Cuanto menos recursos económicos tenga una familia, peor es la salud del niño que vive en ella. Es el patrón que se repite a lo largo de las estadísticas que recoge el informe ‘Infancia y salud en Catalunya y España’ publicado por la Fundació Pere Tarrés (FPT) en el marco de los actos del Día Internacional de la Infancia, que se conmemora el 20 de noviembre.
Las diferentes preguntas y estadísticas, que relacionan niñez con patrones de alimentación, actividad física o higiene, demuestran cierta variabilidad en cuanto a género del menor. Pero sobre todo, revelan un gran impacto de la clase social de la familia sobre los determinantes sanitarios del niño.
Una percepción muy acertada
Los niños de familias pobres tienen una peor salud y son conscientes de ello. «El 10,5% de los niños de la clase más empobrecida valoran negativamente su estado de salud frente al 3,9% de los niños de la clase acomodada», resumen los autores del informe. Con todo, la percepción general de la salud por parte de los niños y niñas es positiva -alrededor del 97% cree que es positiva- y muestra una tendencia creciente en el ámbito estatal desde el 2006.
A escala catalana la tendencia es la misma: el 96,6% de la población de hasta catorce años considera que tiene una buena salud. Con todo, hay un pequeño gradiente en función de la clase social. Entre los niños de familias más acomodadas lo cree el 97,8% frente al 96% de los niños de clase más pobre.
El 19,1% de los niños de la clase más baja sufre obesidad, mientras que el dato es del 6,7% entre los de la más rica
La percepción de los niños es totalmente cierta. A medida que cae la clase social, crece el porcentaje de población infantil que sufre una enfermedad crónica. “La percepción diferencial tiene una base objetiva que se evidencia en los indicadores de salud”, resume la Fundació Pere Tarrés. El ejemplo más claro son los trastornos mentales, sufridos por un 0,25 de la clase social dos -la segunda más rica- y por un 1,28% de la clase cinco -la segunda más baja-. Si bien en ambos casos los diagnósticos afectan a una parte muy exigua de la población, la diferencia es cinco veces superior.
El patrón se repite en las otras tres enfermedades que analiza la encuesta, que son a la vez las más sufridas por los niños del estado. Tanto en la alergia crónica, como en el asma y en los trastornos de la conducta, donde se incluye la hiperactividad, la media estatal se supera siempre entre las dos clases más bajas. Contrariamente, las dos clases más ricas de la sociedad española siempre se encuentran por debajo de la media.
En cuanto al género no hay grandes diferencias, excepto en el caso de los trastornos de la conducta, diagnosticados en el 2,95% de los niños frente al 0,90% de las niñas. Según los datos referentes a Catalunya, el 15,2% de los niños sufre un problema de salud crónico o de larga duración en comparación a un inferior 9,9% de las niñas. Los más comunes a escala catalana son bronquitis (11,3%), problemas crónicos de piel (10,6%), otitis (8,5%) y alergias crónicas (6,6%).
El gradiente de clase también se aprecia de forma clara en cuestión de salud dental. De entre los niños hijos de familias más ricas sólo un 0,65% dice que no se lava nunca los dientes, frente al 41,7% que se los limpia tres veces al día. El porcentaje varía al 3,89% y el 23,5%, respectivamente, en los hijos de casas más pobres españolas.
Hay un descenso del 22,9 de niños expuestos al humo de tabaco en 2011 al 11,6% del 2018
“El gran impacto que ejerce la pertenencia de clase en el estado de salud de los niños indica una alarmante insuficiencia de las políticas de bienestar y de protección a la infancia tanto en España como Catalunya”, critica la Fundació Pere Tarrés. Según el organismo, “el debilitamiento creciente de la protección social en nuestro país se evidencia en el aumento de la desigualdad de clase social entre las familias y los niños, cosa que a su vez afecta de forma muy preocupante en su estado de salud”.
Impacto de la clase en la alimentación y la actividad física
«En España, las cifras de obesidad infantil son bastante elevadas», considera la FPT. En crecimiento ligero desde el 2003, las más recientes son del 10,3%. En cuanto al sobrepeso, la población española de entre dos y diecisiete años que lo tiene es del 18,26%, “cifra idéntica a la del 2011”, explica. A escala catalana se reportan un 20,7% de niños con sobrepeso y un 12,5% con obesidad.
La influencia de la clase social impacta de forma progresiva y clara. El sobrepeso y la obesidad aumenta entre los niños más pobres, especialmente en los niños y en el caso de la obesidad. Sólo lo tienen el 5,41% de niños de la primera clase frente al 15,37% de la sexta y última. En Catalunya el contraste es todavía más grande: el 19,1% de los niños de la clase más baja sufre obesidad, mientras que el dato es del 6,7% entre los de la más rica.
Uno de los motivos que provocan la gran diferencia puede ser el acceso a una alimentación equilibrada y saludable. En este sentido, el consumo de fruta fresca es casi veinte puntos porcentuales inferior por parte de los niños más pobres. Además, el 3,7% de los niños de la primera clase beben refrescos con azúcar diariamente, mientras que lo hacen el 13,6% de los niños del sector más pobre de la sociedad. Según los datos del ministerio, la tendencia se mantiene también con los adultos. Cuanto más pobre es una persona, especialmente si es un hombre, más consumo diario de refrescos azucarados hace.
En cuanto a la actividad física y el ocio activo, hay diferencias notables entre el ámbito español y el catalán. En el primero, uno de cada dos niños lo practica, cosa que supone un aumento de 15 puntos respecto a la década de los años noventa. En Catalunya el estilo de ocio activo se reduce al 35,1%. Según los datos estatales, hay diecisiete puntos de diferencia de actividad entre los niños que hacen más -los más ricos- y los que hacen menos -los de la clase más pobre-. Además, cuanto más disminuyen los recursos económicos, más grande es la brecha de género. En el estrato más pobre hacen deporte de forma diaria el 51,8% de los niños frente al 30,6% de las niñas.
La cara positiva: menos humo y más leche materna
La parte más positiva que refleja el informe de la Fundación Pere Tarrés es una buena tendencia en dos determinantes para la salud de los más pequeños. Uno de ellos es la exposición al humo del tabaco, que desde el 2011 se ha reducido, como mínimo, a la mitad en todas las clases sociales españolas excepto en la más pobre, que ha pasado del 14,5% al 10,2%. En efecto, el determinante económico tampoco desaparece ni en los aspectos más positivos: están expuestos el 7,32 y 10,25% de los niños de las clases más pobres, en comparación al 3 y al 2,27% de las dos más ricas.
Los datos del ámbito catalán también reportan la buena tendencia, con un descenso del 22,9% de niños expuestos el 2010 al 11,6% del 2018. En una orientación similar, el número de mujeres que continúa con la lactancia materna exclusiva medio año después del parto era del 39% en 2017, cosa que supone un aumento muy considerable en comparación con el 15,1% que lo hacía en 1995. El crecimiento se da en todas las frecuencias -al cabo de seis semanas y a los tres y seis meses- y de forma sostenida en los años.
En cuanto al amamantamiento no se encuentra una relación clara entre la clase social y el formato escogido -natural, mixto o artificial-. Ahora bien, sí que hay una diferencia positiva en favor de las mujeres más pobres en cuanto a las que escogen sólo la leche materna: son el 44% frente al 36% de las mujeres más acomodadas. Lo certifican los datos catalanes. Las mujeres más pobres son las que más tarde abandonan la lactancia materna: un 32,4% les da el pecho hasta los doce meses o más, y sólo un 14,6% lo hace hasta los seis o nueve meses.
Incógnita del efecto Covid
La Fundació Pere Tarrés ha elaborado el informe a partir de diferentes encuestas de salud recientes, entre las cuales están la Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE) o la Encuesta de Salud de Catalunya (ESCA). En cuanto a la clase social, se ha determinado según la ocupación de la «persona de referencia del niño», explica la FPT.
Si bien las fuentes son relativamente recientes, no incorporan en ningún caso los efectos derivados de la pandemia de la Covid-19, como por ejemplo el aislamiento domiciliario o la reducción de actividades físicas. «Tendremos que esperar hasta el año 2021 para disponer de datos oficiales que recojan este efecto», prevé el organismo. Con todo, se atreve a hacer un pronóstico de carácter negativo: “La Covid-19 ha generado un perverso efecto Murphy, empeorando lo que podría ir a peor: las desigualdades en la salud de los niños”.
A medida que cae la clase social, crece el porcentaje de población infantil que sufre una enfermedad crónica
La FPT se avanza a los datos porque considera que con la información presentada en el informe, que “muestra un efecto robusto de la clase social sobre la salud del niño”, “podemos inferir que los efectos sociales devastadores de la pandemia empeorarán las situaciones de desigualdad y vulnerabilidad de los niños y de las niñas verso la salud”.
La entidad socioeducativa ve reforzada su tesis en el informe ‘Confinamiento y salud’ del Grupo de Investigación en Determinantes Sociales de la Salud y Cambio Demográfico – OKIP de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Los resultados preliminares del trabajo muestran que la falta de ejercicio físico de los niños durante el confinamiento fue diez puntos superior en los hogares de parientes con estudios primarios o inferiores respecto de los universitarios.
En la misma línea, en los hogares donde los adultos tienen más dificultades para llegar económicamente a final de mes, los niños están mucho más expuestos a la presencia de humedades, problemas de ruido, presencia de humo de tabaco o carencia de luz natural que en aquellas residencias de clases acomodadas.
Ante el previsto empeoramiento de las condiciones, la Fundació Pere Tarrés insta a los educadores y educadoras a tomar en consideración los datos recopilados y actuar en consecuencia para promover la salud infantil. Así, animan a los profesionales de la educación y del ocio a «entender que los niños tienen que poder explicar su malestar y ser escuchados», por lo cual hay que «pensar cómo ofrecerles momentos y espacios para la expresión del malestar en salud».
También los animan a deshacer «el contexto patriarcal» que lleva a las niñas a practicar de forma mucho menos frecuente la actividad física o a «actuar sobre el hábito de higiene bucodental, especialmente con los niños».

