender únicamente de la buena voluntad de los y las profesionales. Se necesitan más recursos económicos, ampliación de ratios y estabilidad en los equipos técnicos (así como la sustitución inmediata del personal de baja), protocolos claros y una apuesta política clara y real por el cuidado de los niños y adolescentes, y también por el cuidado de las trabajadoras y los trabajadores que tienen esa responsabilidad.
Es imprescindible reforzar los mecanismos de supervisión, evaluación y transparencia. No podemos seguir funcionando a base de urgencias. Es necesario revisar y repensar el modelo, con la participación de todos los agentes implicados y escuchando la voz de los propios niños, niñas y adolescentes.
Desde el CEESC, como corporación profesional y como voz colectiva de una profesión que trabaja diariamente al lado de las personas, exigimos que se garanticen los derechos de la infancia y la adolescencia, que se dignifique nuestra labor y que se sitúe realmente a la infancia en el centro de las políticas públicas. Seguiremos trabajando para que así sea y siempre con la mano tendida para trabajar conjuntamente con la DGAIA y con cualquier otro organismo público responsable.

