Un escolta con larga trayectoria en la seguridad del president Pujol explicaba que el primer día que cubrían un servicio con Pasqual Maragall ya vieron que aquello iba a ser muy diferente: “Al paso de Pujol, la gente se abría, le dejaba espacio, como en una uve en que el President era el vértice inferior. Con Maragall ocurría todo lo contrario: la gente se agolpaba a su alrededor, quería hablarle, saludarle, verle de cerca”.
La descripción del escolta es una magnífica metáfora de lo que sucede hoy en la política catalana: todos se alejan de Pujol y se arraciman en torno a Maragall. Once años después de su obligado silencio a causa del alzheimer, la figura de Pasqual Maragall emerge como nunca con el horizonte de las elecciones municipales de 2019.
Hoy todos son maragallistas y puede darse la circunstancia de que esa reivindicación del ex alcalde de Barcelona sea cierta: todos los candidatos podrán argüir que ellos encarnan el espíritu Maragall.
Ya nadie pone en cuestión que Pasqual Maragall ha sido el mejor alcalde de la historia contemporánea de Barcelona. Así se lo reconocen la mayoría de barceloneses que se tropezaban con él en sus paseos por la ciudad cuando ya había anunciado que padecía Alzheimer. Lo explica la que fue su jefe de prensa en el Ayuntamiento y en la Generalitat, Àngela Vinent, instigadora y acompañante de aquellos paseos. “La gente, sobre todo en los barrios populares, se acercaba a él y le llamaba alcalde. Muy pocos lo trataban como President”, explica en el libro Recuerdos, de reciente aparición, editado por RBA y la Fundació Pasqual Maragall.
Algunas de las formaciones que apoyan a los candidatos que hoy lo reivindican desplegaron inmisericordes campañas de desprestigio que rozaban o caían directamente en la difamación. El término ‘maragalladas’ acuñado en aquella época, fue usado de forma despectiva para minar la popularidad del alcalde. Pero las personas más próximas a Maragall, tanto de la vida política como de la vida social (vecinos, amigos…) desmienten que existieran las ‘maragalladas’. Él tenía una agenda propia, que muchas veces entraba en colisión con el pensamiento dominante, incluso en su propio partido, donde tampoco se quedaron cortos en librar campañas contra Maragall.
En el PSOE se mofaban de Maragall cuando defendía su apuesta federalista. Vista la debacle a la que les condujo esa actitud entre soberbia y despectiva y visto cómo han evolucionado las reivindicaciones independentistas, ahora son muchos los que se plantean si no se equivocaron en aquel momento con su empecinamiento centralista.

En los últimos días el factor Maragall ha sobrevolado la vida política catalana a propósito de las elecciones municipales que, hace apenas unos días se veían desde Bélgica como cruciales para el Procés. Pero la apuesta de Esquerra Republicana por presentar como candidato a Ernest Maragall altera los deseos de contar con una candidatura unitaria independentista. A Ernest Maragall le avala su apellido, pero quizá deba competir con Ferran Mascarell, también procedente del socialismo catalán y que estuvo con Maragall en el Ayuntamiento y la Generalitat antes de abrazar la causa independentista. Ideólogo ahora de Junts per Catalunya, es uno de los defensores de la Crida Nacional per la República que aspira a una candidatura soberanista para Barcelona. El tercer heredero natural del maragallismo es Jaume Collboni, actual líder municipal por el PSC. Partido, a fin de cuentas, en el que militaba Pasqual Maragall cuando llegó al Ayuntamiento y a la Generalitat.
A priori, la rival a batir es la actual alcaldesa, Ada Colau, que tras su llegada a la alcaldía mostró de forma temprana, aunque tímida, su respeto por Pasqual Maragall. Con el tiempo, ese respeto se ha traducido en reconocimiento y muy probablemente se convertirá en reivindicación a medida que se acerquen las elecciones municipales. La posición de Barcelona en Comú en relación al Procés –a favor de la consulta pero ambigua respecto a la independencia- augura que recibirán ataques de todos lados. Por eso a Ada Colau le interesa, como a ningún otro candidato, que las elecciones se ciñan estrictamente a hablar sobre la ciudad.
En Ciutadans estaban muy dispuestos a hacer una apuesta fuerte por Barcelona, impelidos por el éxito en las elecciones al Parlament. El ex primer ministro francés Manuel Valls, nacido en Barcelona y con familia en Horta, se dejó querer un tiempo por el partido de Albert Rivera e Inés Arrimadas, pero de repente contrató a Xavier Roig, que había sido jefe de gabinete de Pasqual Maragall, y con ello lanzó un claro mensaje de que tiene la tentación de concurrir con una candidatura con acento propio.
Vistos sus buenos resultados en los barrios populares de Barcelona, la tentación de Ciutadans es plantear una campaña en clave identitaria, justo lo que quieren hacer algunos sectores independentistas. Pero todo indica que deberán ceder a la estrategia de Manuel Valls y ésta, muy probablemente, pasará por sumarse a la reivindicación de la figura, y la obra, de Pasqual Maragall.
El caso es que ahora todos quieren a Maragall y algunos habrá que incluso se atrevan a decir cuál sería hoy el pensamiento político de Maragall y su posicionamiento respecto, por ejemplo, al Procés independentista. Cualquiera que lo haga corre el riesgo de equivocarse. En esa y en otras cuestiones. Los testimonios recogidos en el libro Recuerdos (Records en la edición en catalán) llevan a diversas conclusiones. Nadie podía escribirle el guión a Maragall (lo recuerda Manuel Huerga cuando explica que en la grabación de anuncios electorales se negaba a leer al pie de la letra lo que le daban escrito). Huía de los focos (una visita a la cárcel con Queco Novell, un discurso ante mandos de los Mossos sobre la inteligencia policial o la estancia en casa de vecinos de la ciudad son buen ejemplo de ello). “Era un líder que no parecía un líder” o “Tenía lo que antes se llamaba confianza y ahora llaman empatía” son algunas de las frases que pronuncian sus amigos y colaboradores.
Ese liderazgo y esa empatía se traducían en cómo querían acercarse a él muchos ciudadanos. Lo explicaba otro escolta: “A veces yo volvía a casa con los brazos magullados, con moretones, arañazos o pellizcos, porque la gente era capaz de todo con tal de acercarse a él”. Eso daría para otra buena metáfora.


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Fantàstic