La ONU data que durante la pandemia 7 de cada 10 empleos sanitarios y de limpieza fueron ocupados por mujeres. La feminización del sector de la limpieza es una historia inherente al propio oficio: en España, el 76% de empleadas de la limpieza son mujeres, según el Estudio Grandes Cifras del Sector Limpieza 2022 elaborado por IFMA y ASPEL.
Si bien son las mujeres las que sustentan la higiene y los cuidados de la sociedad, es uno de los sectores más precarizados e invisibilizados. La Asociación Española de Servicios Personales y Domésticos (AESPD), recoge que es un mercado que genera unos 6000 millones de euros, cuyo un 80% del volumen se encuentra en la economía sumergida.
La pandemia, allí dónde las mujeres ocupaban puestos base imprescindibles para sostener la crisis sanitaria, fue dónde salieron a flote todos los demonios clasistas: al no ser consideradas personal sanitario, las mujeres de la limpieza de los hospitales no fueron gratificadas con las “pagas covid”. Eso sí, eran personal esencial obligado a asistir a su puesto de trabajo en un momento de alto riesgo. No fue hasta dos años después, tras múltiples bloqueos parlamentarios a darles la ayuda y las reivindicaciones de las afectadas, que el Consell Executiu aprobó la paga extra para las trabajadoras de la limpieza que, como dicen, entraban a limpiar las habitaciones antes de que entraran los médicos. Esta retribución, concebida para traducir a nivel económico el agradecimiento que se expresaba a las ocho de la tarde en los balcones, llegaba para las limpiadoras un año más tarde que para el resto. De media cobraron 336’7 euros, un pago hasta cuatro veces inferior a lo que percibieron enfermeros y médicos.
Un pago hasta cuatro veces inferior a lo que percibieron enfermeros y médicos
En el 2019, ya antes de la pandemia, datos del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales apuntaban a que las enfermedades relacionadas con “parálisis de los nervios debido a la presión” prevalecían más del doble en las mujeres. Estas dolencias están dentro de los trastornos musculoesqueléticos (TME) —que implica huesos, músculos, articulaciones, tendones, ligamentos, nervios y vasos sanguíneos—, y son precisamente las patologías más recurrentes entre las limpiadoras. Dentro de estas neuropatías, está una de las más famosas entre las limpiadoras: el síndrome de túnel carpiano.
Hermanas de sangre, oficio y heridas
“Tengo una cicatriz de la intervención, pero salió muy bien. Cuando me dieron el alta, le di la mano al médico y bromeó con que tenía mucha fuerza” explica Emilia García, que lleva dos décadas en el sector de la limpieza. Le operaron del túnel carpiano después de años de movimientos repetitivos y fuerza manual. Con este síndrome, la mano pierde movilidad y fuerza, además de sentir dolor, entumecimiento y hormigueo. La American Academy of Orthopaedic Surgeons explica que “la afección se presenta cuando uno de los nervios principales de la mano, el nervio mediano, se pinza o comprime cuando pasa por la muñeca”.
La mano pierde movilidad y fuerza, además de sentir dolor, entumecimiento y hormigueo
El mocho no perdona, y es que su hermana Juana, que lleva quince años en el mundillo, ha pasado por la misma intervención. Si bien Emilia gozó de la correspondiente baja por estar contratada de manera regular, Juana tuvo que calcular su tiempo de recuperación sin retribución por la enfermedad laboral. “No tengo bien el olfato, casi no tengo”, comenta Juana, “es por los productos químicos que he usado para limpiar”, añade. Este trastorno es conocido como hiposmia, uno de los efectos secundarios menos conocidos de la labor de limpieza. La exposición prolongada a los químicos puede afectar a la percepción de los olores y sabores, o incluso bloquearla por completo, trastorno que es conocido como anosmia. Además de lo olfativo, Juana tiene picos de asma producidos por esa misma inhalación de agentes tóxicos.
No tengo bien el olfato por los productos químicos que he usado para limpiar
Rosa García es otra de las hermanas que se dedica a la limpieza, tras 30 años en el sector, ha desarrollado problemas en la piel: “la lejía me da alergia, eso ha sido con el paso de los años, porque antes no me pasaba. Me sale como una especie de sarpullido”. La patología a la que se refiere Rosa es la dermatitis de contacto, que Medline define como una afección por la que la piel resulta “enrojecida, adolorida o inflamada después del contacto directo con una sustancia”. Otra de las consecuencias que padece a raíz de este trastorno son unas grietas crónicas en las palmas de las manos.
Clasismo y razones de género como ejes de discriminación laboral
A finales del 2022, la Sala Cuarta del Tribunal Supremo reconocía a una trabajadora de la limpieza la enfermedad profesional tras haberse roto el manguito rotador del hombro. En el Real Decreto 1299/2006, los oficios que aparecen como susceptibles de enfermedad laboral son mayormente de sectores masculinizados: minería, construcción… pero para las limpiadoras no hay una mención específica pese a su trabajo expuesto a químicos, movimientos pesados y repetitivos o alta exposición a riesgos laborales.
El Alto Tribunal sentenció que la limpiadora estaba incapacitada laboralmente fruto de enfermedad profesional, aplicando la perspectiva de género a través de la LO 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Bajo esta premisa la sentencia mencionaba que el RD 1299/2006 no contempla a las limpiadoras como “profesión susceptible de generar una determinada enfermedad profesional, a pesar de las fuertes exigencias físicas que conlleva, especialmente movimientos repetitivos”. Así este fallo judicial intenta paliar el sesgo histórico sobre el nulo reconocimiento de las profesionales de la limpieza.
La limpiadora estaba incapacitada laboralmente fruto de enfermedad profesional
El Convenio 189 (Convenio sobre el trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos) existe desde el 2011, pero su ratificación y aplicación ha sido una tarea que ha quedado pendiente. No fue hasta el año pasado que se activó su ratificación tras una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que reconocía la «discriminación» de la legislación española por «razones de género» a las trabajadoras del hogar. Acompañada a ello, se estableció la nueva ley por la que las trabajadoras del hogar tienen derecho a paro y se termina con el despido sin causa. Ahora bien, la sombra de la precarización y las mujeres limpiadoras sometidas a los antojos de la economía sumergida siguen asolando al sector feminizado.


1 comentari
esta gran periodista está haciendo una buena labor, por dar voz a este sector tan mal mirado y pagado,
gracias Laura Casamitjana