Rosa Almirall, ginecóloga y militante feminista, fundó en 2012 la Unidad Trànsit, la primera unidad de atención ginecológica para personas trans no patologizante de Cataluña. Con motivo del Día Internacional para la Visibilidad Trans, hablamos con ella sobre la todavía patologización de las personas trans en el sistema sanitario y sobre el funcionamiento del modelo de Trànsit, un servicio pionero en el mundo. «El protocolo de atención a la salud de las personas trans se ha ido suavizando un poco, pero éstas siguen siendo excluidas de poder hacer el cambio que quieren. El modelo imperante es que las personas trans pasen todavía por la evaluación de un psiquiatra, con un concepto de género muy rígido. Como servicio público de salud, somos de los pocos trans afirmativos», explica la doctora.
¿Cómo y cuándo nació Trànsit?
Yo era directora del servicio de ginecología del Instituto Catalán de la Salud (ICS). Trànsit propiamente comienza en octubre de 2012, pero hacía ya un par de años que lo habíamos empezado a gestionar. A raíz de la demanda de dos mujeres trans que no habían sido bien tratadas por los profesionales sanitarios, empecé a replantearme por qué las personas trans no acudían a nosotros. Contacté con personas de la comunidad y les planteé la creación de una consulta de atención sexual y reproductiva para personas trans en las que se las tratara con la dignidad y respeto que se merecían. En 2012 me meto en serio en el tema, y presento el proyecto tanto a la comunidad trans como al ICS. En ese momento, el servicio concertado en Cataluña para atender a las personas trans era el servicio de psiquiatría del Hospital Clínic, donde se encontraba la unidad de trastornos de identidad de género.
¿Cuándo fue reconocido Trànsit por el Departamento de Salud?
Podríamos decir que hasta finales de 2016 era un servicio alegal, porque el servicio concertado era el del Clínic, pero nosotros cada vez recibíamos más personas. Hasta que a principios de 2016 eran ya 600 personas. Llegó un momento en que era desbordante. Pedí ayuda a la comunidad trans, que creó la Plataforma Transforma la Salud para reclamar una atención a la salud de las personas trans respetuosa. Ésta y otras entidades hicieron un enorme trabajo de activismo y visibilización y, finalmente, el Departamento de Salud, que ya conocía nuestro modelo, asume Trànsit como propio y lo introduce como puerta de entrada de las personas trans al sistema de salud pública de Cataluña. En ese momento se ponen las bases de la atención a la salud de este colectivo y se nos dota de presupuesto para poder aumentar el equipo.
¿En qué se basa vuestro modelo de atención?
Básicamente, nos basamos en un modelo de respeto total a lo que dicen las personas. Nosotros actuamos como acompañantes y no las juzgamos en su proceso. Entendemos que no tener una identidad normativa es algo tremendamente complicado en un mundo binario y normativo, y que estas personas pasan procesos largos para llegar a identificarse como quienes son y visibilizarse como tales. Esto, además, no está exento de violencias y discriminaciones por parte de su entorno. Lo que hacemos es acoger a estas personas, entendiendo que ellas son las únicas expertas en su identidad, sin cuestionarlas, y actuamos acompañándolas en las diferentes etapas que van recorriendo y las ayudamos en cualquier dificultad que tengan. La identidad de género no es sólo femenina o masculina, sino que hay personas que pueden encontrarse en cualquier punto dentro o fuera de estas categorías. Además, la identidad de género no es estable y está en evolución constante. Éste es un tema que pertenece a la misma persona y nosotros lo que hacemos es acompañarla en cada uno de los procesos.
Lo que hacemos es acoger a estas personas, entendiendo que ellas son las únicas expertas en su identidad, sin cuestionarlas, y actuamos acompañándolas en las diferentes etapas que van recorriendo.
¿Qué servicios ofrecéis a las personas trans?
Como cualquier otro servicio de salud, nuestra misión es ofrecer acompañamiento a las personas respecto a su salud. Nos aseguramos de dar buena información sobre los tratamientos que siguen y garantizar que no tengan contraindicaciones. Por otro lado, también acompañamos al entorno social de la persona, familiar y afectivo. Además, acompañamos a los centros educativos, empresas y todos los espacios donde se mueve la persona, para que puedan entender su proceso y respetar el camino de esa persona.
Aparte de esto, las personas que atendemos pueden optar a un acompañamiento psicoterapéutico, por malestares relacionados con su identidad o dificultades para visibilizarse socialmente, por ejemplo. También existe un acompañamiento psicoterapéutico grupal, ya que para las personas trans es muy importante contar con una red de iguales. Tenemos también un grupo de acompañamiento multifamiliar para adolescentes, donde pueden participar miembros del entorno familiar, educativo… El trabajador social es quien se encarga de todos aquellos aspectos relacionados con el entorno afectivo, familiar, educativo, laboral, etc. También tenemos dos administrativas que llevan todo el tema de la gestión de las visitas y la programación de cuidados, y que también hacen acogida, ya que son personas trans y nos ayudan a hacer acompañamiento a personas que necesitan conocer alguna persona del colectivo que les cuente su proceso.
¿Hacéis formación a profesionales?
Sí, hacemos formación tanto a profesionales del mundo de la salud (de salud mental, atención primaria, pediatría, endocrinología…) como de la educación, para ir aumentando el conocimiento de estos profesionales, que cada vez se encuentran con más personas que se están cuestionando su identidad. La formación es importantísima, pero muy lenta. Sin embargo, es muy satisfactorio ver que cada vez son más los y las profesionales de la salud que nos contactan para que les ayudemos en la atención a los pacientes trans y les expliquemos qué aspectos deberían tener en cuenta.
¿Cómo ha sido la atención a la salud a las personas trans desde el sistema sanitario a lo largo de las últimas décadas?
Los primeros protocolos y tratamientos aparecen hacia los años 70. Lo hacen en Estados Unidos, y con un criterio sobre la normalidad y la no normalidad muy distinto al de ahora. El protocolo, entonces, era muy psiquiátrico: se hacía una evaluación de la persona para estudiar si cumplía con una serie de requisitos que le permitirían ser aceptada en los servicios de salud como persona trans. Se establece, pues, el criterio de persona transexual -porque en aquella época se llamaba así- ‘verdadera’ y ‘no verdadera’. Los psiquiatras no sólo juzgaban a las personas trans sobre si eran o no trans, sino que también les decían qué cambios médicos deberían seguir, si tratamiento hormonal, operaciones… Cualquier persona que se alejaba de sus estándares, no la consideraban un ‘ verdadero transexual’.
Además, existe otro obstáculo que debían pasar la mayoría de personas, antes de seguir cualquier tratamiento o hacer una modificación corporal, que era hacer lo que se llamaba la ‘experiencia de vida real’. Esta consistía en que, durante tres o seis meses, la persona debía presentarse a la sociedad las 24 horas al día con la imagen que le correspondía por la identidad que sentía y, transcurridos estos meses, debía acudir a los servicios de salud con dos testigos, uno del ámbito familiar y uno del laboral o educativo, que confirmaran que la persona se había presentado al mundo como quien era y que esto le había hecho feliz. Una película tremenda. Era exponer completamente a todas estas personas. Las personas hacen su propia experiencia de vida real, que es que, en la medida en que pueden, van haciendo pequeños cambios en la imagen corporal con la que se presentan a la sociedad, y lo hacen como y cuando quieren. Esta experiencia de vida real había expuesto a muchas personas trans a violencias importantes en el espacio social.
El protocolo se ha ido suavizando un poco, pero las personas trans siguen siendo excluidas de poder realizar el cambio que quieren. El modelo imperante es que las personas trans pasen todavía por la evaluación de un psiquiatra, con un concepto de género muy rígido.
¿El modelo patologizante es todavía el mayoritario en las unidades de atención a la salud de las personas trans?
Sí. Después de este primer protocolo de los años 70, ha habido algunos protocolos de revisión y el próximo saldrá, en principio, en mayo de ese año. El último fue el de 2011 y ya suavizaba algunos de los criterios de los años 70. Pero, sin embargo, cuesta mucho modificar la concepción de los servicios de salud y de la sociedad en general. Sí que es cierto que el protocolo se ha ido suavizando un poco y no hay tan tercer grado como antes, pero las personas trans siguen siendo excluidas de poder realizar el cambio que quieren. Por ejemplo, las personas que se consideran no binarias o las personas trans que se sienten cómodas con sus genitales no cumplen exactamente sus ‘requisitos’ y les dicen que no tienen la condición de trans. El modelo imperante es que las personas trans pasen todavía por la evaluación de un psiquiatra, con un concepto de género muy rígido. Como servicio público de salud, somos de los pocos trans afirmativos. Hay servicios de entidades y asociaciones LGTBI friendly en Canadá y Estados Unidos que también tienen este modelo, pero dentro de la sanidad pública yo diría que los únicos países donde esto se ha establecido es en Malta y en Cataluña.
De hecho, no fue hasta 2018 cuando la OMS dejó de considerar la ‘transexualidad’ como una enfermedad mental.
Exacto. Pero el hecho de que cambies la palabra no quiere decir que cambien los profesionales. Cambias, digamos, el diagnóstico, pero no cambias la forma de llegar a este diagnóstico. Los califican de tener ‘incongruencia de género’… yo siempre digo que para mí son las personas con mayor congruencia de género, porque luchan por el género que sienten y con el que se identifican.
¿Cuál es el balance que hace después de todos estos años desde que creó Trànsit? ¿Cómo ha ido creciendo el servicio?
Hemos pasado de ser una profesional -yo- a tiempo parcial, más dos psicólogas que ejercían voluntariamente, a ser, en Barcelona, 10 profesionales, unas cuantas a tiempo completo. También hemos abierto otros puntos Trànsit en Cataluña: en Reus, Lleida, Girona, Cataluña Central, con base en Manresa, en Sabadell, Terrassa, y estamos a punto de abrir uno en Badalona. La idea sería que, en un futuro, Trànsit desapareciera, es decir, que cada uno de estos puntos forme a los profesionales del área para que, a la larga, en cualquier equipo de atención a la salud sexual y reproductiva haya un profesional que tenga conocimiento de este tema y que, por tanto, no sean necesarias entidades especializadas.
¿A cuántas personas habéis atendido a lo largo de estos años? ¿Ha cambiado el perfil de las personas que atendéis?
En 2016 eran 600 las personas atendidas y, en este momento, en Trànsit en Barcelona hemos atendido a unas 5.000 personas, y cada semana entran unas 15 personas nuevas. Las edades van de 2 o 3 años hasta personas de 70 y pico. Ha aumentado muchísimo el número de menores y adolescentes que acuden a nuestro servicio. En los primeros años, cuando era un servicio poco conocido, venían personas que habitualmente estaban dentro del activismo, que llevaban tiempo con tratamiento. Ahora, en cambio, vienen personas de edades muy diversas. La franja de edad se ha ampliado mucho y a menudo vienen con una mayor red social. Muchas veces el entorno de las personas ya conoce su situación, en la escuela ya les llama por su nombre, etc.
Durante los últimos años, ¿considera que se ha avanzado en términos de derechos de las personas trans?
A partir de la Ley de 2014 para garantizar los derechos de las personas LGTBI en Cataluña, se despatologizan las identidades trans y esto da la posibilidad a Trànsit de existir. Creo que la visión ha cambiado mucho y que Cataluña es un pequeño oasis en este sentido, porque la administración ha impulsado acciones muy positivas. En cuanto a la salud, el Departamento de Salud y el CatSalut han hecho una apuesta importante para apoyar a Trànsit y a las personas trans y cambiar la mirada patologizante. Creo que se ha avanzado mucho en la atención a la salud de las personas trans, aunque todavía existen violencias e incomprensión en algunos espacios. En Cataluña tenemos algunas voces críticas hacia lo que hacemos, al igual que en el resto de España, pero creo que vamos por el buen camino: cada vez hay una mirada más abierta y más respeto. Ha habido un gran cambio desde que pusimos en marcha Trànsit en 2012. También hay que decir que desde el activismo se está haciendo un trabajo impresionante para visibilizar a las personas trans, organizando jornadas, charlas en las escuelas, haciendo documentales, exposiciones fotográficas…
En Cataluña tenemos algunas voces críticas hacia lo que hacemos, al igual que en el resto de España, pero creo que vamos por el buen camino: cada vez hay una mirada más abierta y más respeto.
Hablemos del proyectoo de Ley Trans que se ha impulsado en el ámbito estatal, y cuyo anteproyecto fue aprobado el pasado mes de junio.
Se presentó un poryecto de Ley Trans que era muy completo, que consideraba la variabilidad de los procesos y necesidades y que trabajaba mucho en cómo asegurar derechos a las personas trans en todos los ámbitos. Era una maravilla, pero fue bloqueado. Se creó una fractura en el movimiento trans: las que no querían que hubiera ley si no era aquélla y las que decidieron negociar para rebajar las propuestas de la ley y ganar, al menos, algunos derechos. Y estamos ahí. El anteproyecto de ley se presentó en el Congreso para su discusión y aprobación definitiva, pero el proceso parece estar atascado. Parece que hay dificultades para su aprobación por posiciones contrarias entre los dos partidos que están en el Gobierno.
En los últimos años, el discurso transexcluyente ha ido cogiendo fuerza. ¿Qué piensa?
Estas personas expresan su opinión con mucha violencia. Es una opinión que va en contra de las personas trans, y yo no respondo a violencias.
¿Cuáles son las asignaturas pendientes en cuanto a la lucha por los derechos de las personas trans?
Ante todo, el derecho a la autodeterminación de género, incluyendo a las personas no binarias: cada uno debe poder clasificarse e identificarse como quiera. Otro tema importante y en el que debería trabajarse es la cuestión de la inserción laboral de las personas trans, que actualmente están prácticamente excluidas del mundo laboral. Además, es necesario realizar un trabajo importante en los centros educativos para informar más sobre las identidades diversas en las aulas.
En cuanto a la salud, aunque la situación es bastante buena, se debe tener en cuenta que el número de personas que se cuestionan su identidad en este momento es creciente y que, evidentemente, necesitaríamos más recursos para atenderlas. Uno de los temas que no podemos llevar a cabo por falta de recursos es la investigación. Se necesitarían más estudios para mejorar la manera de atender a las personas trans, valorar cómo deben ser los servicios dirigidos a éstas, estudiar los efectos de los tratamientos a largo plazo sobre la salud, ya que no tenemos suficiente conocimiento científicamente validado sobre el tema… A menudo se dice que existe un arrepentimiento del 80% en los adolescentes que realizan la transición, unos datos que se basan en estudios de los años ochenta, cuando se tenía una consideración del género muy diferente a la actual. Hay que realizar investigaciones para actualizar este tipo de datos, que son muy antiguos y que, probablemente, no se corresponden a la realidad.
¿Cree que las nuevas generaciones ya viven con mayor naturalidad el hecho de que existan identidades diversas?
Sí, yo creo que hemos vivido muchas revoluciones. La lucha por el respeto a la orientación sexual y la revolución feminista, que continuan. Ahora estamos viviendo otra revolución, que es una continuidad de la lucha que llevamos haciendo las feministas desde hace muchos años y que es un paso más hacia la igualdad de las personas. Las nuevas generaciones se preguntan: «¿Qué significa esto que mis genitales condicionen quien soy, cómo puedo expresarme, cómo quiero que me traten…?». Lo que nos están diciendo los jóvenes es que no les gusta el mundo que les hemos dejado en cuanto a clasificación de género. Muchos jóvenes están dando un paso adelante para luchar para que cada persona pueda ser quien es, independientemente de lo que tenga en los genitales o qué categoría de género se le ha dado al nacer.

