Por otro lado, otros films premiados en el festival de la Costa Azul, como Titane (estrenada en España el 8 de octubre de 2021) u Onoda, se fueron con premios menores o sin ninguno. Como siempre, coincidimos con algunas de las elecciones de nuestros colegas y al mismo tiempo lamentamos ciertas ausencias.
De modo simbólico este año, las ganadores de Cannes y Venecia en 2021 fueron dos directoras, y francesas ambas. Y la Academia de los Lumières, antes de que se entreguen los premios César el 25 de febrero, se decantó como mejor película por la segunda, Audrey Diwan y su drama L’Événement iluminado por una cautivadora Anamaria Vartolomei, que también ganó el trofeo a la mejor actriz. Titane, de Julia Ducournau, ni siquiera figuraba entre los cinco títulos nominados en la sección principal. La apuesta fue por una historia enraizada en la realidad y de una gran intensidad con secuelas en la actualidad más que por la fábula trash sobre los tiempos modernos dirigida por Ducournau, que es verdad adolece de demasiados giros de guión inverosímiles. Pero el galardón como revelación femenina fue bien merecido para la transformista Agathe Rousselle y un sorprendente Vincent Lindon que no habría desentonado como mejor actor.
Es injusto, sin embargo, que la introspectiva y atemporal Onoda, 10.000 nuits dans la jungle, de Arthur Harari, ambientada en una isla filipina y que ganó la sección Un Certain Regard de Cannes, se fuera de vacío en esta ocasión. Ni siquiera había sido nominada al mejor guión. No es que la ganadora en esta categoría, Illusions perdues (Las ilusiones perdidas, estreno en España el 4 de marzo), de Xavier Giannoli, carezca de virtudes, pero se trata más bien de una adaptación situada en el siglo XIX de parte de La comedia humana de Balzac con sus ecos contemporáneos de dinero fácil y fake news.El otro triunfador de la gala fue Leos Carax y su aventura hollywoodianAnnette a con los hermanos Sparks, Ron y Russell Mael, que pueden considerarse como coautores de esta ópera pop porque escribieron tanto la música como la letra. De hecho, en Cannes fueron ellos los que subieron al escenario a recoger el premio a la mejor dirección por gentileza de Carax. Y, en esta ocasión, el realizador tampoco estuvo presente, fiel a su estilo, aunque los Mael enviaron un vídeo agradeciendo el premio a la mejor música. Y, para redondear este cuento crepuscular, sólidamente llevado por Adam Driver y Marion Cotillard, parecía justo otorgar el trofeo a la mejor imagen a Caroline Champetier, que viene de lejos, de Truffaut y Godard, y ya había oficiado en la última cinta de Carax, la espléndida Holy Motors.
L’Événement, Annette, llusions perdues y Onoda estaban entre las finalistas a mejor película, junto a un largometraje fallido como es De son vivant, de Emmanuelle Bercot. Toda las promesas sobre las vivencias de un enfermo de cáncer terminal, interpretado por un Benoît Magimel respaldado por Catherine Deneuve, y los buenos momentos durante los ensayos teatrales del primero, se desvanecen cuando Bercot abusa de la vena melodramática y nos hace desconectar de la cinta. La moribunda interpretación le valió a Magimel el premio al mejor actor, pero le preferimos en la primera parte.

