El realizador iraní Jafar Panahi gana la Palma de Oro con Un simple accidente, una fábula política con el trasfondo de la tortura del régimen. Rodada, como todas sus películas, en la clandestinidad en su propio país, el jurado del Festival de Cannes 2025 envía así un mensaje contundente —también cinematográfico— al régimen de Teherán. Panahi ya había obtenido otros premios en Cannes, pero este, que es el máximo galardón, parecía evidente por los riesgos que sigue corriendo, él y sus actores y actrices, y por la capacidad que tiene de convertir la necesidad en virtud y acabar transmitiendo una idea del cine, de la sociedad y de la creación como fuerza y reconciliación frente a un poder abyecto.
El resto del palmarés ha sido bastante equilibrado, con cinco grandes películas entre las Palmas de Oro, Plata y Bronce: Sentimental Value, de Joachim Trier, se ha llevado la Plata; y ex aequo Sirât, del gallego Óliver Laxe, y Sound of Falling, de la alemana Mascha Schilinski, se han repartido el Bronce. Otra gran ganadora ha sido El agente secreto, del brasileño Kleber Mendonça Filho, que ha obtenido el premio a la mejor dirección y mejor actor para Wagner Moura. El premio a la mejor actriz ha sido para la francesa Nadia Melliti por su papel queer proveniente de una familia musulmana en La hija pequeña, de Hafsia Herzi. Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne siguen coleccionando premios en Cannes (el noveno) y se han llevado de nuevo el de mejor guion (por segunda vez) por Jóvenes madres, que quizá habría merecido un ex aequo para sus cuatro actrices amateurs. Finalmente, se ha otorgado un Premio Especial del Jurado a Resurrection, de Bi Gan, la obra con diferencia más original de la selección —aunque irregular— del joven cineasta chino.
En una selección donde quizá no destacaba ninguna película especialmente por encima de las demás, y con algunas cintas que posiblemente no estaban a la altura, la película de Panahi sí disponía de una autoridad moral. Tanto por las condiciones en las que la ha vuelto a realizar como por su control del tempo, la dirección de actores y la recreación de una historia simple pero bien trazada sobre lo que ocurre en las cárceles iraníes, que él mismo ha sufrido. En una sola jornada, sus protagonistas se enfrentan al dilema de qué hacer con uno de sus torturadores, encontrado por casualidad, los problemas de conciencia que eso les plantea y su decisión final. Sin perder el humor por parte de Panahi, que es capaz también de convertirlo en una sátira.
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