El 8 de noviembre se celebrarán las elecciones al Congreso de Estados Unidos. Como cada dos años, los votantes decidirán sobre la totalidad de los escaños de la Cámara de Representantes (435) y una tercera parte del Senado (34 sobre 100). Los comicios de noviembre serán decisivos para la segunda mitad del mandato del presidente Joe Biden. Y también para el papel que Donald Trump juega en el partido Republicano.
Históricamente, cuando un partido controla la Casa Blanca y también tiene mayorías en ambas cámaras del Congreso pierde escaños en las elecciones legislativas del primer mandato de un presidente. Los analistas por lo general proyectan que los Republicanos recuperarán la mayoría en la Cámara de Representantes, mientras que en el Senado la previsión es más difícil. En la Cámara de Representantes 29 congresistas se jubilan, de los que 22 son Demócratas y siete Republicanos.
De los congresistas que se presentan a otro cargo, ocho son demócratas y siete republicanos. Por tanto, 30 congresistas demócratas y 14 republicanos no se presentan a la reelección. La oposición vaticina que el precedente histórico, la cifra mucho mayor de demócratas que no intenta renovar mandato y la disminución del índice de aprobación de Joe Biden provocará un triunfo claro de los republicanos. La comparación con los dos últimos sufragios legislativos (2018 y 2020) justifica en principio la confianza de los republicanos. De los 36 congresistas que no se presentaron a la re-elección en 2022, 26 eran Republicanos y sólo ocho Demócratas. En 2018, de los 52 congresistas que no se volvieron a presentar, 34 fueron Republicanos y sólo 18 Demócratas.
Cara y cruz de los demócratas
El promedio de las encuestas muestra que el 44,9% de los votantes optaría a las legislativas para un republicano, mientras que un 42,5% lo haría por un demócrata, un diferencial favorable en el llamado “voto genérico” para el partido de la oposición que se ha reducido en las últimas semanas, pero llegó a alcanzar diez puntos a finales de 2021. Los sondeos también muestran que las principales preocupaciones de los estadounidenses son la inflación, la criminalidad, Covid-19 y la economía en general.
En enero, sólo un 21% pensaba que el país iba en la buena dirección. Seis meses es mucho tiempo en política. Actualmente, los demócratas pueden destacar la buena situación macroeconómica en cuanto al crecimiento del PIB, el paro muy bajo (4%), el incremento de los salarios (a pesar de ser inferior a la inflación) y la probable salida de la fase pandémica de Covid- 19. También apelarán a la necesidad de una mayoría Demócrata para poder aprobar el paquete con ayudas sociales e inversiones en energías y tecnologías verdes (Build Back Better) y una nueva ley electoral para asegurar que no se discrimina contra las minorías.
Los Demócratas tienen en contra el mayor nivel de inflación en 40 años (7,5% interanual en enero) y la ralentización económica de los próximos meses. Aunque se pueda frenar el conflicto en Ucrania con Rusia y sus consecuencias, el crecimiento en 2022 será inferior al de 2021. El aumento de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal para controlar la inflación, el bajón de los índices bursátiles, el derrumbe de la cotización de muchas empresas tecnológicas y la desaparición de muchos pagos de los paquetes de estímulo anteriores provocarán menor consumo y crecimiento económico.
Todos los factores mencionados influirán en las 44 carreras abiertas (sin candidato a la reelección) de la Cámara de Representantes. En el Senado, de las 34 carreras, los Republicanos defienden 20 escaños mientras que los Demócratas sólo 14. Cinco senadores republicanos se jubilan mientras que sólo un Demócrata no busca renovar mandato. El liderazgo republicano reconoce que conseguir la mayoría en el Senado es mucho más difícil que en la Cámara de Representantes.
El apoyo envenenado de Trump
Existe un gran factor que complica las aspiraciones de los Republicanos. A partir de marzo se producirán las primarias para escoger al candidato de cada uno de los dos partidos. En el bando Republicano, Donald Trump en los últimos meses de forma metódica y racional (desde su punto de vista) ha anunciado su apoyo para los candidatos republicanos más radicales.
La adhesión y compromiso con un candidato en los Estados Unidos se conoce como endorsement. Les otorgan medios de comunicación, cámaras de comercio, sindicatos y políticos de prestigio o populares. Trump se enfrenta tanto a una comisión de investigación del Congreso como a procesos civiles y criminales en relación a su fundación, la destrucción y apropiación de documentos confidenciales de manera reiterada, las amenazas a cargos electos tras las elecciones de 2020 y el su papel en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.
Sin embargo, buena parte de los votantes Republicanos mantiene una buena opinión de Donald Trump. Dos terceras partes de los votantes republicanos están de acuerdo con la afirmación palpablemente falsa de que el fraude electoral contribuyó a la victoria de Joe Biden. En consecuencia, los candidatos Republicanos a la Cámara de Representantes, Senado y gobernadores intentan evitar la ira de Trump y obtener su complicidad si es posible.
Algunos han sido valientes y han roto con Trump. Diecisiete republicanos (diez congresistas y siete senadores) votaron a favor de su segundo impeachment; 13 congresistas y 19 senadores aprobaron el paquete de infraestructuras y varios han censurado la actuación de Trump después de que perdiera las elecciones en noviembre de 2020. Los cargos electos Republicanos que han desafiado a Trump pagan un precio político.
La clave está en el dinero
El ex presidente da todo su apoyo y el de grupos financieros que le siguen ayudando a candidatos republicanos radicales. La financiación es un factor clave, aunque no siempre decisivo de cara al triunfo. Un análisis de la revista Newsweek revela que cuarenta candidatos que han recibido un apoyo de Trump recaudaron de promedio un 50% más en el mes posterior al anuncio que en el mes anterior. Algunos ejemplos ilustran el fenómeno.
La senadora Lisa Murkowski, de Alaska, votó a favor del segundo impeachment de Trump. El ex presidente no sólo ha dado su apoyo a Kelly Tshibaka, que desafiará a Murkowski en las primarias. También ha advertido al gobernador republicano de Alaska (Mike Dunleavy) que le atacará si no rechaza a Murkowski. También es verdad que muchos pesos pesados del partido Republicano (incluyendo al ex presidente George W. Bush) se decantan por Murkowski.
En el estado de Missouri varios republicanos pugnan por el cargo de gobierno. La republicana moderada, la congresista federal Vicky Hartzler, se enfrenta al ex gobernador Eric Greitens, que tuvo que dimitir tras ser imputado por infracciones electorales. La plana mayor del partido Republicano rechaza a Greitens, pero todo el mundo espera el posicionamiento de Trump. En Georgia, Trump se ha implicado a fondo con la campaña del ex senador David Perdue, que irónicamente perdió su escaño de senador en enero de 2021.
No se puede infravalorar la cantidad de personas del establishment del partido Republicano que sirvieron a la administración de Trump. El tío de David Perdue, Sonny Perdue, fue el ministro (no polémico) de agricultura bajo Trump, aunque ya contaba anteriormente con el prestigio de haber ejercido de gobierno de Georgia durante ocho años y ser un empresario de éxito. Más que tener un gran aprecio por David Perdue, Trump quiere acabar con la carrera política del actual gobierno republicano, Brian Kemp, a quien acusa de no anular los resultados presidenciales.
El desgaste republicano
Irónicamente, muchos líderes republicanos reconocen que las denuncias de fraude sin prueba lanzadas por Trump después de noviembre de 2020 disminuyeron la participación de los votantes republicanos y les costaron los dos escaños de Georgia en el Senado en enero de 2021. Perdue y Kemp se desgastarán en las primarias. El ganador seguramente se enfrentará a Stacey Abrams, la afroamericana que Kemp derrotó por un margen mínimo en el 2018 y también inicialmente rechazó haber perdido.
Tanto Alaska como Missouri son estados conservadores (y aun Georgia hasta el último ciclo electoral) donde seguramente los Republicanos ganarán la elección general (a congresista, senador o gobierno) en noviembre, independientemente de si el candidato que escogen en las primarias es más moderado o radical. Pero en estados donde los Demócratas tienen más fuerza, optar por un republicano radical puedes costarles la elección en noviembre. En Michigan, Trump no perdona que el congresista republicano Fred Upton votara a favor de su impeachment. Apoya a su contrincante en las primarias, el legislador republicano de Michigan Steve Carra, que reconoció ser beneficiario de un incremento de las donaciones financieras en su campaña tras el apoyo de Trump.
En muchos casos, Trump simplemente escoge al aspirante republicano que perpetúa la mentira de que Joe Biden no ganó las elecciones. En Arizona la desconocida periodista Kari Lake ha adoptado esa posición. Los Republicanos moderados prefieren como gobernador a Matt Salmon, ex congresista. La conclusión provisional de todas las encuestas es que una mayoría de los votantes Republicanos tiene una opinión favorable de Trump, mientras que los cargos electos y elite del partido están más divididos sobre el papel del ex presidente. Algunos le rechazan, mientras que otros quisieran que se concentrara en criticar la subida de la inflación y la criminalidad y aportara soluciones. Las elecciones de noviembre pueden acabar siendo tanto un referéndum sobre los primeros 21 meses de Biden como sobre los cuatro años de Donald Trump.
El reto de Joe Biden
Joe Biden, hasta ahora, ha disfrutado de mayorías muy exiguas tanto en la Cámara de Representantes (226 a 215) como en el Senado, donde se registra un empate a 50 que la vicepresidenta Kamala Harris deshace a favor de los Demócratas. Sin embargo, el partido del presidente ha podido aprobar en el Congreso el paquete de estímulo American Rescue Plan de 1,9 billones de dólares en marzo de 2021 y también el de un billón de dólares para la reconstrucción de infraestructuras de transporte. Pero el paquete de estímulo del Build Back Better y una nueva ley electoral fueron abandonados porque los Demócratas no contaban con suficientes escaños en el Senado. Además del empate en el Senado y la oposición en bloque de todos los republicanos, la negativa de los senadores Demócratas Joe Manchin de Virginia Occidental y Kyrsten Sinema de Arizona a apoyar a dichos proyectos de ley fue clave.
Por este motivo, el resultado de las elecciones de noviembre determinará el futuro de las grandes propuestas de la Casa Blanca hasta las presidenciales de 2024. Paquetes de estímulo, presupuestos y otros programas requieren ser aprobados en el Congreso. Las órdenes ejecutivas del presidente pueden dirigir algunos temas, pero también pueden ser rápidamente recurridas en los tribunales. Así ocurrió con el mandato legal que obligaba a la vacunación contra Covid-19 o pruebas semanales para las empresas privadas con más de 100 trabajadores. El Tribunal Supremo le rechazó por 6 votos contra 3, aunque le mantuvo para los funcionarios del gobierno federal.

