Con el calor, el cansancio del curso y las diversas circunstancias de la vida, julio nos regala una ayudita caída del cielo: Poesía y +, el festival de la «cosa poética» que, de la mano de la Fundación Palau Fabre, hace 20 años que aterriza cada verano en Caldes d’Estrac. El municipio, con uno de los términos municipales más pequeños de Cataluña (no llega ni a un kilómetro cuadrado), organiza el festival cultural más rabiosamente libre e imprescindible de todos los que se hacen y se deshacen.
Aquí tens la versió en catalá
Tanta es la descarga poética por metro cuadrado en Caldetes que, hace años, quiso expandirse a los municipios vecinos, como Teià, Arenys de Mar, Sant Pol de Mar, Vilassar de Mar, Dosrius, Mataró y Alella. Esto empuja a los incondicionales a un dulce peregrinaje de casi dos semanas de duración por teatros y centros culturales, casas noucentistes y balcones del Maresme tropical y libre.
Allá donde hace acto de presencia el festival lo acompañan un excelente montaje audiovisual, un servicio de bar de primera y también el equipo de producción y de públicos del festival, encabezado por Sònia Parra, que, estés donde estés, te hacen sentir como si estuvieras en casa. Este año comisariaban de nuevo, con nota alta, Gabriel Ventura y Leo Vicente Granados. Por la platea, copa de vino o cerveza en mano, hemos visto desfilar, en solitario o muy mezclados, a poetas y rapsodas, actores y performers, músicos y cantantes.
Poesia i +: un dulce peregrinaje de casi dos semanas de duración por teatros y centros culturales, casas noucentistes y balcones del Maresme tropical y libre
El día 4 se reunieron los primeros de la clase: Carles Rebassa, Blanca Luz Vidal y Martí Sales, declamando a Blai Bonet, siempre más agradable de escuchar recitado que no leído. Antes, viendo De clar, res, de Cía Les Salvatges, con texto y dramaturgia de Aida Zumajo-Flores y Sofía Díaz-Ferrer y poemas de Àngela Marinescu, aprendimos que las heridas existen, por mucho que las disfrazamos de razones opacas.
Cerró la tarde la enigmática Magalí Sare, vestida como si se hubiera escapado de un conservatorio de la Bohemia del XIX, desplegando una voz lírica y un flautín que tocaba como los ángeles. Interpretó entero el repertorio Descasades, dando voz a mujeres que, desde los rincones más lejanos del mundo y de maneras muy diversas, mandan a freir espárragos a sus parejas. La acompañó el inseparable Sebastià Gris, virtuoso de la guitarra y una violonchelista que encajó muy bien, a pesar de estrenar trío.
La clásica Noche de poetas, del 9 de julio, reunió a Miriam Reyes (Premio Nacional de Poesía 2025), Joan Deusa, de la Safor, resucitando Ibn Khafadja, antiguo poeta andalusí nacido en Alzira en el siglo XI, y Enric Casasses, este último diciendo: «Me han llamado para sustituir a Eduard Marco». Podéis estar muy seguros: si alguna vez os tienen que sustituir, es buena idea llamar al noi del cabàs, magistral, con su talento infinito planeando sobre los caparazones de todos nosotros, pobres mortales.
Les siguieron un grupo de pop preciosista de nombre Lecocq, que el día siguiente tocaba en el Cruïlla. Buenos músicos: bajista motivado, teclista armada hasta los dientes de buenos sintetizadores y un guitarrista solista ataviado con una americana negra, dibujada y maravillosa y mostacho de Poirot. Y un día más al saco.
El último show al que pude asistir fue el de la conclusión, como gusta hacer a los políticos. Una poetisa disfrazada de mujer pantera, de nombre Maria Sevilla, y Eloi el Bon Noi a los algoritmos musicales, nos presentaron Ni una o l’oposada flor. Buen y celebrado espectáculo, con los mejores momentos hacia el final, cuando el Bon Noi cogía la guitarra y María se encarnaba en flor agradable o cuando escuchamos un Espriu sampleado, reivindicando el acentazo de los catalanes, como nuestra contribución definitiva a la fraternidad hispánica.
Fueron muchos más, y seguro que muy buenos. Júlia Colom, dicen, dejó el listón muy alto, y seguro que Albert Serra nos obsequiaría con su razonamiento claro y contundente como las piedras. No pudimos disfrutarlo, pero así nos llega el Poesía y +, inabarcable en su extensión maravillosa. Lo abrazamos y lo celebramos tal como es, y ya no vemos la hora de que llegue la próxima edición y nos encuentre en predisposición de dejarnos conquistar de nuevo.

