Coincidió con Jordi Pujol en la lucha antifranquista en los primeros años cincuenta. Fundaron un colectivo llamado CC, pero luego se distanciaron. Xavier Muñoz Pujol dice que no tiene claro quién se alejó de quien. El caso es que él se decantó por una interpretación maragalliana de la Catalunya federal. Con Maragall de alcalde, este empresario del textil, fue concejal de Cooperación Empresarial. Presidió la Asociación de Amigos de la UAB y ha escrito libros de análisis y reflexión sobre la política y la economía catalana. Acaba de publicar Después de Waterloo. Crítica al proceso independentista desde el catalanismo (+Bernat)

Y después de Waterloo, ¿qué?
Depende de cómo la política, los políticos y la sociedad civil sepan encarar las complicadas relaciones entre Catalunya y España. En este momento podemos decir que la pelota está en el tejado. Hace falta, aún, mucho consenso antes de poder hacer predicciones.
¿Le preocupa o le ilusiona lo que espera a Catalunya en los años venideros?
El futuro siempre tiene algo de inquietante. Aquí deberíamos preguntarnos si hablamos de un futuro inmediato o lejano. En el primer caso, creo que el futuro de Catalunya continuará siendo problemático. Pronosticar ya es un problema más emocional que racional. Yo soy optimista histórico y creo que lo resolveremos.
Le ha dado muchas vueltas y al final, en el epílogo dice: «De entrada, independentismo no». ¿Por qué no?
De momento no existe la razón que a mí me parece definitiva en cuanto a tomar una decisión de esta trascendencia. Falta una gran mayoría social que afronte con madurez dar el paso. El estado de ánimo colectivo se encuentra alterado, el país está más dividido que consensuado y el procés ha sido más propenso al gesto que al pensamiento. Europa, por otra parte, no se ha inmutado y espera. Los jesuitas, que saben mucho de comportamientos, siempre han dicho que no se pueden tomar decisiones en tiempo de trasiego.
Había quien creía que con la globalización de las comunicaciones se acabarían los nacionalismos. En cambio, parece que hay más nacionalismos que nunca. ¿Cómo se lo explica?
Creo que en realidad los nacionalismos teóricos están en declive ante la realidad de la globalización que, diariamente, empuja el mundo a la uniformidad. Lo que existe, sin embargo, es cierto temor de la ciudadanía a diluirse en grandes estructuras. Existe un cierto conservadurismo de las tradiciones. En cualquier caso, el gran reto de la globalización es la democracia y en este punto es donde surgen los grandes enfrentamientos sociales; los intereses más solidarios enfrentados con los privilegios.
El gobierno catalán ha organizado dos referéndums: Uno, el 9 de noviembre de 2014, y otro, el 1 de octubre de 2017. ¿Este contencioso se puede resolver a base de referendos?
Es una posibilidad que pienso que sólo se puede tener en cuenta si el resultado es vinculante. Si no lo es, el resultado nunca se podrá considerar cierto. Nadie adquiere derechos sobre un objeto sin haber pagado con moneda legal reconocida. Simulacros sobre operaciones radicales que sólo admiten el sí o el no son un juego de artificio confuso. Inaceptables. Si además pretendemos basar una nueva legalidad utilizando un sistema sin garantías, lo que hacemos es engañar.
Compartió con Jordi Pujol varios años de lucha antifranquista. Después se distanció de él. ¿Qué reflexión hace sobre la huella que ha dejado en Catalunya?
Quisiera dejar claro que no sé si me alejé yo de Pujol o bien él de mí. El hecho es que dejamos de coincidir respecto a la política en Catalunya. Los puntos de vista se fueron haciendo incompatibles. En cuanto a la huella que ha dejado Pujol en Catalunya sólo hay que seguir la vía del procés, aunque evidentemente no es la única para entender la base pasional del movimiento. Todo más radicalizado por las circunstancias.
¿Era Pujol independentista de corazón, pero sabía que la independencia era imposible?
Fue durante los años del movimiento político antifranquista y catalanista, conocido como CC, (de 1950 a 1955, más o menos) cuando mantuve una estrecha relación con Pujol. En todo este tiempo nunca le oí decir una sola palabra que pudiera dar a entender que la vía independentista estuviera, de una forma u otra, en su ideario. Esto es lo único que me atrevo a afirmar. Especular sobre los sentimientos de su corazón sería impropio. Sobrepasa cualquier intuición sobre lo que puede pasar por una víscera tan inescrutable.
¿Ha descubierto qué diferencia hay entre catalanismo y nacionalismo?
El catalanismo es históricamente una afirmación de la identidad perdida que a la larga se convierte no sólo en una afirmación cultural, sino también política. Expresada, sin embargo, de una manera muy unánime y muy transversal en la sociedad. No es ninguna doctrina política ni económica. Tiene una vocación progresista que va desde la clase obrera a la burguesía y mantiene un margen de cohesión nacional compartida. El nacionalismo, por el contrario, es un intento de utilizar una parte de estos sentimientos con voluntad de predestinación y de dominio político.
¿Se puede ser independentista y de izquierdas? La izquierda siempre han apostado por el internacionalismo
El independentismo no es una cuestión ideológica; por tanto, no corresponde a las definiciones promovidas por la derecha o la izquierda. El valor simbólico del internacionalismo se mantiene entero ante una circunstancia concreta de injusticia que justifica que una sociedad determinada reclame libertad. En cierto modo podríamos llamarlo el derecho a decidir. La bondad del acto independentista, pues, depende de la causa concreta por la que se quiera separar una nación del dominio de otra.
¿El federalismo puede funcionar? ¿Cómo lo entiende usted?
No sólo creo que podría funcionar, sino que me parece que es la única vía para solucionar el enfrentamiento catalano-español. Entiendo como federalismo la soberanía de una comunidad que cede aspectos concretos de ella para formar, con otras y en absoluta igualdad, una organización que responde a intereses comunes.
¿Se podría mantener el debate sobre el futuro de las relaciones entre Catalunya y España con un tono menos agresivo que el actual?
Pienso que es difícil, pero que es posible siempre que se discutan cosas con posibilidades reales de llegar a un acuerdo. Si se trata, como ahora, de planteamientos maximalistas paralelos por ambas partes no creo que se pueda esperar ningún tipo de solución, ni siquiera en el terreno del tono. El federalismo es el ejemplo idóneo que puede permitir puntos de encuentro y, por tanto, un cambio de estilo en la discusión.
Esta pandemia ¿afectará la correlación de fuerzas políticas en Catalunya?
Si tenemos que hacer caso a la tendencia de ERC a una cierta aproximación a las fuerzas progresistas del estado, eso nos puede llevar a creer que ha sido una estrategia forzada por la pandemia. En el futuro, en otros aspectos, es de prever que la pandemia lleve a reflexionar más profundamente, tanto al estado como a las comunidades autónomas, sobre las cuestiones de las políticas de salud y prevención.
Se acercan los Reyes. ¿Qué carta de deseos políticos les haría llegar?
De entrada, es esencial para la paz del país el indulto o la amnistía (para los que creen que es posible) de los presos. La carta, sin embargo, preferiría que fuera para celebrar que los presos ya estuviesen en la calle.

