La derecha y la ultraderecha española, subida al carro del golpismo propiciado desde la administración Trump, ignoraron la llamada del Papa a mantener una política constructiva y a apostar por el diálogo en vez de por el insulto y la amenaza. Mientras el Papa llegaba a Barcelona, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, pedía ya, en el Pleno del Congreso donde horas antes le había aplaudido largamente, la dimisión de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Feijóo cree más en «el que pueda hacer algo que lo haga», de José María Aznar que en «el que pueda y quiera escuchar al Papa que le escuche y se comporte como él pide».
Para los ciudadanos normales, no fue fácil ver y escuchar en directo al Papa. Los diversos escenarios que visitó estaban reservados a un público que había conseguido una entrada o fromaba parte de los colectivos de confianza de los organizadores. Por eso, mucha gente fue dando tumbos por los alrededores de la Catedral, el estadio olímpico, Montserrat o la Sagrada Família sin poder nisiquiera verlo. Poner una gran pantalla en el Arc de Triomf no era lo que la gente quería y lo ha confirmado el poco interés que despertó entre la ciudadanía. Los ciudadanos lo que querían era verle con sus propios ojos y solo lo consiguieron quienes se apostaron en el recorrido que hizo con Papamóvil por la calle Rosselló hasta la basílica de la Sagrada Família la tarde-noche del miércoles.
El martes, a mediodía, en la Catedral, era imposible contactar visualmente con el Papa. Sólo se suponía que había llegado cuando sonaban las campanas y se escuchaban los gritos y aclamaciones de quienes habían podido llegar hasta primera fila de las vallas que impedían el paso. Como hormigas despistadas, las personas daban vueltas por las calles cercanas a la Catedral buscando, sin éxito, una posición con buena visibilidad. Esta circunstancia se repitió en el estadio olímpico y la Sagrada Familia una vez el Santo Padre ya estaba dentro. Hay que reconocer que la gran mayoría se lo tomó con resignación y buen rollo.
El buen rollo afectó, incluso, a los portadores de banderas que representan símbolos enfrentados como las esteladas y las de España. Veías pasear unos junto a otros sin que estallaran debates desagradables. Alguno hubo pero pocos. Los de las esteladas se habían reservado para el acto de la Sagrada Família, pero acabaron aburridos de estar lejos del foco central de la bendición de la torre de Jesús y se retiraron pronto. El suelo quedó lleno de pequeñas banderas esteladas abandonadas y de carteles de la Plataforma per la Llengua reclamando que “us volem sentir en la llengua de Gaudí”. La lengua de Gaudí se sintió mucho en boca del Papa dejando en evidencia a quienes se pusieron la venda antes de la herida y denunciaron una ausencia que luego no existió.

La fiesta final en la Sagrada Família acabó con un espectáculo de drones donde se leyó en el cielo de Barcelona la frase de Gaudí: “Primer l’amor, després la tècnica”. León XIV sorprendió con la buena pronunciación en catalán, mérito que se supone que hay que atribuir a quienes le redactaron los textos y le enseñaron cómo leerlos. No sabemos en qué idioma hablaba el Papa y qué les decía a los niños que le iban pasando los escoltas para que los bendijera. En algún momento tuve miedo de que por megafonía se escuchara que se había perdido un niño y que los padres pasase a buscarlo por la zona de atención al público.
Pero el niño que triunfó era algo mayor que los que acercaban al Papamóvil. Se llama Renzo, tiene seis años y le hizo una serie de preguntas a León XIV en la parroquia de San Agustín: «¿Le gusta el fútbol? ¿Por qué hay tanta gente que duerme en la calle? ¿Por qué mi padre tiene tanto trabajo? ¿Debemos perdonar a las personas que nos hacen daño?». Renzo, como muchos de los que se acercaron a los espacios por los que pasó el Papa tiene orígenes latinoamericanos. La Catalunya plural que tenemos hoy se ha visto estos días por las calles. Muchas de las imágenes tomadas con los teléfonos móviles seguro que han viajado rápidamente hacia América Latina. “No hemos visto al Papa pero hemos estado cerca”, escribieron probablemente quienes enviaban las fotos a Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador o Argentina.
Otro colectivo que se ha hecho visible entre los espectadores de la fiesta papal han sido los chicos y chicas de buena familia de la parte alta de Barcelona o de otras comunidades del Estado. Algunos y algunas llevaban el uniforme de colegios privados de aquellos cuya matrícula cuesta mucho dinero. También eran los que combinaban las banderas españolas y vaticanas con mayor frecuencia.
Los paquistanís de los supermercados que hay en las zonas por las que se movían las multitudes no parecían demasiado interesados en el espectáculo. Han hecho, eso sí, una buena caja en estos dos días. Quienes vendían llaveros, pulseras o chapas con referencias vaticanas han tenido suerte diversa. Un señor que las vendía en el estadio olímpico se quejaba de que venía de Madrid donde había hecho un buen negocio y aquí no le había salido a cuenta el viaje. En cambio, otro hombre contaba medio a escondidas el montón de billetes que había hecho en la Sagrada Família. Quizás las familias bien del Up Diagonal habían sido generosas con él.
Al final, el espectáculo de canto, luz y cohetes que cerró la inauguración y bendición de la torre de Jesús encantó a todos. Hemos escuchado muchas quejas de la sobredosis papal de estos días en los medios de comunicación. Sobredosis agradecida por unas audiencias espectaculares tanto en TVE como en TV3. Los medios de la Fachosfera han lamentado que la visita papal les ha aplastado la dosis diaria de escándalos de corrupción que achaca al gobierno español. Además, el Papa León XIV, aparte de los grandes abrazos y sintonía con Pedro Sánchez, ha preferido hablar de paz, diálogo y fraternidad en vez de corrupción. No eran los días ideales para entrar en TVE con la motosierra o el lanzallamas con que amenazan a los de Vox el día que manden. Y a TV3 puede criticarse que haya dedicado demasiadas horas a la visita del líder de los católicos a un país laico, pero sus transmisiones han sido impecables. Con una rúbrica final perfecta con la ceremonia final en la Sagrada Familia. Visto todo por la tele, eso sí.

