Josep, no eres tú, soy yo. Todo lo que te diga tómatelo con la misma distancia que separa Barcelona de Osona, mi generación X de tu millennialismo, o la lejanía insalvable entre el escenario y la butaca jodidamente perdida donde fui a parar el día del tercer Concerto Grosso.
Todo estaba tan cuidado aquel día… Las arengas y los discursos calculadísimos, las llamaradas y la pirotecnia sobre el escenario, las pantallas con cerca de 100.000 pulgadas repletas de ledes, que ya las querría Bad Bunny para su gira. Pero, amigo mío, en las gradas del estadio es donde se libraba la verdadera guerra: la cerveza pequeña costaba 8,9 € más los 3 € preceptivos del vaso de plástico teóricamente retornable. Un atracón modelo Barcelona. En el Monsters of Rock de los años ochenta, por mucho menos que eso se hubiera suspendido el concierto y la gente habría provocado llamaradas, pero de las de verdad. Un puñado de personas —algunas ataviadas con camisetas del Barça— cargadas de entusiasmo asaltó el escenario, pero para bailar una especie de coreografía inocente y estéril. Bueno, no quiero hablar más del concierto… ni del precio de la cerveza en el Estadio Lluís Companys.
Mira que sabes producir, bandido. Que los temas que haces tienen el sonido más cuidado de la escena pop, ya no catalana, sino ibérica, y me atrevería a decir que de Europa occidental y todo. Corren vídeos como el de un productor de Texas a quien se le abren los oídos como ventanales y se le humedecen los ojos (a YouTube me remito). Y a mí me pasa lo mismo cada vez que cantáis con Rita aquello de «No sé res, però m’ho vull creure…». O con la potencia de los bajos magníficos de «Molta Tralla»… Sois los Coldplay catalanes acampando en el U-Zona Reggae, con un infiltrado de Sigur Rós y Bruno Mars haciendo volteretas en el estudio mientras escucha un tema de Nu-Disco. Se nota el trabajo impresionante que has puesto detrás: horas y horas de pulir el sonido hasta dejarlo brillante como un coche con encerado extra, y las letras y la música acompasadas a pedir de boca, hasta preparar la mejor hamburguesa sonora imaginable. El resultado gusta a todo el mundo: habéis desplegado una máquina envolvente capaz de reunir a pequeños y grandes, fiesteros y compungidos, en un mainstream de calidad… y en catalán (!).
Los temas que haces tienen el sonido más cuidado de la escena pop, ya no catalana, sino ibérica, y me atrevería a decir que de Europa occidental y todo.
Y no os habéis conformado solo con eso: «La gent que estimo» es el himno emocional de la década y también de un país. Shakira ya no cantaría «Boig per tu» (ya tocaba pasar página, ¿no creéis?) si empezara a salir de nuevo con un futbolista local. Fijaos en una cosa: casi todas las canciones que se hacen por todas partes hablan o bien de amor, o bien de desamor. Pues bien, «La gent que estimo» no se sabe con certeza si habla de amor o de desamor. ¡Quizás porque están ambas cosas a la vez! Ahí radica su encanto… ¿Y qué podemos decir de «In the night»? Reunía las condiciones necesarias y suficientes para ser la canción del verano en todo el globo terráqueo, como lo fue «La Macarena» en su día. Y me consta que se intentó… pero se ve que la industria musical catalana no es la de Miami (oh, sorpresa). Pero, escucha, has convocado a 220.000 almas y has llenado cuatro estadios olímpicos, como quien no quiere la cosa. Y ya pueden decir misa,… ¡que tú ya lo has petado!
Gracias por unirnos en este maravilloso desastre.
Epílogo
Te oigo explicar que ahora solo quieres tranquilidad y pasear con tus perros por Osona. Que el trabajo no lo es todo, que vale más dejarlo ahora que estamos en lo más alto y que las canciones, y no el grupo, son el verdadero legado. Me quedo, Josep, con la sensación de que tal vez todo se ha salido de madre, como aquella panadería de barrio que hace los mejores cruasanes del país y acaba desbordada. Dices que necesitas recluirte más. Reconozco que el día antes de ir al concierto no sabía todavía ni qué cara tenías… Yo no he estado muy atento a lo que hacíais todo este tiempo, y tú tampoco has concedido demasiadas entrevistas ni te has prodigado mucho en los medios de comunicación, Josep. A mí me interesaba saber más cosas del cerebro creativo detrás de las canciones que sonaban en casa un día sí y otro también, y no saber únicamente de tus giros emocionales. He llegado a tiempo de asistir a tu penúltimo concierto, pero demasiado tarde para saber quién había verdaderamente detrás.
