Entre otros muchos efectos, la pandemia de la Covid ha provocado un retroceso en la lucha contra la tuberculosis y las muertes causadas por esta enfermedad infecciosa han aumentado por primera vez en más de una década. Ésta es la principal conclusión del informe World Health Organization’s 2021 Global TB report publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el pasado 14 de octubre.
La causa de este repunte de defunciones, según los expertos, es que los recursos dedicados a luchar contra la tuberculosis han disminuido con la llegada de la pandemia de la Covid y también se ha producido una mayor dificultad para acceder a los servicios esenciales en los momentos de máxima tensión sanitaria y durante los confinamientos. Esta dificultad para acceder a los servicios sanitarios ha hecho que muchas personas no hayan sido diagnosticadas en 2020. Mientras que en 2019 se diagnosticaron 7,1 millones de nuevos casos de tuberculosis, en 2020 esta cifra se redujo a 5,8 millones.
El impacto de la pandemia en la detección de los casos de tuberculosis también ha podido observarse en Barcelona. Los datos provisionales que se adelantaron a las XXV Jornadas Internacionales de Tuberculosis, celebradas los pasados 15 y 16 de noviembre en Barcelona, revelan que en 2020 se registraron 242 nuevos infectados, un 18% menos que en 2019. Este descenso se atribuye a la suspensión de los programas de vigilancia activa durante los momentos álgidos de la pandemia.
La principal intervención sanitaria disponible para reducir el riesgo de que la infección de tuberculosis evolucione a enfermedad activa es el tratamiento preventivo de la tuberculosis, i la mayoría de personas que reciben este tratamiento viven con el VIH. El número global de personas que recibieron el tratamiento preventivo aumentó de 1,0 millones en 2015 a 3,6 millones en 2019, pero esta tendencia positiva se invirtió en 2020, con una reducción del 21%, a 2,8 millones. Esto probablemente reflejó las interrupciones de los servicios de salud causadas por la pandemia de Covid-19.
La OMS calcula que, aproximadamente, en 2020 murieron 1,5 millones de personas de tuberculosis, la mayoría en los 30 países con mayor incidencia de esta enfermedad, mayoritariamente en el continente africano y asiático. Sin embargo, las proyecciones de la Organización sugieren que el impacto de las interrupciones causadas por la pandemia en el número de personas que desarrollan la enfermedad y mueren podría ser mucho peor en 2022.
Algunos datos
La tuberculosis es una enfermedad transmisible que constituye una de las principales causas de mala salud y una de las principales causas de muerte en todo el mundo. Hasta la aparición del coronavirus, la tuberculosis era la principal causa de muerte por un solo agente infeccioso, por encima del VIH/SIDA.
La OMS estima que unos 4,1 millones de personas la padecen en la actualidad, pero no han sido valoradas por un especialista o informado oficialmente a las autoridades nacionales. De hecho, desde que una persona se infecta hasta desarrollar un cuadro clínico pueden pasar meses e incluso años, lo que dificulta el estudio de contactos y el seguimiento de las cadenas de transmisión.
Esta enfermedad es causada por el bacilo Mycobacterium tuberculosis, que se propaga cuando las personas enfermas de tuberculosis expulsan las bacterias al aire, por ejemplo, al toser. La enfermedad suele afectar a los pulmones, pero puede afectar a otras zonas. La tuberculosis es curable y prevenible: alrededor del 85% de las personas que desarrollan la enfermedad de la tuberculosis pueden tratarse con éxito con un régimen de medicamentos de seis meses de duración.
La mayoría de personas que desarrollan la enfermedad -en torno al 90%- son adultos, con más casos entre los hombres que entre las mujeres. El número de personas que adquieren la infección y desarrollan la enfermedad también puede reducirse mediante una acción que aborde los factores de riesgo: desnutrición, infección por el VIH, el tabaquismo, los trastornos por consumo de alcohol y la diabetes.
El bacilo Calmette-Guérin (BCG) es actualmente la única vacuna autorizada y en uso contra la tuberculosis, con una cobertura cercana al 90% en países con alta incidencia. La vacuna tiene casi cien años de antigüedad y está basada en una cepa atenuada de la bacteria que causa la enfermedad, proporcionando protección contra la enfermedad pero confiriendo una protección muy limitada contra las formas pulmonares de tuberculosis, responsables de su transmisión. Actualmente, existen diferentes vacunas profilácticas contra la tuberculosis que se encuentran en desarrollo para reemplazar a BCG o para mejorar la protección en individuos ya vacunados.
Se necesitan recursos
El informe de la OMS hace un llamamiento urgente a la puesta en marcha de acciones para mitigar y revertir el impacto de la pandemia de Covid-19 sobre la tuberculosis. La prioridad inmediata es restablecer el acceso y la prestación de servicios esenciales contra la tuberculosis, de modo que los niveles de detección y tratamiento de la enfermedad puedan recuperarse al menos hasta los niveles de 2019.
El progreso en la reducción de la carga de la enfermedad de la tuberculosis requiere una financiación adecuada para los servicios de diagnóstico, tratamiento y prevención de la tuberculosis, sostenida durante muchos años. Sin embargo, la financiación en los países de ingresos bajos y medios, que representan el 98% de los casos de tuberculosis notificados, está muy por debajo de lo que se necesita, y hubo una disminución del 8,7% en el gasto entre 2019 y 2020 (de 4.998 millones de euros a 4.567 millones), volviendo a niveles de 2016.
Los objetivos mundiales, incumplidos
En 2014 y 2015, los Estados miembros de la OMS y Naciones Unidas se comprometieron a una serie de objetivos para 2020 para poner fin a la epidemia de la tuberculosis. Esta estrategia contemplaba una reducción del 35% en el número de muertes por tuberculosis y una reducción del 20% en la tasa de incidencia de la tuberculosis, en comparación con los niveles de 2015. Sin embargo, estos logros no se alcanzaron ni a escala mundial ni en la mayoría de las regiones y países de la OMS, aunque hubo algunos casos de éxito que demostraron que los logros eran alcanzables.
Mundialmente, la reducción del número de muertes por tuberculosis entre 2015 y 2020 fue de sólo el 9,2%, es decir, aproximadamente un cuarto del camino hacia el objetivo. El número de personas que enferman cada año se redujo un 11% entre 2015 y 2020, algo más de la mitad del camino hacia el objetivo del 20% en 2020.
A nivel regional, sólo la Región de Europa de la OMS alcanzó el propósito de reducción de la tasa de incidencia de la tuberculosis, con un descenso del 25%. La Región de África de la OMS estuvo a punto de alcanzar el objetivo, con una reducción del 19%.
Los líderes de todos los Estados miembros de la ONU se han comprometido a «poner fin a la epidemia mundial de tuberculosis» para 2030, sostenidos por metas y objetivos concretos. Después de la primera reunión de alto nivel de las Naciones Unidas sobre la tuberculosis en 2018 y de un informe sobre la tuberculosis del secretario general de las Naciones Unidas en 2020, en la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2023 se llevará a una revisión de los progresos realizados hasta finales de 2022.

