Jaume Carbonell es, por su tractectòria vital y pasional dedicada a la educación (en especial como cofundador y durante muchos años director de la revista Cuadernos de Pedagogía), una de las voces más escuchadas y respetadas de la comunidad educativa catalana. Ha escrito una docena de libros sobre educación, y acaba de publicar La educación es política (Octaedro), un ensayo de título provocador con el que, según dice, quiere hacer un llamamiento a todo el mundo educativo a tomar conciencia de que «defender el bien común es responsabilidad de todos, también de la escuela».
¿De dónde sale la idea del libro?
Hay muchos libros que salen de una pregunta, y en este caso la pregunta fue la misma que se hizo mucha gente: ¿cómo puede ser que unos chicos normales, casados, buenos alumnos, que tienen trabajo, juegan al fútbol … hayan cometido los atentados de Barcelona y Cambrils? No encajaba con el perfil que había de otras personas que habían cometido actos de este tipo en París o en otros lugares. Este interrogante es el desencadenante. Y a continuación la siguiente pregunta fue: «Y de esto, ¿cómo se hablará en las escuelas? ¿Se hablará mucho o poco? «. Aún no había comenzado el curso, y yo ya presuponía que seguramente no se hablaría demasiado.
¿Por?
Por dos razones. En primer lugar, porque el procés lo taparía, como así fue. Pero había una segunda razón, y es que yo tenía y tengo la percepción, evidentemente personal, de que en las aulas se habla mucho de innovación pero que la actualidad está poco presente, al menos en relación a lo que lo había sido hace bastantes años.
Yo soy hijo de la transición y al menos en mi escuela entonces, que era religiosa, no recuerdo hablar de actualidad ni a raíz del 23-F.
Pues yo en cambio recuerdo haber ido a muchas escuelas del Baix Llobregat donde veías que todo el tema de la lucha obrera en aquellos momentos estaba muy presente.
En todo caso, la idea del libro es anterior al 1 de octubre.
Sí, surge de los atentados y de esta intuición que la actualidad no entra en las aulas. A mí no me interesa cómo se perpetran, sino el que unos jóvenes que se llaman «integrados» los cometen. Seguramente habría podido hacer un libro sólo sobre Ripoll. Y entonces decido ir varias veces a Ripoll, ya cuando la cosa estaba más calmada, y hablo con diferentes agentes sociales y educativos. Creo que lo que el libro pone cuestión son aquellas cosas que a veces damos por sabidas, y que nos parece que funcionan pero no es verdad. El ejemplo es Ripoll. Aquellos eran chicos que estaban integrados, pero ¿qué significa integración? Descubrimos que era una integración superficial, con una apariencia de plena integración por la ausencia de conflicto. Y ¿por qué no hay conflicto entre estas comunidades? Porque cada uno hace la suya, viven separados. Y esta situación es la que facilita que un imán como ese vaya allá y encuentre un buen caldo de cultivo.
Jordi Carbonell, autor del llibre ‘L’educació és política’ | Sandra VicentePero ¿no es precisamente la escuela un lugar de encuentro de diferentes culturas y orígenes, de mezcla y de puesta en común de valores?
Así es, ciertamente la escuela es un espacio de convivencia, un espacio que integra. Pero el problema se da cuando salen de la escuela, y digo escuela como instituto, cuando salen de la escolaridad. Entonces es un desierto, no hay un tejido social que continúe la tarea integradora. Seguramente hemos sido demasiado optimistas en cuanto a la capacidad de la escuela de compensar desigualdades o combatir el racismo. Propuestas como los planes de entorno o el programa Educación 360 tienen esta idea de que la educación no se rompa cuando se termina el horario escolar ni la escolaridad, y el caso de Ripoll evidencia cómo es esto de importante .
El título del libro parece que quiera dar la razón a los que acusan la escuela de adoctrinadora.
Tiene un punto de provocación, claro, pero lo que pretendo en realidad es una interpelación, a la escuela y todos aquellos espacios que tienen una influencia educativa sobre la infancia. En el sentido de decir que no dejamos la política en mayúscula en manos sólo de los políticos. Es una invitación a tomar conciencia de que la defensa de los derechos humanos y de los derechos de los niños son una responsabilidad colectiva. Nosotros también tomamos decisiones, formamos parte de la polis, de la comunidad, y por tanto no podemos inhibirnos. Porque si lo hacemos estamos abonando esta política de corto vuelo. Desde este punto de vista la escuela es un lugar de resistencia y de búsqueda de otros referentes políticos. A lo largo de la historia de la humanidad la sociedad ha avanzado muchas veces a pesar de lo que hacían los políticos y gracias a movimientos de desobediencia civil, de lucha obrera, etc.
Decías que la actualidad no entra en la escuela, hasta que llegó el 1 de octubre, ¿verdad?
El 1 de octubre es un acontecimiento muy importante, porque más allá de la ideología de cada uno, se trata de un acto de desobediencia al Estado como hacía décadas que no se daba. Seguramente el éxito sorprende a la misma empresa. Pero, además, hay unas cargas brutales, desmesuradas, que tienen los centros escolares como escenario, vemos los templos del saber invadidos, lo que recuerda la ocupación de la universidad durante el franquismo. Y vemos imágenes de una violencia sobrecogedora. Recuerdo que al día siguiente fui a la Escuela Ramon Llull, que fue una de las más afectadas, y vi como todos los chicos se expresaban con poemas o con dibujos. O sea que sí hubo una buena reacción de muchas escuelas, pero hay un capítulo anterior, que es como se trataba el tema del referéndum antes del 1 de octubre, y yo tengo la impresión de que se habló poco.
¿Se tenía que hablar?
Se tenía que poder hablar. Y en este caso se podía haber planteado el mismo debate que había en la sociedad donde se confrontaban la legalidad y la legitimidad, la diferencia entre lo que es legal y lo que es justo, este es el viejo mito de Antígona que siempre ha existido y del que hablo en el libro. La cuestión clave es qué punto de vista debe tomar el profesor.
Y ¿cuál debe ser?
Pienso que el profesorado ha de afrontar estos intereses, este deseo de saber de sus alumnos, pero su papel debe ser de moderador. Lo importante no es que exprese su opinión, sino que pueda abrir un debate en el que haya confrontación documentada y razonada de puntos de vista.
Y respetuosa.
Esto sobre todo. Que cada uno se ponga en el lugar del otro. La educación no es convencer ni hacer cambiar de opinión, la cuestión es que tú puedas salir con una opinión enriquecida de este ejercicio, con más elementos. La escuela es un espacio de pensamiento y de reflexión. Es curioso que en un momento en que el movimiento pendular de la educación mira hacia las emociones y no tanto hacia la cognición (y yo estoy de acuerdo que sin emociones no hay educación), pienso que en determinados debates, que tienen un trasfondo tan emocional y pasional, se echa de menos algo más de razonamiento y reflexión. En todo caso, volviendo al profesorado, lo que el profesor no tiene que hacer es decir la primera palabra y reservarse la última, porque eso sí sería adoctrinar desde una posición dogmática.

Incluso cuando uno quiere ser neutral puede no conseguirlo, o no parecerlo.
El profesorado tiene un compromiso ético con sus alumnos, de no reproducir dobleces ni mentiras, pero no es neutro porque la neutralidad no existe. Entre el adoctrinamiento y el dogmatismo y el hecho de no hablar de política lo que defiendo es que la política está en toda la vida cotidiana, la política no la hacen los políticos en el Parlamento, se hace en la calle, es una tarea colectiva y por lo tanto estamos tomando continuamente decisiones políticas, estamos pensando políticamente. Yo parto de la visión aristotélica según la cual la política es todo lo que hacemos para mejorar la calidad de vida del colectivo, para defender el bien común, para conquistar derechos, y por lo tanto esta es la responsabilidad de todos, de toda la sociedad, y por tanto también de la escuela.
¿No te parece que el tema del adoctrinamiento interesa poco a la comunidad educativa, es decir, que vive con mucha más pasión otros debates que no este?
Todos visitamos escuelas, y hablamos y preguntamos, y evidentemente que en la escuela tenemos muchos problemas, como los recortes, la inclusión, la segregación … pero ¡no este! En absoluto. Y esta es una de las cosas que también me interesaba apuntar en el libro, cómo, en lo que respecta a la educación, el debate político oficial no tiene nada que ver con la realidad. De la infancia, de los maestros o de la escuela. De hecho, hubo un 155 pero no se atrevieron a tocar la escuela, saben que hay un nivel de resistencia de mucha gente, que al margen de lo que piense tiene muy claro que la escuela catalana es una escuela democrática que no adoctrina. Pero en cambio sí que ponen en marcha la estrategia del miedo, y cogen cabezas de turco, hablo de San Andreu de la Barca y de la Seu d’Urgell, y les abren procedimientos penales por delito de odio. Ya explico en el libro que este tipo penal no sería en ningún caso aplicable porque sólo se da en el caso de colectivos vulnerables, y evidentemente la Guardia Civil y la Policía Nacional no lo son. Es una tontería, pero el miedo se instala en la escuela.
Efectivamente, no todas las opciones políticas no independentistas se apuntan al discurso del adoctrinamiento.
El ejemplo sería el PSC, que con el tema de la escuela catalana dice «eh, aquí no entramos». Pero es que en el tema de la inmersión lingüística incluso el PP estaba de acuerdo en tiempos del Piqué, su actual posicionamiento no se entiende si no es por la acción de Ciudadanos. Antes este no era un tema motivo de polémica y conflicto, en realidad no lo era antes y no lo es ahora.
La mayor parte de querellas a docentes ya se han archivado.
Quedan pocos casos abiertos y es difícil que prosperen porque jurídicamente no se aguantan. Pero eso no quita que durante ese tiempo lograron efecto. Y hubo manifestaciones de apoyo, pero yo fui a un par y tampoco fueron tan masivas.
¿Te parece que un año después ese miedo sigue ahí o se ha diluido un poco?
Apenas ha comenzado el curso y tenemos poca perspectiva. Habrá que ver cómo evoluciona el tema de los presos políticos y cómo se sitúa la escuela.
¿Qué deben hacer los centros este 1 de octubre?
Cada centro tiene su autonomía, faltaría más, pero yo pienso que lo que es legítimo desde el punto de vista de la libertad de expresión y de la conexión de la escuela con su entorno es que se vuelva a hablar, como de cualquier otro tema. Seguramente en este caso dependerá fuerza de la afectación de los centros. Hay escuelas que lo vivieron de una manera muy distante, y por tanto tampoco hay que forzar.


