El gobierno municipal de Barcelona, conformado por Barcelona en Comú-ECG y el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), ha logrado un acuerdo con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) para garantizar unos nuevos presupuestos municipales para el 2021.
De este modo, las tres principales fuerzas de la ciudad en virtud de los resultados de las elecciones municipales del 2019, vuelven a encontrar puntos en común y logran un proyecto de cuentas que «pretende combatir la desigualdad y la emergencia social y volver a poner en marcha la economía», en palabras de la alcaldesa Ada Colau. «Es un presupuesto progresista en las prioridades que se marca», aseguró.
Para garantizar el cumplimiento de las cuentas aprobadas, los tres partidos han incluido una comisión bilateral y un grupo de trabajo con el objetivo de estudiar el grado de ejecución de los presupuestos. «El Ayuntamiento firma un contrato de obligado cumplimiento con la ciudadanía. Tenemos un año para garantizar que éste es un buen acuerdo», dijo Maragall.
Gasto público sin precedentes
El borrador de presupuestos, validado por la mayoría del consistorio barcelonés, supone el mayor gasto en la historia del ayuntamiento de la capital catalana. «Vivimos una emergencia social y económica en el marco de una crisis estructural que nos obliga a impulsar grandes cambios en las administraciones para que los recursos públicos estén a disposición de las necesidades del momento histórico», defendió Colau en la presentación de las cuentas.
La flexibilización de las normas fiscales por parte de la Unión Europea con la llegada de la pandemia, y aprobada también por el Estado español, ha sido aprovechada por los tres grupos con más representación en el ayuntamiento y que firman los presupuestos. En total, el gasto previsto es de 3.230 millones de euros, un 6,11% más que el curso anterior.
Las cuentas se han aprobado con cinco votos menos de los que recibieron los del año pasado
«Tenemos recursos extraordinarios y nos podemos endeudar, con prudencia y solvencia adaptada a nuestras necesidades y con capacidad real de actuación», explicó Ernest Maragall, cabeza de lista de ERC. «Exprimimos al máximo nuestras capacidades, competencias y nuestros recursos. Tenemos el gran reto de salir de la crisis sin que nadie quede atrás de la recuperación», añadió Jaume Collboni.
La idea de la necesidad de hacer un presupuesto expansivo para sacar provecho del relajamiento de las reglas fiscales europeas y del estado es compartida por los tres grupos municipales del acuerdo. «Es el instrumento principal de este ayuntamiento para hacer frente a una situación tan compleja como la que nos ha tocado vivir», dijo Colau.
Impulso a los servicios sociales
«Queremos apostar al máximo por políticas públicas que sean anticíclicas para dejar atrás la austeridad», defendió la alcaldesa. En concreto, el proyecto de presupuestos aprobado presenta como objetivos «incrementar la respuesta social a la crisis» con «actuaciones de refuerzo de los servicios sociales y de atención en la ciudad» y con «inversiones de respuesta a la emergencia social y de vivienda».
Al mismo tiempo, el equipo de gobierno y ERC tienen la voluntad de «reactivar y reorientar la economía de la ciudad» con un «apoyo directo al tejido productivo y a la ocupación» y con «inversiones para el fomento de la actividad económica».
Una de las medidas concretas previstas es una dotación de 25 millones de euros para el refuerzo de los servicios sociales. La mitad de esta inyección se destinará a un fondo de infancia hasta los dieciséis años y la otra mitad a diferentes partidas, como por ejemplo ayudas a los alquileres para familias vulnerables o a “dispositivos específicos generados para dar respuesta a la pandemia”.
El acuerdo de presupuestos incluye un incremento de 50 millones de euros a las políticas de vivienda. En concreto, se priorizará la compra de pisos que formen parte del 30% que se tiene que destinar a viviendas de protección en todas las promociones. Según los firmantes del pacto, se conseguirá «incrementar el parque de vivienda pública y estimular las promociones de vivienda privada en la ciudad» al mismo tiempo.
Pese al endeudamiento previsto, el gobierno quiere pasar la pandemia con las cuentas saneadas
Entre los planes previstos, y con una dotación de 30 millones de euros, está la adquisición de edificios singulares de la ciudad «para vivienda o actividad económica». También incluyen un fondo para la mejora de locales y establecimientos (20 millones de euros) o la compra de locales comerciales «para ejecutar proyectos piloto de carácter económico, social o cultural» (10 millones).
En el aspecto más laboral se prevé la creación de un plan de formación y reciclaje hacia actividades relacionadas con la digitalización (4,5 millones de euros), planes de ocupación con una inversión de 9 millones o bonos culturales para incrementar el gasto ciudadano en este ámbito (1 millón).
En cuanto al porcentaje de gasto por políticas, encabeza la clasificación la de Seguridad y movilidad ciudadana (14,1%). Dentro de esta partida, un 59% de los 340 millones de euros presupuestados, irán a los servicios policiales de la Guardia Urbana.
Las otras políticas más favorecidas por el presupuesto son las de Servicios sociales y promoción social (13,8%), Bienestar comunitario (13,7%), Servicios de carácter general (9,6%) y Transporte público (6,8%).
En cuanto a la distribución del gasto directo en los distritos de la ciudad, la media es de 34,2 millones de euros. Los más beneficiados son Ciutat Vella (53 millones), Sant Martí (45 millones) y el Eixample (44 millones). En la otra cara de la moneda, las Corts (23), Sarrià-Sant Gervasi (23) y Gràcia (25) son los que reciben menos.
Sin aumentos en la fiscalidad ciudadana
Las nuevas cuentas aprobadas por el consistorio barcelonés prevén 197,4 millones más de euros de ingresos respecto del año pasado. Con todo, «la fiscalidad no aumenta, sino que habrá subvenciones para los colectivos más afectados por la crisis de la Covid-19», recordó Jaume Collboni.
En efecto, los primeros capítulos de los presupuestos, que cuentan con los ingresos provenientes de impuestos directos, indirectos y de tasas u otros impuestos, bajan ligeramente en las cuentas aprobadas al consistorio barcelonés. Por ejemplo, el apartado de impuestos indirectos reporta una bajada del 22,7% respecto de las cuentas del año que está a punto de acabar.
El acuerdo de presupuestos incluye un incremento de 50 millones de euros a las políticas de vivienda
El consistorio dirigido por Ada Colau espera ingresar 27,5 millones menos que el año anterior en virtud de la congelación de tarifas, 14,8 menos en bonificaciones de la tasa de terrazas al 75% o cinco millones de euros menos por el aplazamiento de la entrada en vigor del recargo de tasa turística.
No obstante, los grupos municipales que han llegado al acuerdo creen que «es necesario mantener la capacidad fiscal del Ayuntamiento para fomentar una salida de la crisis». Por eso, aseguran que «durante el 2021 presentaremos una propuesta de tasa para gravar a las grandes compañías de comercio electrónico».
La franja donde hay un enorme incremento que permite el aumento de gasto es el de transferencias de capital. Dicho de otro modo, el dinero que se recibe de otras administraciones con el objetivo de hacer una política o una actuación en concreto. La partida, que llega a los 146,3 millones, supone un aumento del 826,1% respecto del año anterior.
Además, también crece el apartado de pasivos financieros, que engloba el capital prestado por entidades bancarias. En concreto, el ayuntamiento barcelonés recibirá un 84% más de ingresos provenientes de esta partida.
Endeudamiento deseado
«Ojalá llegamos a la deuda prevista, porque querrá decir que estamos ejecutando el programa de inversiones que presentamos», defendió Maragall en la rueda de prensa. El líder de ERC en el ayuntamiento barcelonés, como los otros firmantes del pacto, consideran necesario un ligero incremento en el endeudamiento del consistorio para hacer frente a la emergencia actual. «Momentos como este requieren hacerlo», añadió Collboni.
Según el número uno del PSC, Barcelona seguiría en «niveles muy bajos de endeudamiento» porque se trata de un «presupuesto expansivo pero responsable» y el equipo de gobierno quiere pasar la pandemia con las cuentas saneadas cómo se encuentran actualmente.
De hecho, los cálculos del ayuntamiento estiman que Barcelona cerrará el 2020 con una deuda de 861.000€, un 31% en función de los ingresos corrientes. El exiguo endeudamiento, comparado con otras corporaciones del estado, aumentaría a 1.042.000€ y un 35,1% proporcional en caso de cumplirse las previsiones del presupuesto para el 2021.
En caso de lograr la deuda presupuestada, habría que retroceder hasta el 2014 para encontrar un año en que el porcentaje respecto de los ingresos totales fuera superior. Aquel año la deuda representó un 38% de las transferencias corrientes ingresadas por el consistorio barcelonés. En cuanto a la deuda total, desde el 2013, con 1.101 millones, no era superior a la que se prevé para el 2021.
¿Un acuerdo con recorrido?
Las cuentas para el 2021 se han aprobado al consistorio barcelonés con cinco votos menos de los que recibieron los del año pasado. La diferencia responde al hecho de que, en esta ocasión, Junts no ha validado los números presentados por el equipo de gobierno encabezado por Ada Colau.
En cambio, ERC sí que se ha mantenido junto a BComú y el PSC y ha dado sus diez votos necesarios para la renovación de los presupuestos. El cambio en el tablero de juego lleva, inevitablemente, a valorar una posible alternativa posterior a las elecciones catalanas del 14 de febrero.
«Ojalá llegamos a la deuda prevista, porque querrá decir que estamos ejecutando el programa de inversiones»
El grosor de las encuestas publicadas hasta el momento apuntan que ERC y Junts podrían repetir su acuerdo, incluso con mayoría absoluta. Con todo, las tensiones constantes en el Govern y la aritmética en los sondeos abren la puerta a un hipotético acuerdo de izquierdas entre ERC, PSC y Catalunya en Comú-Podem que reeditaría el tripartito de la década anterior.
Si bien se trata sólo de unos presupuestos municipales, no sería la primera vez que un acuerdo en una institución impide o desbloquea otro en una de diferente. Sin ir más lejos, los votos de ERC y Junts a las cuentas de Barcelona del año anterior llegaron al poco de un anuncio del Govern de un acuerdo con Catalunya en Comú para la aprobación de las cuentas de la Generalitat.

