Andas por la calle, sudas como una cerda y ves cómo todo el mundo se abanica y las conversaciones giran alrededor de este tiempo, de este calor que nos muestra el cambio climático.
Aquí tens la versió en catalá
Con este calor el cuerpo y la mente se ralentizan. Tenemos suerte las personas que tenemos un techo, acceso a electricidad y agua y aparatos de refrigeración, ni que sea un sencillo ventilador. Con este mismo calor hay gente sin techo, sin acceso al agua, sin un sencillo ventilador, con pinchos, tacos, rejas, barrotes, aquello que denominan «arquitectura hostil» y que Collboni and the boys permiten en Barcelona.
Con este calor, quizás algo más, vemos cómo en Palestina los colonos se bañan en las balsas que antes gestionaban palestinos en su casa para beber, para regar. Los colonos, ladrones ocupas, les roban la casa y no les permiten acceso al agua. Estos matones y el ejército del Polaco Genocida tapan las fuentes y puntos de agua en el pueblo palestino, no solo les bombardean y les roban, también les quieren matar de sed, deshidratarlos, que sufran con enfermedades cutáneas por carencia de agua y posibilidad de higiene. Y además, lo viven en precarios campos de refugiados, bajo plástico que amplifica el calor. Y con la pérdida de los cultivos, de paso, les matan de hambre. Los Zion von Brand Band actúan a las órdenes del Polaco y bajo la protección del Rey Naranja.
Mientras tanto aquí giramos la cara y hablamos del tiempo. Desahucian a vecinas y vecinos, personas vulnerables que pagan su alquiler pero que algunos fondos buitre y empresas de apartamentos turísticos no quieren, no son negocio suficiente.
¡Y qué decir, cuando llega el calor y la gente se sienta en barras y terrazas a calmar la sed, de los cuñados de pensamiento ultraliberal! Estos fans del Rey de los Cheetos y el Hombre Invernadero, los defensores de la miseria para las clases populares y de la riqueza sin límites para las élites. Los defensores de los beneficios sobre los derechos. Que haya gente que no sea capaz de analizar los discursos de forma básica no es culpa, solo, de la precarización del sistema educativo, es culpa de la derechización de los que dicen ser de izquierdas y de las mentiras vergonzantes de la derecha y la extrema derecha. Pero hace daño, mucho daño, que gente que nunca en la vida tendrá más que una oportunidad prefiera no tener ninguna y decir, hacer y votar lo que dicen, hacen y votan.
Aprovechando los éxitos de la selección española en el mundial hay quien saca pecho y grita «todo por la patria», pero después no dan un palo al agua más allá de la arenga, y lo poco que hacen es destruir la convivencia. No deja de ser una paradoja que la selección que defienden, gritan y les exalta el orgullo patrio sea diversa, multilingüe, multirreligiosa y con gran peso culé. El Mundial se ha celebrado en un contexto de alarmante discriminación y en un país donde más de 40 millones de personas malviven bajo el umbral de la pobreza. Se trata de una sociedad en empobrecimiento constante a causa, en gran parte, de los elevados costes de un sistema sanitario privatizado, similar al modelo que defienden Israel Diaz Ayuso, el Carioco o el amigo de Marcial Dorado. En esta potencia mundial, una parte importante de la población muere de hambre y por enfermedades desatendidas. De hecho, si se compara con Cuba —que sufre la miseria del embargo impuesto por Donald Trump, el Rey Naranja—, la situación en este territorio es todavía más extrema. Esto demuestra que la verdadera miseria de sus élites y gobernantes no es material, sino humana.

