En este sentido, la trigésimo tercera edición occitana conservó un alto nivel de calidad, tanto en ficción como en documental, y destacaron en el primer registro la chilena Tengo miedo torero, de Rodrigo Sepúlveda, con un Alfredo Castro soberbio en su papel de travesti bajo la dictadura de Pinochet, y en el segundo la paraguaya Apenas el sol, de Arami Ullón, sobre la pérdida de la cultura de los indios ayoreos. Se llevaron los máximos galardones, o casi.
La ganadora en el primer capítulo fue La chica nueva, de la argentina Micaela Gonzalo, aunque merece la pena detenerse en otras cintas mexicanas, argentinas, brasileñas, colombianas o costarricenses que hablan asimismo de las filiaciones, las generaciones, los desarraigos, las luchas de género y coloniales y la violencia política y social que agita al continente. Todo ello con la invitación a ver las películas presencialmente del 9 al 13 de junio, a falta de poder hablar directamente con sus protagonistas que sí lo hicieron virtualmente en esta cita a distancia de marzo.
Resulta extraño estar viendo películas recluido en casa con personajes que se mueven libremente y sin mascarilla. Y es que, pese a que el maldito coronavirus circula ya desde hace más de un año, el rodaje de estos largos y corto metrajes se hizo justo antes de la explosión de la pandemia. Es posible que el montaje se hiciera después, pero las escenas se filmaron en un mundo que parece cada vez más lejano y ejercen ya sobre nosotros un sentimiento de melancolía. La pregunta es cómo va a afectar a realizadores y realizadores y sus actores y actrices, o sencillamente cualquier rostro ante una cámara, el hecho de reflejar la vida en pantalla en las próximas ediciones del Cinélatino y de todo el resto de festivales.
De momento, el mundo del cine consigue seguir en pie aunque las salas de medio planeta estén cerradas, las condiciones para filmar sean más complicadas que nunca y los intercambios casi solo se hagan a través de la tecnología. Es el caso de la cita de Toulouse que, tras un ensayo en 2020 en que toda la programación presencial tuvo que anularse, este año ha puesto en marcha una plataforma propia que hasta el 5 de abril aún permite visionar todas las películas de competición y un buen número de las otras secciones (alrededor de una cincuentena de títulos) por un precio muy razonable y en todo el territorio francés. Una fórmula mixta que puede quedarse en próximas ediciones para aquellos que no puedan desplazarse hasta la ciudad tolosana.

