Del 4 al 6 de julio de 2026 se celebró el 4º congreso del Historical Materialism en Barcelona. Una ocasión pintiparada para observar el estado de la cuestión sobre cómo están operando los mecanismos que sostienen la ola reaccionaria en curso. En este contexto, quise hablar sobre la nostalgia… Pero, sobre todo, sobre humor y compasión.
Aquí tens la versió en catalá
Vivimos en tiempos nostálgicos, no importa cuando leas esto. La nostalgia siempre es muy sugerente, nos llama porque nos retrotrae a las mieles de un pasado realmente magnífico pero que ya está perdido.
En este sentido, me planteo si acaso esta forma de afectar que tiene la nostalgia no esté detrás de una cierta frustración ante el potencial transformador del arte y el humor actual: siempre nos resulta fácil encontrar obras que resultaron significativas y empoderadoras en el pasado, pero parece mucho más difícil encontrarlas en nuestro presente.
En lo relativo al humor, podemos llegar incluso a decir que este ha muerto, que el capital lo ha esterilizado, que las redes sociales lo han desdibujado, que los cómicos actuales lo han banalizado… ¿Pero es esto realmente así?
En primer lugar, hemos de decir que toda forma de hilaridad no es ni puede ser necesariamente subversiva. Esta es una discusión que no hay espacio para sostener aquí pero, grosso modo, podemos decir que la función del entretenimiento siempre ha estado en relación con la hilaridad. Esto es, siempre ha habido formas de reír que no han pretendido ir más allá de ser una válvula de escape que permita ciertos momentos agradables, alguna distracción que nos haga más llevadero el día a día. Esto no es una cosa de hoy, siempre ha existido y, a decir verdad, sería muy simplista confrontar una suerte de humor auténticamente liberador con la comicidad como entretenimiento: simplemente ocupan espacios distintos, presentan funciones diferentes y no tiene sentido sostener algo así como una jerarquía de la pureza de la hilaridad. De este modo, cabe plantear una tesis que vaya más allá de que el entretenimiento lo ha copado todo y ha sustituido al auténtico y transformador humor.
Hemos de decir que toda forma de hilaridad no es ni puede ser necesariamente subversiva
Pero,si no es la comicidad como entretenimiento la que ha succionado el potencial transformador-subversivo del humor, ¿qué ha sucedido realmente para que ya no lo observemos? La respuesta en corto ya nos revela una trampa: la (falta de) distancia.
Es el paso del tiempo lo que nos permite ver claramente algo que pensamos que siempre fue prístino pero que, realmente, solo lo parece en la medida en la que ha quedado lejano en el tiempo. Es decir, somos capaces de ver en El gran dictador lo majestuoso de su gesto porque tenemos ya el capítulo completo de la Segunda Guerra Mundial y del nazismo. Esto no significa que no fuera ya una gran obra en el momento de su estreno y que no fuera valorada como tal por parte de muchas personas, pero lo que ha ganado enteros es su mensaje de crítica despiadada al totalitarismo nazi porque ahora, y no tanto entonces, se comprende la magnitud del problema. O quizás no se comprende… Pero el desdibujamiento de la distancia temporal nos hace pensar que sí.
Es el paso del tiempo lo que nos permite ver claramente algo que pensamos que siempre fue prístino pero que, realmente, solo lo parece en la medida en la que ha quedado lejano en el tiempo
A decir verdad, esta tesis no debería resultarnos muy extraña. En cierto modo, tenemos indicios, y más que indicios, de cosas que están funcionando de forma peligrosa hoy: un creciente autoritarismo, falta de respeto al Derecho Internacional, exabruptos continuos en la esfera pública, pulsiones expansionistas y genocidas… Sin embargo, aún muchas personas se resisten a ver la gravedad de la situación. O en precisión: sí que se suele observar esta problemática y se suele juzgar como preocupante pero no nos parece equiparable al contexto fascista del siglo XX… Porque aún estamos inmersos en este capítulo de la Historia. Es decir, porque no hay distancia.
Pero si a pesar de la información de la que disponemos no somos capaces de juzgar tan severamente lo que ocurre hoy es porque la distancia distorsiona el pasado con su efecto nostálgico y el reverso del mismo: al centrarse en determinados aspectos del pasado los sobrepondera, también los negativos, convirtiendo en una caricatura todo lo que ocurrió. O lo que es lo mismo, ¿Cómo va a ser Elon Musk nazi si no estamos en los años 30 del siglo XX, no habla alemán y habla continuamente sobre la libertad individual?
Llegados a este punto uno puede hallarse entre la confusión y la resignación. Si el pasado que observamos es siempre una distorsión y el presente no lo podemos juzgar con claridad porque estamos demasiado cerca de él, ¿acaso no podemos observar nada transformador en el humor sin que el tiempo haya pasado y distorsionado todo?
A decir verdad, sí que hay algo transformador en el humor que ocurre precisamente en la supresión de la distancia, pero no de la temporal, sino para con la misma escena humorística: la compasión. Para ser más precisos terminológicamente, y siguiendo a Luigi Pirandello, podemos hablar del «sentimiento de lo opuesto».
El sentimiento de lo opuesto ocurre cuando el patán cómico deja de resultarnos indiferente, cuando, aún cuando sigamos sin identificarnos con él, somos capaces de comprender que lo que nos lleva a la risa revela también una cierta incomodidad, un sufrimiento imposible de abolir: la sujeción a una regla que hiere pero que es ineludible. Umberto Eco encuentra en el carácter de Don Quijote este paradigma de lo humorístico y yo lo he encontrado en Melvin Udall, el personaje protagonista de la película As good as it gets, que encarnó Jack Nicholson. No, no se trata de aguar la fiesta. Tampoco de dejar de reír. Se trata de una risa que nos transforma en la medida en la que comprendemos algo: hay un límite. Lo que hagamos con eso luego… Es otra historia.
Así, si comprendemos el humor como una herramienta del límite, algo que implica necesariamente aproximarse a la incomodidad, tal vez podamos dejar de valorar el valor subversivo de una obra solo en retrospectiva y comprender lo qué es la afectación inmediata: cuando se cambia sin haberlo esperado.
Este artículo es una adaptación de la comunicación que presenté el sábado 4 de julio en el HMB en una mesa sobre «Estéticas de la resistencia: Humor, ficción especulativa y crítica política».

