El trágico incendio de una fábrica abandonada en el barrio del Gorg de Badalona, con cinco personas muertas y 25 heridas, pone frente al espejo las contradicciones sociales, locales y generales que ha generado la política inmigratoria en los últimos años.
Con el edificio aún en llamas, las primeras valoraciones que hacía en rueda de prensa improvisada el alcalde conservador de Badalona, Xavier Garcia Albiol, mostraban una falta de concreción importante. Decía Albiol que en la nave vivían entre 150 y 200 personas. La diferencia es muy grande, pero la explicación es clara. Ni el ayuntamiento ni nadie sabe cuántas personas había en el Gorg, porque en Badalona, a diferencia de otras ciudades como Barcelona, se ponen impedimentos cuando una persona inmigrante quiere empadronarse. Y si no hay padrón, no hay posibilidades a la larga de regularizar su situación administrativa en España. No se puede encontrar trabajo y no se puede conseguir tampoco permiso de estancia si la entrada en el país es irregular.
¿Y si una persona no puede trabajar legalmente, como vive? La respuesta es que lo hace en la precariedad más absoluta. Esto se traduce mayoritariamente en la recogida de chatarra o cartones. Esta es la imagen de una persona subsahariana, que arrastra un carro de supermercado cargado de desechos del consumismo. Como sólo consiguen dinero para sobrevivir, no pueden ni tener una apariencia convencional. Por supuesto, no pueden alquilar pisos, porque no tienen papeles. No pueden acceder a la sanidad pública porque administrativamente no existen y sus hijos no se pueden escolarizar. Se lavan en las fuentes públicas y se calientan precariamente en edificios que, efectivamente, ocupan, porque no pueden pagar el alquiler ni, seguramente los alquilarían.
La ley de extranjería, el origen
El origen de todo es la ley de extranjería, que diseñó y aplicar el PP, pero que mantiene el gobierno del PSOE de Sánchez. Pero, en algunas poblaciones la política municipal intenta apaciguar la dureza de la situación. En Badalona, esto ocurrió durante los años de mandato de Dolores Sabater. Con su sustitución por el gobierno de Àlex Pastor, del PSC, comenzó el endurecimiento de la situación. Y Albiol, consecuente con su práctica tendente a polarizar la sociedad, ha radicalizado el trato con los más pobres entre los pobres. ¡Que diferente es su política si se compara con la de la alemana Angela Merkel, con quien el PP comparte adscripción internacional!
Albiol siempre ha tendido a vincular inmigración con delincuencia. Aunque él ha estudiado algunos años de derecho, en este caso no aplica la presunción de inocencia. Lo hizo con el edificio del Gorg aún en llamas y un día después fuentes de los Mossos afirman no tener constancia de que en el edificio hubiera actividad delincuencial. No importa. En el incendio, junto con los bomberos, acudieron numerosas unidades antidisturbios de la policía catalana. ¿Alguien piensa que eso mismo habría pasado en el Eixample de Barcelona en un fuego declarado en un edificio de viviendas?
En el accidente hay una parte poco explicada. La Guardia Urbana de Badalona, convertida en guardia pretoriana de Albiol, minutos antes del incendio, acompañada por la Policía Nacional estaba haciendo controles en la puerta del edificio que más tarde se quemó. La explicación del alcalde es genérica e inconcreta: problemas de convivencia, dijo. Lo cierto es que él mismo reconoce que no podían entrar en el edificio porque los jueces no han dado permiso, lo que habrían hecho si hubiera indicios creíbles de actividades ilícitas.
El Gorg es un barrio que tradicionalmente ha acogido gente trabajadora. En los últimos años, con la construcción de dicho canal que llega hasta el puerto, se han hecho numerosas urbanizaciones de pisos donde viven gente joven y familias venidas algunas de ellas de Barcelona. Esto explicaría las diferentes reacciones de los vecinos a la presencia del colectivo de inmigrantes. Hay personas que hablan de buena relación y otros que hablan de peleas y problemas de convivencia. Generalmente no se explica que estos últimos son problemas dentro de la misma colectividad inmigrante que acoge personas de muchos países y tradiciones diferentes, aunque se les agrupa con la denominación genérica de subsaharianos. Y, seguro que se han dado casos vinculados con droga. Pero, todo indica que han sido actitudes individuales y no colectivas, vamos, como en el resto de la sociedad.

Pobres y extranjeros
Badalona ha sido en los últimos seis meses escenario del endurecimiento de la administración municipal hacia los más pobres. Las víctimas del derrumbe de un edificio en el barrio de la Salud, diez familias, algunas con menores, que de golpe se quedaron sin nada, vivían en pensiones pagadas por el ayuntamiento. Con la llegada de Albiol se cambió la política y las familias se quedaron en la calle. Con la ayuda de asociaciones solidarias iniciaron un vía crucis pidiendo amparo a los servicios sociales municipales. La respuesta fue negativa. Acamparon ante el ayuntamiento y con muchas presiones lograron que las familias con menores tuvieran pagados unos días en una casa de colonias de la Sierra de Marina. Finalmente, todo el colectivo entró en un edificio de la Generalitat que estaba cerrado, lo han limpiado y todavía viven por qué el Gobierno ha mirado hacia otro lugar. Todos los componentes del grupo son magrebíes, que tenían su situación perfectamente integrada. Y esto en un ayuntamiento que declara superávit. No importa.
El 17 de noviembre pasado, entidades como Stop Mare Mortum, la coordinadora Obrim Fronteres y la Plataforma Badalona Acull reclamaban ante el ayuntamiento que las autoridades locales facilitaran el empadronamiento de las personas que lo reclaman. Con el último cambio de alcaldía, desde el consistorio se piden, por ejemplo, títulos de propiedad de la vivienda o contratos de alquiler para ser inscritos en el registro, obviando que hay muchas personas que viven de realquiler o en condiciones aún más precarias y no pueden cumplir los nuevos requisitos. ¡Y sí, la mayoría de los afectados son extranjeros!
Y, también en Badalona la práctica de los desahucios, una vez que el confinamiento abrió la puerta, ha hecho que las expulsiones de pisos, ocupados o no, estén a la orden del día. Hace poco se intentó desalojar una pareja que había tenido un hijo el día antes, mientras la mujer tenía síntomas de Covid. El desahucio se aplazó hasta febrero.
En el barrio de San Roque, con población con muchas carencias, durante seis días el suministro eléctrico se ha interrumpido. El consumo, debido al frío, había aumentado y en muchos casos hay gente que ‘pincha’ las líneas. La empresa eléctrica no invierte en aquel lugar. El hecho es que ante las quejas del ayuntamiento no se ha movido. Los vecinos son pobres y la compañía eléctrica es poderosa. Sant Roc hace frontera con el Gorg.
Badalona solidaria
Y junto con el panorama negro está la Badalona solidaria. Horas después del incendio se iniciaba una colecta de ropa de abrigo, mantas y alimentos para las víctimas del incendio. El local independentista que acogía la iniciativa se vio desbordado por las aportaciones de personas y asociaciones de vecinos. Los badaloneses llevan, en un goteo que durará al menos dos días, una manta, agua envasada, arroz, fruta o garbanzos. Los jóvenes solidarios hicieron el jueves un pequeño convoy de furgonetas hasta los lugares donde ahora están los afectados por el incendio.
Badalona se jacta de ser una ciudad acogedora. Lo fue cuando el siglo pasado acudieron decenas de miles de personas de otros lugares. Se mejoraron los barrios a base de reivindicación y lucha. Entonces la gente trabajadora ayudaba a los que estaban peor. Y ahora mismo, durante el confinamiento la solidaridad vecinal proporcionó más de 45.000 comidas a quien más lo necesitaba. La gente por la gente.

Open Arms
Una metáfora de la situación es que el Gorg, donde está la fábrica quemada, está situado pocos cientos de metros del puerto de Badalona, donde está la sede de Open Arms. La entidad creada para salvar personas en la mediterránea. De manera que mientras se evita la muerte en el mar, una vez desembarcadas, aquellas personas se dejan morir administrativamente ya veces prácticamente.
También existe una parte de la ciudad que hace unos años se mira de reojo a los recién llegados. Esta porción, que no es mayoritaria en el conjunto de Badalona, sí lo es en algunos de los barrios de antigua inmigración. Años de campañas fomentando la desconfianza con el que acaba de llegar han hecho mella. Mucho tiempo diciendo a la gente que es clase media han dado su fruto. El abandono de la calle por parte de las fuerzas políticas de izquierdas y su opción por el despacho y la moqueta ha dejado un gran vacío. Y aquí es donde Albiol obtiene los mejores resultados. Bueno, y también en el barrio exclusivo de Mas Ram, donde vive la alta sociedad badalonesa.

