Como mujer educada en las buenas maneras, lo primero que haré es presentarme. Soy la Matriarca del caos, feminista, de izquierdas y sin pelos en la lengua. Antes de que el cuñadismo ataque, ya os aviso que tengo formación académica en varios ámbitos y mis reflexiones van más allá de vuestras neuronas, porque como decía mi querida Simone (de Beauvoir) “Una mujer libre es justamente lo contrario de una mujer fácil”.
Las mujeres llevamos toda una eternidad aguantando (he de decir que yo, personalmente, poco, porque no me callo ni una) que se opine sobre nuestros cuerpos, nuestras palabras, nuestras opiniones y nuestras vidas, y creo que ha llegado el momento de devolverlo en forma de columna, una columna que amablemente Catalunya Plural me cede. Compañeras, compañeros, espero no fallaros y que no os caiga encima un chaparrón.
Así pues, me estreno como opinadora y voy a hacer un repaso de lo que sucede en la sociedad desde mi punto de vista feminista y radical. Espero —y aspiro— a ser el látigo de posicionamientos racistas, imperialistas, machistas o liberales, por decir algunos, porque seguro que tengo temas para rato.
Y es que el heteropatriarcadocapitalista (sí, ya sé que a algunas personas les hace mucha gracia este término complejo; hay cerebros que no dan para más) no es una opinión, es una opresión, una larga opresión que sufrimos las mujeres, seamos hetero o no, tengamos el sexo biológico que tengamos, y con los diferentes colores de piel y culturas. Nos mean encima y dicen que llueve, una lluvia ácida que nos hemos creído como si fuera nuestro único destino posible.
Supongo que la minoría social, y algunas retrógradas, tienen ahora mismo su paraíso en la tierra: Afganistán, un país donde las mujeres son ocultadas. Hace pocos días, el país fue afectado por un terremoto brutal y parece que allí solo haya hombres heridos, hombres que curan, hombres que rescatan… las mujeres no se ven ni siquiera bajo un burka, sino que son completamente invisibles.
Compañeras, amigas, amantes, madres, abuelas e hijas, que espero me sintáis cercana, si este es el destino que nos quieren imponer, tendremos que ser beligerantes. Aquí me tenéis como nuevo cilicio que mortificará a esos seres de luz que nos embisten para mantener sus privilegios por encima de nuestros derechos.
También seré el martillo del colaboracionismo, sobre todo el institucional, que me parece que está demasiado ufano con lo que hace sin tener en cuenta el retroceso en los derechos humanos, en los derechos de las mujeres, en los derechos LGTBI, en los derechos de los pueblos. No todos los políticos y políticas son iguales, no lo defiendo (me parece un argumento simplista, populista y falso), pero sí es fácil que quien se mueve por los pasillos del poder pierda parte de la conciencia y difumine los objetivos. También hay mucha presumida que de la noche a la mañana cambia el estilo y la postura para adaptarse al Star System al que cree pertenecer y va de buenrollista. Y nos merecemos lo mejor, pero no así, no en plan falsa.
En definitiva, soy matriarca y voy a crear el caos, a ver si así crece un nuevo logos que acabe con el pensamiento dominante. Porque el patriarcado mata. Literalmente. Y no podemos quedarnos calladas, tenemos que ir más allá y mostrar nuestra rabia. ¡Adelante las antorchas!

