Decir que Jaume Plensa (Barcelona, 1955) es hoy el escultor catalán más internacional es una evidencia. Pero con obras monumentales en Nueva York, Coblenza, Niza, Andorra, Londres, Montreal, Toronto, Tokio o Chicago, al artista le faltaba un reconocimiento oficial, sobradamente merecido, en su casa. Ahora el MACBA de Barcelona y el Reina Sofía de Madrid se han conjurado para hacer sendas exposiciones que, de hecho, vienen a ser una sola: un viaje por la poética de este escultor que, en plena era del alboroto y en un país de griterío permanente, opta por el silencio, por un cierto recogimiento interior que lo mantiene vivo y al margen de competencias y polémicas, como una isla. Por esto cree que este ruido que se genera durante estos meses a su alrededor no es ni bueno, ni malo, ni tardío. Las cosas llegan cuando llegan, y quizás a veces lo hacen el último día de tu vida, sostiene.

