Por ese entonces, yo ya era mamá. Mi criatura de seis meses estaba empezando a quedarse seis horas al día en una guardería y yo experimentaba una sensación extraña. Tenía muchas ganas de volver a trabajar, de reencontrarme conmigo misma en un ser individual que piensa en lo que piensan los adultos; y a la vez, me invadían un vértigo y un dolor físico y una suspensión de la realidad que me impedían entender cómo podían coexistir la maternidad y toda la que yo era antes de ser madre en una misma persona, un tiempo y una ciudad.
En ese estado dejé a mi bebé en la guardería y crucé al otro lado del Paral·lel. Y allí estaban: decenas de mujeres (y algunos hombres) protestando contra las quitas de custodia de la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència. Una de las pancartas decía: Hoy hablamos de los niños robados, mañana lo haremos de la DGAIA. Otra: DGAIA destruye la niñez de nuestres hijes.
Yo había visto antes esas pancartas y había anotado en mi lista mental de periodista freelance que debería hacer algo sobre las quitas de custodia. Porque no era normal que tantas madres estuvieran protestando. Y no era normal que casi ninguna fuera blanca. En ese momento, la madre que yo ya era sintió cómo se le removían las vísceras. Me asomé al abismo de ir a recoger a mi hijo a la guardería y encontrarme con que se lo hubieran llevado. Algo que a mí no me pasaría porque soy blanca. Y me pregunté: ¿Hay una institución democrática robándole los hijos a miles de mujeres no blancas?
En junio de 2019, un juez de L’Hospitalet dictó que la DGAIA le había quitado la custodia a una madre con una denuncia anónima y un informe sin datos objetivos, basado en “creencias y suposiciones”. Entre los datos negativos, que la pareja de la madre era de etnia gitana. En 2021, France 24 publicaba un reportaje en el que denunciaba la situación de los 50.000 niños que cada año son separados de sus padres en España y pasan por un centro de menores. Retiradas que multiplican por 5 las que se dan en Francia.
Busqué y encontré a Madrecitas, la red de “madres y mujeres migrantes en resistencia a la violencia institucional, patriarcal y racista del Reino de España por medio de las quitas de custodia”. Y ellas me conectaron con Linda y Frida, una madre y una hija a las que la DGAIA separó durante casi seis años en un caso plagado de irregularidades que cuento en La presidenta del amor, un documental de Radio Ambulante (perdón por el autobombo).
Estos días nos llevamos las manos a la cabeza por el caso de la menor, tutelada por la DGAIA, que fue violada por una red de pederastas. Esa indignación debería ser el primer paso para mirar más allá. El 49% de los menores tutelados son de origen extranjero. Sin embargo, los migrantes sólo representan el 18% de la población en Catalunya. La sobrerrepresentación es casi el triple. Sí, muchos son niños que han llegado a Catalunya solos, procedentes de otros países, pero ¿nadie ve un poco más allá?
Ahora que la DGAIA va a ser fiscalizada, la inspección y reestructuración deben llegar hasta el fondo. Es una institución opaca y a pesar de eso, varias de sus irregularidades han salido a la luz en los últimos años. La reforma no se puede quedar en tapar las fugas para prevenir los abusos.
Hay muchas madres extranjeras que renuncian a acudir a los servicios sociales, que necesitan, por miedo. Sin una orden judicial, la DGAIA puede abrir un expediente de desamparo, escribir un informe, quitarle la tutela de sus hijos a una madre y decidir devolvérsela o no y cuándo. Con qué condiciones. Es juez y parte. No nos podemos permitir ni una retirada de custodia más basada en creencias y suposiciones. Esa competencia tiene que volver a los juzgados.
Si se piensa una nueva Direcció para atender a la infancia, ha de pensarse con las madres migrantes en el centro. Madres que puedan cruzar el Paral·lel y pasar por el número 52 sin sentir la amenaza de su sombra. Hay que extirpar el racismo. Y los hijos que la DGAIA se llevó porque sus madres no tenían papeles, eran trabajadoras sexuales o no tenían familia en Catalunya, tienen que volver son sus mamás.


2 comentaris
kiero decirvke me an kitado azwc3 mese a mis 7 hijos menores kon informes falsos nin̈os mas dec11 fugas wn cada fuga denunciando maltrato fisico verbal emotional inclusi supyestos delitos sexuales esto es un sinvivir asta lis abogados tienen miedo de oa dgaya pirfavorvpudi ayida
A nosotras nos notaron a mi nieta por tener TDHA le echemos una demanda y la jueza determinó k la niña no podía estar en un internado por su salud ya k tiene crisis y la mandó a sikiatria para k la internaran los del DGAIA se an echo dueñas de mi nieta ni cumplen
la sentencia determinó k la jueza se la pasan por debajo , cuando le dan la crisis la encueran en un cuartito con un concho de pipi son una criminales por fabor necesitamos ayuda pork mi nieta está enferma y no puede estar en un centro tiene k está incresada en un hospital espeluznado a ella ella nos rechaza por culpa de las de DGAIA son una mafia de adolescentes estás M jefes por fabor necesitamos un periodista k se entere toda España k son una mujeres k su negocio son los adolescentes para entregarlas a bandas latinas y prostituirlas y a los recién nacido los vende a los parejas por una buena cantidad de euros criminales son como España puede consentir estas mujeres de DGAIA acer lo k le salen del c,,,o hijas de P,,,a