El abandono escolar prematuro es la antesala de la exclusión social, y está directamente relacionado con la presencia o ausencia de factores de protección, es decir, con las medidas que se toman dentro y fuera de los centros educativos para prevenir el abandono. Entre estos factores, los más importantes que tienen lugar en la escuela son la creación de vínculos (por ejemplo, creer en la educación y en la propia capacidad, sentirse parte del proyecto educativo) y la percepción de apoyo de los docentes, mientras que los otros dos (el apoyo familiar, y las aspiraciones propias) se situarían fuera del sistema educativo. Un estudio realizado sobre centros y alumnos del Maresme y el Vallès Occidental revela un gran déficit entre los dos primeros factores, lo que podría explicar por qué Catalunya y España lideran el ranking europeo de abandono escolar prematuro,
Pese a que en los últimos diez años el abandono ha ido bajando, todavía hoy el 18,3% de los alumnos españoles cuelgan los estudios antes de tiempo (es decir, que no se gradúan en la ESO o que dejan de estudiar poco después y tampoco obtienen ninguna calificación postobligatoria reglada), un dato que sólo Malta supera por décimas. En el caso de los alumnos de origen inmigrante, este porcentaje sube muy por encima del 30%. La estadística muestra también que la tendencia a la baja parece estancarse a partir de 2017. En el pasado las oportunidades laborales para los jóvenes eran un factor de abandono prematuro, pero el hecho de que estas oportunidades ahora no sean tales no parece que esté ayudando a frenarlo.
El estudio se titula Reducing Early School Leaving in Europe (RESL.eu), está liderado por la Universidad de Amberes (Bélgica) y han participado grupos de investigación de universidades del Reino Unido, Suecia, Portugal, Polonia, Países Bajos, Hungría, Austria y España. En el caso español, la investigación la ha hecho el grupo Emigra (Grupo de Investigación en Educación, Migraciones e Infancia) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), y ha tenido una vertiente cuantitativa (se han encuestado unos 3.700 estudiantes y 500 profesores de 35 centros del Vallès Occidental y el Maresme) y cualitativa (se han hecho 32 estudios de caso, además de grupos focales con alumnado, profesorado y familias). Aparte, se ha hecho un estudio de caso en Sabadell, donde el curso 2016/17 fueron encuestados 1.500 alumnos de 4º de ESO, que representaban más del 90% del total del alumnado.
Percepción de apoyo y diferencias de expectativas
«Los resultados nos indican que los alumnos catalanes (y aún más con el estudio de caso de Sabadell) tienen una percepción de apoyo docente bajísima y que también su vinculación escolar es la más baja de toda la muestra europea, mientras que los factores de protección, como la percepción de familiar y las aspiraciones están por encima de la media, en contra de lo que generalmente se piensa», explica Silvia Carrasco, profesora de antropología social de la UAB y coordinadora del grupo Emigra. En el caso del estudio de Sabadell, los resultados también muestran que existe «una grave desatención de la administración educativa en los entornos escolares donde se escolariza alumnado de clase trabajadora y el alumnado en situaciones más vulnerables». Esto se traduce en «falta de recursos y de procesos educativos adecuados, que empiezan por no disponer de equipos docentes estables y bien formados, con proyectos inclusivos y de la máxima calidad y herramientas de detección precoz adecuadas».
Por ejemplo, el estudio constata que el alumnado de la ESO atribuye a su profesorado unas expectativas educativas más bajas que las que tienen sus padres y mucho más bajas que sus propias. Un 16% contesta que sus profesores no esperan que sigan estudiando después de la ESO, porcentaje que en el caso del alumnado nacido en el extranjero se eleva al 28,2%.
Los investigadores han identificado una tipología de casos, bien ilustrados a partir de seguir trayectorias de alumnos concretos en diferentes niveles de riesgo, en los que los alumnos que dejaron los estudios antes o poco después de graduarse de la ESO tuvieron un escaso apoyo por parte del sistema. Esto va más allá de casos como, por ejemplo, alumnos gitanos que no habían participado en ningún tipo de programa de apoyo para que los mismos docentes los consideraban casos perdidos, o alumnos llegados tardíamente al sistema educativo que no habían recibido ningún apoyo para acceder a una grado medio y que habían dejado los estudios tras fracasar en el intento. «Nosotros hablamos de alumnado con un riesgo visible de abandono escolar prematuro y el alumnado con un riesgo invisible, porque la mayoría del profesorado aun confunde no graduar la ESO con el abandonamiento escolar prematuro», dice Carrasco.

El estudio ha identificado que «en el caso del alumnado de origen extranjero, graduar la ESO todavía es un factor de protección más para seguir estudiando que en el caso del alumnado nacional, y esto da muchas pistas». La investigación insiste en que uno de los errores que han tenido las políticas de prevención del abandono escolar ha sido no distinguir entre estos dos perfiles de alumnado. Es decir, a meter en el mismo saco el fracaso escolar con aquel alumnado «que gradúa la ESO y queda fuera del sistema porque el sistema no invierte en su promoción postobligatoria». El otro gran error, advierte, es que se ha puesto más el foco «en la composición sociodemográfica del alumnado» y menos «en proponer transformaciones en las prácticas ordinarias de los centros educativos».
Desequilibrio entre necesidades y recursos según tipo de centro
En el caso de Sabadell, se han identificado cinco perfiles de centros (públicos con presencia de clase media; públicos con predominio de clase trabajadora; públicos de alta complejidad; concertados con predominio de clase media; y concertados con predominio de clase trabajadora) y se ha constatado «un desequilibrio muy preocupante entre necesidades y recursos». Es decir, los centros donde «se acumulan las ventajas en recursos familiares y educativos» son aquellos donde predomina el alumnado de clase media, donde un 80% han ido a la guardería, con padres y madres con formación universitaria y tienen trabajos cualificados ya tiempo completo, al tiempo disfrutan de plantillas estables y pueden hacer un seguimiento más personalizado antes y después de la ESO, pero que tampoco segregan internamente al alumnado en grupos de niveles y mantienen expectativas altas para la mayoría.
El estudio de Sabadell establece también doce propuestas de prevención, intervención y compensación para reducir el abandono escolar prematuro en cuanto a políticas educativas locales. Entre estas, habría mejorar la detección precoz de la desvinculación escolar en el alumnado de 3º de ESO y movilizar estrategias para hacerles frente, descentralizar la orientación en zonas clave del territorio, descartando el actual modelo «informativo, tardío y despersonalizado «, generalizar la mentoría, hacer un seguimiento de los centros a partir de indicadores de equidad educativa, mejorar la oferta de ciclos formativos (promover la FP dual) o ampliar la oferta de plazas de formación ocupacional y crear una escuela de segundas o nuevas oportunidades.
«En definitiva, hay contrarrestar los efectos sistémicos (socioeconómicos y educativos) que reducen oportunidades y derechos, y promover transiciones de éxito en la postobligatoria, para que las aspiraciones, los chicos y las chicas ya las tienen», afirma Carrasco.

