La malaria o paludismo es una enfermedad febril aguda provocada por parásitos del género Plasmodium que se propagan a las personas a través de la picadura de mosquitos hembra del género Anopheles infectados. Se calcula que en 2019 había 229 millones de casos de malaria en todo el mundo.
El último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la malaria en el mundo analiza el alcance de los daños causados por la pandemia de Covid-19 en la respuesta mundial para hacer frente a la malaria. Las conclusiones no son favorables: la OMS estima que en 2020 hubo 241 millones de casos y 627.000 muertes por paludismo, lo que representa que en 2020 hubo unos 14 millones de casos más en comparación con 2019, y 69.000 muertes más.
Según la OMS, aproximadamente dos tercios de las muertes adicionales por esta enfermedad a lo largo de 2020 -unos 47.000- estuvieron directamente relacionadas con las interrupciones en la provisión de prevención, diagnóstico y tratamiento del paludismo durante la pandemia de la Covid-19. Sin embargo, según el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, la situación podría haber sido mucho peor de no ser por los esfuerzos de los países donde la malaria es endémica para mantener los servicios asistenciales. De hecho, en abril de 2020, durante los primeros meses de la pandemia de la Covid-19, el análisis de la OMS había previsto que las muertes por malaria se duplicarían durante ese año si se producía el peor escenario de interrupción servicios de prevención, diagnóstico y tratamiento.
Antes de la crisis sanitaria ya había indicios de que la lucha mundial contra el paludismo se estaba estancando. «Incluso antes de la pandemia, el progreso mundial contra la malaria se había estabilizado, y los países con una alta carga de la enfermedad estaban perdiendo terreno», expone el director general de la OMS en la presentación del informe.
El 96% de los casos de malaria a escala mundial en 2020 se concentró en 29 países africanos, y sólo en seis de ellos -Nigeria (27%), República Democrática del Congo (12%), Uganda (5%), Mozambique (4%), Angola (3,4%) y Burkina Faso (3,4%)- se presentaron ya alrededor del 55% de todos los casos en todo el mundo. Entre 2000 y 2019, la incidencia de casos en la región africana de la OMS se redujo de 368 a 222 por 1000 habitantes en riesgo, pero aumentó a 232 en 2020, principalmente debido a las interrupciones de los servicios durante la pandemia de la Covid-19.
«La situación actual es especialmente precaria. Si la acción no se acelera, corremos el riesgo de ver un resurgimiento inmediato de la enfermedad, especialmente en África. Como se indica en el informe, esto se debe a una convergencia de amenazas -que van desde los brotes de Covid-19 y Ebola hasta las inundaciones y otras emergencias humanitarias- que han provocado interrupciones en los servicios de malaria a varios países africanos con alta carga», describe Tedros Adhanom Ghebreyesus.
A pesar de los desafíos que ha implicado a la Covid-19, también se han visto tendencias positivas en estos últimos dos años. Así, por ejemplo, en 2020 hubo un aumento en el número de niños que recibieron medicamentos preventivos contra la malaria, unos 11,8 millones más que en 2019. Además, varios países, como China y El Salvador, fueron certificados por la OMS como libres de malaria, y otros 25 países están en vías de acabar con la transmisión de la malaria para 2025.
Por otra parte, de los 31 países que tenían previstas campañas de mosquiteros tratados con insecticida (MTI) en 2020, 18 (un 58%) completaron las campañas a finales de 2020. El 72% de los mosquiteros tratados con insecticida previstos en la campaña distribuyeron a finales de ese mismo año.

Una enfermedad prevenible y curable
Los primeros síntomas de la malaria, como la fiebre, las cefaleas y los escalofríos, suelen aparecer a los 10 o 15 días desde la picadura del mosquito infectante y pueden ser leves y, por tanto, difíciles de reconocer como propios del paludismo. Si no se trata, esta enfermedad puede degenerar hasta manifestarse de forma grave y producir la muerte de la persona infectada.
Algunos grupos de población corren un riesgo mayor que otros de contraer la enfermedad y presentar cuadros graves, como son los lactantes, los niños menores de cinco años, las embarazadas y los pacientes con VIH/sida. Afortunadamente, en los últimos 20 años, el acceso ampliado a las herramientas y estrategias de prevención del paludismo, incluidas las medidas de control de vectores -como los mosquiteros tratados con insecticida- y el uso de medicamentos antipalúdicos preventivos, han tenido un gran efecto en la reducción de la carga mundial de la enfermedad. Para prevenir las infecciones por paludismo se utiliza un tratamiento quimioprofiláctico basado en medicamentos.
Desde octubre de 2021, además, la OMS recomienda por primera vez el amplio uso de la nueva vacuna antipalúdica RTS,S en niños que viven en regiones con transmisión moderada y alta de la enfermedad. Esta primera vacuna contra la malaria recomendada por la OMS, que tiene el efecto de inducir la inmunidad humana, actúa de forma distinta y sinérgica a otras intervenciones de prevención del paludismo.
Los datos de las experiencias piloto iniciadas en enero de 2021 y que se realizaron en Kenia, Ghana y Malawi, demostraron que la nueva vacuna tiene un perfil de seguridad favorable, reduce significativamente la incidencia de la malaria y la forma grave y mortal de la enfermedad en los más pequeños y puede administrarse eficazmente en entornos de vacunación infantil reales, incluso durante una pandemia como la de la Covid-19. «Si se introduce de forma generalizada y urgente, la vacuna RTS,S podría salvar la vida de decenas de miles de niños cada año. Sin embargo, seguimos necesitando nuevas herramientas para acabar con la malaria, y más inversión en investigación y desarrollo», destaca Tedros Adhanom Ghebreyesus en el informe de la OMS.
Una vez declarada la enfermedad, la mejor opción terapéutica disponible para el paludismo es el tratamiento combinado basado en la artemisinina (TCA). El objetivo principal del tratamiento es conseguir la eliminación rápida y completa de los parásitos del torrente sanguíneo del paciente para evitar que un caso de paludismo se derive en una enfermedad grave o la muerte.
Los hitos mundiales
Las metas de 2020 de la estrategia mundial contra la malaria de la OMS no se han cumplido, y, tal y como indica el director general de la OMS, «sin una acción inmediata y drástica, no se alcanzarán los objetivos del 2030″. De hecho, desde 2015, el punto de referencia de la estrategia mundial de la OMS contra la malaria, 24 países han registrado aumentos de mortalidad por malaria.
Ante esto, los expertos de la OMS consideran urgente movilizar recursos adicionales para hacer frente a esta enfermedad. Según la Organización, los aproximadamente 3.300 millones de dólares gastados en la lucha contra la malaria en 2020 deberían triplicarse con creces en los próximos 10 años para aplicar con éxito la estrategia mundial. «La malaria ha afligido a la humanidad durante milenios. Ahora tenemos las herramientas y la estrategia para salvar muchas vidas y con nuevas herramientas para empezar a soñar con un mundo libre de malaria», expresa el director general de la OMS.
La Estrategia Técnica Mundial contra la Malaria 2016-2030 es un marco técnico para todos aquellos países en los que el paludismo es endémico. La estrategia establece varias metas a escala mundial: reducir la incidencia y la mortalidad por malaria al menos en un 90% para 2030, eliminar la enfermedad en al menos 35 países para 2030 e impedir su reaparición en los países donde se ha certificado su ausencia.

