«Nuestra precariedad es tu desinformación» es un lema que desde el Sindicato de Periodistas de Cataluña / Sindicato de Profesionales de la Comunicación (SPC) hace tiempo que utilizamos para evidenciar cómo unas condiciones laborales precarias dificultan un ejercicio de la profesión con la libertad y la independencia profesional suficiente para garantizar a la ciudadanía su derecho a una información de calidad, veraz, plural y rigurosa. Y la verdad que la libertad de informar cada vez está más complicada dada la creciente degradación laboral que existe en el sector.
Ya había empezado antes, pero la crisis del 2008 supuso un gran golpe, con ERE, rebajas salariales y despidos. La comunicación fue, después de la construcción, el sector con mayor pérdida relativa (en porcentaje) de empleo. Y todavía no nos habíamos recuperado de los efectos de la crisis, que llegó la pandemia provocada por el coronavirus. Y, en un momento en que era necesaria más información rigurosa que nunca, frecuentaron los Erto. No fue el único sector que lo sufrió, pero el discurso oficial que hacía falta más y mejor información que nunca se vio reflejado en decisiones y políticas que debieran facilitarlo.
En el manifiesto que hemos hecho público con motivo del 1 y 3 de Mayo de este año denunciamos como «la pandemia provocada por la COVID19 ha sido utilizada por muchas empresas periodísticas para precarizar aún más las condiciones laborales, y han convertido en profesionales en la prenda sin contrato a gente que simplemente hace el trabajo desde casa, pero sigue teniendo una vinculación laboral y jerárquica como cualquier otro trabajador en plantilla. Esto sólo agrava aún más la situación del colectivo de periodistas en la pieza y freelance, el más perjudicado de la profesión, sin protección social alguna».
Desde el nacimiento del sindicato, ahora cumplirá 29 años, hemos defendido la regulación laboral de este colectivo tal y como lo está en muchos países de nuestro entorno, como Francia, Italia, Portugal, Alemania o Bélgica, entre otros. Se trata simplemente de dar cobertura social a trabajadores y trabajadoras que ahora están totalmente desprotegidos y que siempre que existe cualquier crisis son los más perjudicados porque por ahora no tienen derecho ni a indemnizaciones ni a subsidios de paro. Es una indecencia que ninguno de los gobiernos que ha habido hasta ahora haya movido un dedo para resolver esta ignominia laboral. Además, esta situación castiga especialmente a las mujeres, ya que éste es un colectivo que, por diversas razones, está fuertemente feminizado. Y en unos momentos en los que se habla tanto de políticas de igualdad, es doblemente miserable que no se aborde esta cuestión.
Cuando se repare esta injusticia histórica, la profesión habrá dado un enorme paso adelante para mejorar las condiciones laborales con las que trabaja y, por tanto, estará también en mejores condiciones para hacer un periodismo a la altura de lo que requiere una sociedad democrática. Sólo un periodismo digno –en sus condiciones laborales– podrá contribuir a una ciudadanía más libre para tomar sus decisiones. Un compañero hizo hace unos pocos años un hábil juego de palabras que utilizamos como lema para el último Congreso de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP): «Del precariodismo al periodigno ». Dos expresiones que hemos convertido en dos de nuestros habituales hashtags. Es decir, la única forma de poder hacer un periodismo digno es poner fin al periodismo precario.

