Con una atención especial a los diez años de guerra en Siria, que ha provocado el mayor éxodo desde la Segunda Guerra Mundial, a lo cual se añade los conflictos interminables en Gaza, el Alto Karabaj, Yemen, Etiopía, Birmania y, ahora, otra vez, Afganistán. Y con el agravante de la crisis climática para todo tipo de poblaciones. Mientras tanto, Europa se lo mira desde los campos de refugiados, ve como sus instituciones se deterioran y el teletrabajo solo es un lujo para unos cuantos. Y en Estados Unidos la doble moral genera situaciones desde lo más conmovedor a lo más execrable. Para comprender mejor causas y consecuencias de estos conflictos, repasamos con las imágenes representativas las 25 exposiciones que se podrán ver durante un mes en la cita de la ciudad norte-catalana.

Salvada la edición del año pasado, en el paréntesis entre el primer y segundo confinamiento en Francia aunque con una actividad más restringida, en esta trigésimo tercera edición las proyecciones públicas vuelven al Campo Santo la primera semana de carácter profesional en un intento de llevar a cabo el festival de fotoperiodismo de la manera más normal posible. Su fundador y director general, Jean-François Leroy, resume el espíritu del acontecimiento y sus 25 exposiciones en la introducción de la programación: “en esta época prisionera de nuevos oscurantismos, en que la indignación está a flor de piel y en que somos a la vez actores y víctimas de una desinformación ansiógena, estos reportajes nos permiten reflexionar y comprender mejor el mundo en el cual vivimos”. Es una forma de agradecimiento a los medios y las agencias que continúan apostando para que los fotógrafos puedan estar sobre el terreno para dar testimonio de los conflictos lejos del tumulto de las redes. Porque, aparte de las exposiciones fijas, hasta un centenar de reportajes se podrán ver en gran pantalla durante estas seis veladas entre el 30 de agosto y el 4 de septiembre.

También regresan las charlas en el Palacio de Congresos y, por primera vez, hay proyecciones de documentales por la tarde durante esta primera semana profesional en asociación con la cadena de televisión Arte. Y, en este sentido, la guerra de Siria protagoniza una parte importante de los encuentros y exposiciones. Coincidiendo, desgraciadamente, con una década de este conflicto que dio por acabadas las primaveras árabes, dos monográficos recuerdan su enquistamiento: Siria, una década de guerra, de la Agencia France Presse (AFP); y Diez años de guerra vistos por 16 fotógrafos, de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA). Y, precisamente, es gracias fundamentalmente a los fotógrafos locales que se pudo seguir dando testimonio a la población mundial de lo que estaba pasando, dada la imposibilidad la mayor parte del tiempo de que accedieran fotógrafos occidentales a causa de los combates cruzados y del bloqueo del régimen de Bashar al-Ásad.
En el caso de la AFP, se reúnen clichés de hasta 32 fotógrafos, desde los propios integrantes de la agencia hasta independientes de una docena de países y muchos de ellos locales que se iniciaban en el periodismo. En cuanto al proyecto de la OCHA, los dieciséis fotógrafos son todos directamente sirios que recuerdan al cerca de medio millar de muertos y los trece millones de desplazados en el interior del país y en países vecinos, rodeados por las fuerzas de Ásad y de todo tipos de milicias rebeldes e islamistas. En el encuentro que organiza la AFP, además de los responsables de la sección de internacional de la agencia también está anunciado Sameer al-Doumy, ganador del World Press Photo 2016 por su cobertura de la guerra en la Guta, al este de Damasco, cuando solo tenía dieciocho años. Actualmente, trabaja en la delegación de la AFP en la ciudad normanda de Caen, donde continúa haciendo reportajes de refugiados en Calais.

A pesar de que la vuelta al poder de los talibanes en Afganistán ha cogido muy justo en la programación a los organizadores del Visa, estos también han previsto las proyecciones dentro de los encuentros de Arte de los documentales Parirás en el caos y Vivir en el país talibán, de las francesas Margaux Benn y Solène Chalvon-Fioriti. Por otro lado, en la exposición 1981-2001. 40 años de fotografía, del también francés Éric Bouvet, se ha seleccionado de este una foto de un Kabul en escombros el año 2001. Y en la nota explicativa, el mismo Bouvet escribe: “descubro el integrismo islámico (en 1987) en el fondo de un valle cerca de la carretera de Khost, en Afganistán. Un cierto Bin Laden, todavía desconocido en aquel momento, dirige a un grupo que no ama a los extranjeros, y me deja sin refugio ni alimentos después de una travesía agotadora por las montañas nevadas a pie en pleno invierno. Con el peligro añadido de que me encuentro perdido en medio de las líneas soviéticas. No tengo ninguna imagen para mostrar, estas se quedan en mi memoria”.

