Si alguien pudiera viajar en el tiempo desde hace unos pocos años, no muchos, hasta nuestro presente probablemente no entendería (casi) nada. Por un lado, la izquierda en países como España defendiendo sin reparos ni complejos (e incluso con cierta vehemencia) la soberanía nacional y la actuación de un militar español a la vez que respaldando al Papa de Roma y a la Iglesia Católica. Por otro lado, la derecha poniéndose de perfil, cuando no acusando veladamente al clero de perversas complicidades. Pero si hubiera que explicar de forma resumida a nuestro viajero lo que está sucediendo en este aparente sinsentido podríamos hacerlo con una sola palabra: Trump.
Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en su segundo mandato cada semana parece extremadamente densa. En poco menos de un año y medio la agenda principal del Presidente de los EEUU ha pasado por la guerra arancelaria de abril de 2025, la presión a sus aliados para que incrementen su gasto militar, la ridiculización de la Unión Europea, la captura de Maduro, las amenazas de anexionarse Groenlandia y la Guerra contra Irán (que ya tuvo un episodio anterior, aunque breve). Y la lista podría ser mucho más extensa, aún más si tenemos en cuenta las idas y venidas del inquilino de la Casa Blanca (Cabe recordar el acrónimo TACO).
No obstante, de entre todos los elementos que caracterizan a la Administración de Trump quizás lo que más quepa destacar es, precisamente, su intención de romper siempre el molde. A pesar de que no es difícil posicionar su política dentro del amplio marco del populismo de extrema derecha (y de cierta tendencia fascistoide), lo cierto es que el narcisismo de Donald le hace querer atraer siempre el foco de atención, a menudo a través de la provocación, cuando no de la humillación, aunque eso implique no solo contradecirse a sí mismo de forma recurrente, sino a todo aquello que supone representar. De ahí que el mundo conservador que lo aupó no sepa qué decir ni qué esperar ya de él…
Hasta cierto punto, sus exabruptos y, en general, su particular estilo era defendido por los suyos como una forma efectista pero también efectiva de gestión: una suerte de terapia de shock. En este sentido, se vendía su enorme capacidad negociadora a través de ese arquetipo clásico del hombre de negocios sin escrúpulos pero siempre ganador, casi un genio. A la vez, sus seguidores más devotos le aplaudían en redes sociales y se rían de todas sus ocurrencias, comprendiendo que todo estaba bien en la medida en la que sus adversarios políticos estuvieran quejándose y sufriendo.
No obstante, en 2026 toda frontera parece haber sido traspasada. De algún modo, ante la simplista caricatura de que Trump era apenas un tonto con suerte y poder, emergió ese relato del ganador que todo lo que contempla, un ser prácticamente infalible. Ambos relatos pecan de simplismo, sí, pero el segundo es aún más dogmático: da igual lo que haga el Presidente de los EEUU, aunque nosotros no le encontremos sentido… Él lo tiene todo pensado, él conoce, y si él dispone… Será por algo. Dada esta caracterización uno se ve casi tentado de disculpar su mesianismo, al fin y al cabo quizás acabó creyéndose la mitad de lo que dijeron sobre él sus aduladores.
Ahora, la derecha internacional está sumergida profundamente en la incomodidad de tratar de mantener el equilibrio entre su alianza con Trump y el sionismo de Netanyahu con el compromiso a sus intereses nacionales (y si no, que se lo digan a Ester Muñoz del PP). Sin embargo, la reciente publicación por parte de Trump de una imagen creada por IA y en la que pone su rostro a una escena en la que, claramente, se ve representado a Jesucristo sanando… Esto ya es harina de otro costal. El mismo Donald J Trump salió diciendo que estaba emulando no a Jesucristo sino a un doctor que sana a los enfermos… Pero a poco que se vea la imagen y se haya estado dos minutos en un templo cristiano…
En todo caso, a nadie debería extrañar este tipo de comportamientos egolatras y estrambóticos. Por las mismas fechas de dicha imagen, el Presidente de los EEUU arremetió contra el Papa León XIV por condenar este la guerra. ¿Pero qué se supone qué debería hacer el Papa de Roma? ¿Alguno de estos supuestos cristianos se ha leído las Sagradas Escrituras? ¿Dónde queda para ellos el Dios del amor, el perdón y la reconciliación?
Pero nada de lo que se pueda escribir aquí, aunque desgranemos toda la doctrina católica desde el Concilio de Nicea, bastara para hacer recapacitar a Trump. Él le reprochó al Papa no estar del lado correcto (obviamente, el suyo).
Sea como fuere, a estas alturas sería un poco ingenuo pensar que algo puede hacer cambiar de parecer a Trump. Puede parecer que lo hace en algún momento, sí, pero siempre tratará de salvar su posición porque en su proceder es inconcebible concebir la rectificación, ya no digamos la petición de disculpas. Por lo tanto, habida cuenta de esta situación, la pregunta no puede ser si Trump corregirá el rumbo sino, más bien, si lo corregirán sus aliados, cada vez más empantanados y quedando en peor lugar por sus continuos giros de guión.
Aunque, a decir verdad, si la derecha ha podido pasarse 2000 años ignorando esa parte del Evangelio de Mateo que parafrasea a Jesús con aquello de “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios”, tal vez pueda pasarse otros dos o tres años más del lado de Trump mientras siguen reivindicando todo aquello de lo que él se mofa.


1 comentari
Se acaba el dinero para el terrorismo palestino…