Aún no puedo creerme la dimensión que ha cogido esta guerra de Putin y de su clan —palabra que creo que define a los grupos de militares, los oligarcas y los medios de comunicación que siguen ciegamente sus decisiones. Una guerra absurda y criminal que nos hace pensar en los inicios de la II Guerra Mundial cuando Hitler, después de invadir Austria y los Sudetes entró en Polonia, ante la pasividad occidental, la misma pasividad de cuando Putin ocupó Crimea.
Ucrania es la nueva Polonia del siglo XXI con dos diferencias: la primera, que Polonia cayó después de una guerra Blitzkreig (guerra relámpago) en pocos días y, la segunda, que Ucrania no tiene, como sí tenía Polonia, un acuerdo de defensa mutua con Francia y Gran Bretaña. Ucrania no forma parte de la OTAN. Pero si no fuera por estas dos diferencias parece como si volviéramos a revivir las peores páginas del siglo XX.
Putin, como Hitler, hace la guerra con la excusa de proteger a la población rusa. El Führer, levantaba la bandera del Levensraum (o espacio vital) para invadir los países orientales y la zona fronteriza con Francia a fin de proteger a la población de origen alemán. Putin justifica la invasión para proteger a la población rusa fuera de Rusia. Hitler levantó la bandera de la revancha, por el Tratado de Versalles y “la humillación del pueblo alemán”. Para Putin la revancha es por el hundimiento de la Unión Soviética y la terrible década de los 90, con el empobrecimiento y sufrimiento de gran parte de la población, culpando a occidente de la derrota.
Entre los inicios de la II Guerra Mundial y la situación que vivimos ahora hay una gran diferencia: si el conflicto se extiende por toda Europa, el riesgo de una guerra nuclear podría llevarnos a un holocausto inimaginable. Hoy, desgraciadamente, este es un escenario que no podemos dejar de lado. El propio Putin lo ha reconocido y ha puesto su arsenal en situación de alerta. Si ha iniciado esta guerra absurda, puede hacer cualquier cosa.
La resistencia de Ucrania no formaba parte de los planes de Putin. Todavía está en estado de shock. Ante la heroica resistencia, ha decidido bombardear los centros de las ciudades e ir directamente contra la población civil. De nuevo nos encontramos en la misma estrategia de la II Guerra Mundial, una guerra que utilizó la población civil.
La situación ha llegado a una situación en la que los dos bandos han ganado y perdido a la vez. Rusia sabe que los ucranianos no se rendirán, y así, en cierto modo, ya han perdido la guerra que han comenzado. Los ucranianos saben también que pueden resistir heroicamente, pero también saben que, al no ser miembros de la OTAN, y pese a las buenas palabras y las sanciones económicas, los países occidentales no van a intervenir directamente.
La Unión Europea ha reaccionado. Finalmente, ha reaccionado y, si durante la pandemia tomó la decisión de endeudarse para impulsar la economía, ahora da un nuevo paso con la creación de un fondo económico comunitario para compras de armamento para el pueblo ucraniano. Parece que, de repente, la Unión Europea se haya despertado ante la realidad que nos rodea, tomando algunas decisiones inimaginables hace solo dos meses.
De repente, la UE se ha hecho adulta. Ahora solo falta que sea coherente y que reconozca que debe dar dos pasos estratégicos indispensables: organizar un ejército conjunto y tener una única política exterior. Sin Gran Bretaña y el cambio que ha supuesto en algunos países del Este la invasión rusa, ¿existen las condiciones para desplegar estas dos políticas que deben ir acompañadas de una mayor organización federal de Europa siguiendo, porque no?, el modelo estadounidense de gobernanza. Asistimos, desde hace una década, a la creación de grandes potencias regionales: Estados Unidos, China, Rusia y la India. Si Europa quiere mantener los niveles de prosperidad y cohesión social obtenidos, no hay otro camino que la federalización para convertirse en una quinta potencia con capacidad de actuar.
Pero volvamos a la guerra. En las guerras todo el mundo pierde, aunque unos más que otros, eso sí. Si continuamos así, Ucrania acabará destrozada, con más de cinco millones de refugiados y con una resistencia que defenderá el país durante mucho tiempo. Rusia ya se ha encontrado con su segundo Afganistán, una de las causas del hundimiento de la Unión Soviética, y junto a las sanciones, la guerra también le pasará una grave factura. ¿Hasta dónde está dispuesto Putin? ¿Hasta cuándo los ciudadanos rusos aguantarán un dictador a ultranza?
China puede convertirse en el mediador mejor situado y algunos signos empiezan a aparecer. China puede hacerlo porque las relaciones son muy cercanas con Rusia, cercanas con la Unión Europea y difíciles con Estados Unidos. A China no le interesa en modo alguno desestabilizar las economías europeas y rusas, porque su país es ahora la gran fábrica del mundo y una prolongación de la guerra puede comportarle una nueva ralentización de su PIB, y recordemos que China necesita el comercio internacional para mantener su ritmo de crecimiento. ¿Cuál será su mediación? No lo sabemos, pero esta debe pasar por el cese inmediato del fuego entre los dos ejercidos. Cada día de guerra que ocurra, el conflicto será más difícil de resolver

