Bernie Sanders senador por Vermont (USA) y político desde hace más de 35 años ha establecido siete principios sobre cómo debería ser una Inteligencia Artificial (IA) democrática (The Nation, mayo 2026 (https://www.thenation.com/issue/may-2026-issue/). Su primera declaración de principios es clara y universal: “El futuro no debe ser escrito por agentes de IA que solo sirven a los multimillonarios, debe ser escrito por todos nosotros, juntos, de una manera que sane nuestras divisiones nacionales; extienda la prosperidad a todas las comunidades, desde los pueblos rurales hasta las grandes ciudades; permita que la clase media crezca y prospere; y evite que los oligarcas dominen nuestra sociedad”. Sus siete principios son el verdadero catecismo que la política actual debería establecer en relación a la IA. Rezan del siguiente modo.
Primero, debemos mantener a los humanos en el centro del proceso de la creación y utilización de la IA. Necesitamos protecciones reales contra el desplazamiento masivo de empleos provocado por la IA, comenzando por los 3,6 millones de camioneros que en USA se enfrentan a la pérdida de sus medios de vida a medida que los vehículos autónomos circulan por las carreteras. Incluso a medida que los camiones autónomos mejoran la seguridad y la eficiencia, los conductores humanos deben seguir al mando, al igual que los pilotos deben seguir pilotando nuestros aviones. Esto nos permitirá desarrollar una IA que potencie la capacidad humana en lugar de eliminar empleos.
Segundo, toda gran empresa debe negociar con sus trabajadores. Los sindicatos y los representantes electos deben garantizar que los trabajadores desplazados se incorporen a nuevos puestos que generen valor y puedan beneficiarse de las ganancias de productividad de la IA mediante salarios más altos, participación en las ganancias y semanas laborales más cortas.
Tercero, debemos corregir el sesgo antihumano del código tributario. Los robots obtienen una bonificación fiscal alta, pero la contratación de personas conlleva impuestos importantes sobre la nómina. Se estima que las empresas suelen pagar impuestos mínimos o nulos sobre sus herramientas digitales, mientras que han de pagar entre un 30 – 50 % al contratar personas. Esto no tiene sentido. Debemos facilitar la contratación de trabajadores, no la de los robots. También necesitamos crear un sistema para que cada ciudadano reciba un cheque por los datos que genera, tanto cuando se aprovechan por las empresas privadas como para actividades gubernamentales, como la salud pública, la gestión del tráfico y la investigación.
Cuarto, debemos crear una Administración de la Fuerza Laboral del Futuro. Debemos aprovechar este momento de incertidumbre y responder con la agenda de empleo más audaz y humana de las últimas generaciones. Ese proyecto se financiaría con un modesto impuesto sobre el patrimonio de los multimillonarios y además con un impuesto sobre la IA utilizada por empresas que desplazan mano de obra. La iniciativa impulsaría proyectos innovadores que sin lugar a dudas expandirán las fronteras de la ciencia, la energía limpia y la biotecnología. También movilizará a los jóvenes para reconstruir ciudades, educar a nuestros hijos, brindar cuidado infantil y a los ancianos, y fortalecer las pequeñas empresas en cada población. También deben crearse nuevas escuelas de formación profesional e institutos tecnológicos, para que las próximas generaciones estén preparadas para las actividades profesionales que la IA no puede reemplazar.
En quinto lugar, los centros de datos deben servir a las comunidades que los acogen. Actualmente, la riqueza generada por los centros de datos fluye directamente a las megacorporaciones sin beneficiar a los trabajadores. Esto debe terminar. Las empresas tecnológicas deben invertir profundamente en las áreas que les proporcionan esa riqueza, en lugar de simplemente auto enriquecerse. Deben proporcionar recursos informáticos a escuelas y bibliotecas, crear empleos tecnológicos locales y financiar startups, y utilizar energías renovables y tecnología de refrigeración en seco para reducir el enorme impacto que los centros de datos tienen sobre el medio ambiente y el suministro de agua y energía. Deberíamos fijarnos en lo que Singapur ha hecho con sus centros de datos e invertir en un aumento masivo del suministro de energía limpia y agua purificada. Lo más importante es que las empresas tecnológicas deben pagar la totalidad de sus facturas de electricidad en lugar de trasladar esos costes a la población.
En sexto lugar, debemos impedir que la IA instrumentalice el discurso público. Debemos unirnos, sin importar las diferencias políticas, para evitar que los algoritmos basados en la interacción difundan el odio. Debemos regular el contenido violento amplificado. Y debemos exigir que las plataformas se abran para que la ciudadanía pueda conectarse libremente a través de ellas.
Séptimo, debemos regular la IA para que se utilice para mejorar la humanidad, no para dañarla. Necesitamos salvaguardias claras y aplicables, con verificación obligatoria por terceros de los modelos avanzados de IA. Debemos garantizar que esta poderosa tecnología no cause graves daños a la sociedad. Necesitamos unas agencias sólidas que regulen la IA como lo hacemos con la energía nuclear o la aviación y la circulación de automóviles. Estos principios proporcionan el marco para ayudar a garantizar que la IA no propicie un nivel de concentración de riqueza y poder que destruya aún más nuestras democracias. Si continuamos con el statu quo, dejaremos a los ciudadanos comunes y corrientes desamparados, y la prosperidad será solo para unos pocos privilegiados.
Para acabar, quisiera decir al igual que Bernie Sanders, que no me quedaré de brazos cruzados, hemos de luchar por un proyecto verdaderamente democrático para nuestro tiempo. El objetivo no es frenar la innovación, sino asegurar que sus beneficios lleguen a toda la ciudadanía. No debemos rendir-nos ante los magnates tecnológicos. Hemos de revindicar que la IA esté al servicio de todos los ciudadanos de este mundo.


1 comentari
Las tecnologías deben estar al servicio de la mayoría para que pueda disponer de tiempo libre para disfrutar de la vida. Pero sin una buena educación este gozo de vivir es imposible realizarlo completo para una felicidad verdadera. Educar en intereses positivos que aumenten nuestras capacidades, a esto contribuye la televisión, el cine, el teatro, la literatura, no solo la escuela, en definitiva una sociedad digna.